domingo, 30 de septiembre de 2012

49. IMPRESIONES.


Se podría decir que estoy cansada. Mejor dicho, agotada. Técnicamente no he hecho nada, pero mi cuerpo me pide descansar. Me acerco a los pies de mi cama y caigo entre los cojines boca arriba. Placer. Cojo a tientas un cojín cualquiera y lo aprieto contra mi pecho abrazándolo. Estoy exhausta. Al menos emocionalmente. Estoy nadando entre las profundidades de la duda. La duda y la sorpresa. Lo que Liam me ha confesado ésta mañana me ha dejado a cuadros. Liam James Payne. Es un cantante famoso. Soy la mejor amiga de un famoso. Todavía no me lo creo. Cuesta imaginarlo. Aquel chico tan tranquilo y apacible al que ya creía conocer, me ha hecho pensar sobre él de otra manera. Ha tratado con millones de personas. Millones de chicas sueñan con conocerles, con hacerse una simple foto. Y es que yo miro a mi pared y solo le veo a él, a él y a mi. Me parece extraño. Tampoco ha provocado ningún tipo de énfasis en la población. Ni chicas locas a la puerta de su casa ni nada. O al menos no creo haberlas visto. Todo me resulta ajeno. Algo ficticio. Toda la ficción acaba entre los sueños en los que me adentro.
Abro los ojos. ¿Hora? 09:28. Analizo la habitación con mi vista acostumbrada a la oscuridad. ¿Qué se supone que está sonando? ¿O es imaginación mía? No, no lo es, porque ha vuelto a sonar. Ese golpeteo ha hecho que abandone mis extraños sueños. Soñaba con que estaba en un parque de atracciones gigante, con Ruth y Johanna, nos montábamos en una noria, y cuando estábamos en la parte más alta, Ruth desaparecía. Acto seguido sucede lo mismo con Johanna. Me encuentro sola. Rodeada de una impregnante oscuridad que me impide ver más allá de los asientos. Sola entre el frío, me despierta ese ruido.
Vuelve a sonar. ¿De qué se trata? Es exasperante. Ya con los sentidos más agudos, puedo percibir de qué lado viene. Viene de mi izquierda, de la zona donde está mi escritorio. Miro instintivamente la ventana que hay a su lado, que acaba de recrear un movimiento que reconozco. La persiana está siendo golpeada por algo. Sin pensármelo una sola vez más salto de la cama para correr hacia dicha ventana, donde subo la persiana para analizar la situación.
Liam- Princesa.
La vida es bella. No puedo creer lo que mis ojos ven. Un dibujo de piedrecitas. Piedrecitas que recitan las dos palabras que me hacen sonreír. 'Buenos días'. Que me deseen un buen día me ayuda a seguir adelante. No entiendo la locura de este chico. 'Buenos días, princesa'. Me obliga a sonreír de nuevo. Le indico con un gesto de la cabeza que entre. No tarda en entender mis movimientos, casi instantáneo. Veo como se dirige hacia la puerta de la entrada y yo bajo las escaleras apresuradamente. Abro la puerta y ahí está, mirándome con esa sonrisa que me impide respirar.
Liam- Antes de que digas nada, déjame explicarte que esto forma parte del juego. Feliz Día 6.
No entiendo a qué viene eso, pero ha situado su dedo sobre mis labios en gesto de que me silencie. Por ello le hago caso y me giro para entrar de nuevo en la casa. Me siento de piernas cruzadas, con mi infantil pijama de Sesame Street. Ni siquiera me he peinado. Voy recién levantada, ni me he molestado en mirarme al espejo y seguramente tendré marcas de las sábanas en la cara. Me suele pasar.
Samantha- Adelante.
Liam- Eso lleva allí desde el viernes por la mañana. Le pedí a tu padre que no lo quitara. Pensé que podría ayudarte a recordar. ¿Te ha ayudado?
Me mira de reojo. Realmente no quiere conocer mi respuesta. Sabe que va a ser negativa, pero ha de preguntar de todas formas, para mantener la fe. La esperanza es lo último que se pierde. A mi tampoco me resulta fácil tener que decirle lo que ya sabe. Matar un punto más entre sus trucos y recursos. Tachando opciones. Quizás me quede así, y yo ya he decidido aceptarlo, ¿pero qué supondrá eso para él?
Samantha- La verdad es que no.
Me he planteado la idea de mentirle, pero automáticamente la he descartado. Lo último que quiero que me una a Liam sea una mentira. No se merece ni mis mentiras ni nada malo por mi parte. Alguien tan bueno como él, que se mata por mi para hacer que recuerde, no se merece nada malo de este mundo. Todo lo contrario, se merece el secreto de la felicidad.
Liam- Debía intentarlo. Bueno, hoy hablaremos de cosas en general. ¿Quieres saber algo sobre mi?
Asiento con la cabeza de forma afirmativa. Obvio que quiero saber más cosas de él. Espero que de ahora en adelante me cuente cosas suyas y no mías. No necesito conocerme, ya que he creado a una nueva Sam. Aunque no rechazo anécdotas de los dos. Momentos vividos por ambos que me provoquen una morriña recompensada con la felicidad, porque realmente me encanta que me explique con alegría todos esos momentos bonitos que hemos vivido juntos. Sé que a él le encanta contármelo, porque le hace recrear el pasado.
Liam- Antes de nada, quiero decirte que todo lo que te voy a contar a continuación es pasado. Ya estoy perfectamente. Sam, yo nací muerto. Sin un riñón. Llevan inyectándome cosas desde que tengo uso de la razón. Nunca he logrado llevar una infancia normal como los demás niños. Por eso se metían conmigo. Todos se reían de mi y me pegaban. Las chicas a las que pedía salir me rechazaban por el simple hecho de ser como soy. Viví una injusticia durante toda mi infancia. Contigo pude sobrellevarla de mejor manera. Pero no estaba aislado respecto a aquellos pensamientos, puesto que era un recuerdo diario. Cuando llegué a donde me encuentro ahora mismo, me consiguieron hacer un implante. Y ahora por fin puedo ser como los demás. Solo era eso, necesitaba que lo supieses, puesto que es parte de mi.
Mi expresión es evidente. Siento vergüenza. Él contándome sus problemas con todo el dolor del mundo, y yo ya los conozco por culpa de mi lado curioso. 'La curiosidad mató al gato', nunca una frase tuvo tanto sentido para mi. Me mira con rostro sonriente, pero al ver mi expresión frunce el cejo. Extrañado. Porque se supone que debería de alegrarme por él, pero estoy dentro de mi burbuja de odio hacia mi misma. No puedo más con esta presión, incluso las lágrimas comienzan a recorrer mis mejillas.
Samantha- Te he mentido.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Eres más importante de lo que crees.

Sé que lo que os voy a poner a continuación no tiene nada que ver con la historia, pero necesitaba compartir este texto.

¿Te sientes mal? ¿Pensando en el suicidio o en cortarte? Solo imagina esto por un segundo: Estás sentada en tu habitación *puerta cerrada con llave* con un lápiz y un papel en blanco enfrente tuya. Tu mano tiembla y las lágrimas caen otra vez, es la tercera vez en una hora. "Para mi familia" escribes en la hoja pero decides que es una mala manera de empezar tu carta, de suicidio. Pruebas de nuevo, una y otra vez pero no sabes cómo comenzar. Nadie te entiende, nadie entiende lo que estás pasando, estás solo, o al menos eso piensas. A nadie le importa si estás vivo o muerto. Es de noche, te deslizas en la cama; "Adiós" le susurras a la oscuridad. Tomas tu última respiración y acabas con todo. ¿A nadie le importa no?. Bueno, te equivocas. Es martes, la mañana siguiente. A las 07:00 tu madre llama a tu puerta; no sabe que no puedes oírla, no sabe que ya te has ido. Golpea unas veces más, como no hay respuesta de tu parte abre la puerta y grita. Se desploma en tu habitación mientras tu padre corre a ver qué sucede; tus hermanos ya se habían ido al colegio. Tu muy débil madre reúne toda la energía que le queda (la que es prácticamente nada) para caminar hacia tu cama. Se apoya en tu cuerpo muerto, llorando, apretando tu mano, gritando. Tu padre está tratando de mantenerse fuerte pero las lágrimas escapan de sus ojos; llamando al 000 o 911 con su mano izquierda mientras que la otra está en la espalda de tu madre. Tu madre se culpa a sí misma. Todas esas veces que te dijo ‘no’, todas esas veces que te gritó o te mandó a tu habitación por alguna estupidez. Tu padre se culpará a si mismo por no estar cuando le pediste ayuda, por dejar la casa para ir a trabajar por tanto tiempo. ¿A nadie le importa no? 08:34. Golpean la puerta de tu clase, es la directora. Luce más preocupada que nunca. Llama a la profesora a un lado; todos los estudiantes están preocupados: ¿qué está pasando? La directora les cuenta todo sobre tu suicidio. La chica popular que siempre te llamó gorda y fea ahora se está culpando a si misma. El chico que siempre te copiaba los deberes pero te trataba como una mierda, está culpándose a si mismo. El chico que se sentaba detrás de ti, el que siempre te tiraba cosas durante la clase, está culpándose a si mismo. La profesora se culpa a si misma por todas esas veces que te gritó por olvidarte de hacer los deberes o no escuchar en clase. Las personas están llorando, gritando, en shock, arrepentidos por lo que hicieron. Todos están devastados, incluso los chicos con los que nunca hablaste antes. ¿Todavía a nadie le importas, no?. Tus hermanos llegan a casa. Tu madre tiene que decirles que te fuiste, para siempre. Tu hermana menor no importa cuantas veces te haya gritado, dicho que te odiaba o robado tus cosas siempre te quiso y te vio como su heroína, su modelo a seguir. Ahora empezó a culparse a si misma; ¿por qué no hice lo que ella me dijo que hiciera? ¿Por qué cogí sus cosas incluso cuando me dijo que no lo hiciera? Es toda mi culpa. Tu hermano llega a casa, el chico que nunca llora. Está ahora en su cuarto, enfadado con si mismo por tu muerte. Todas esas veces que te hizo bromas. Está golpeando la pared, tirando cosas, no sabe cómo lidiar con el hecho de que te hayas ido para siempre. ¿A nadie le importas no? ¿No? Pasa un mes. La puerta de tu habitación estuvo cerrada todo este tiempo. Todo es diferente ahora. Tu hermano tuvo que ser enviado a clases de control de la ira, tu hermanita llora todos los días esperando a que vuelvas. La chica popular ahora es anoréxica. El chico que siempre te tiraba cosas dejó el colegio. El chico que se copiaba tus deberes ahora se corta. Tu padre tiene depresión, tu madre no duerme por las noches, “es todo su culpa”. Estuvo llorando y gritando cada noche deseando que vuelvas. No saben como lidiar el dolor que están sintiendo. Pero, ¿a nadie le importas, o me equivoco?. Tu madre finalmente decide limpiar tu habitación pero no puede. Se encerró ahí durante dos días para tratar recoger tu ropa, tus cosas. Pero no puede, no puede decirte adiós, no todavía, no ahora. Nunca. Es tu funeral. Es grande, todos vienen. Nadie sabe qué decir, todavía están en shock. La chica preciosa con la gran sonrisa se fue. Todos lloran, todos te extrañan. Todos desean que vuelvas pero no lo harás. ¿Todavía piensas que a nadie le importas? Piensa de nuevo. Incluso si la gente no lo demuestra, les importas, ellos te aman. Si te suicidas hoy, detienes tu dolor, pero haces sufrir a todos los que te conocen por el resto de sus vidas. El suicidio es una manera fácil pero es la opción incorrecta. La vida es increíble. Sí, puede tener altos y bajos; todos tienen sus malos días. A veces la gente pasa por momentos difíciles en sus vidas, como probablemente lo estés haciendo ahora, pero los malos tiempos vienen y se van.

jueves, 27 de septiembre de 2012

48. CANSANCIO.


Liam- Has dado en el clavo.
Con que toda la buena experiencia que está experimentando es gracias a mí. Gracias a mi apoyo. Fuí la única que le ayudó. Le acompañé durante su recorrido hacia la fama. Y lo ha conseguido. Creí en sus sueños y todo dió su fruto. Esa idea me llena por dentro. He ayudado a alguien a cumplir sus sueños. ¿Satisfactorio? Muchísimo. Pero obviamente es más satisfactorio haberlo conseguido. La verdad es que todos somos muy buenos consejeros con los demás. Siempre sabemos qué decirle a un amigo que tiene problemas. A tu amiga le ha dejado su novio y tu amigo tiene problemas en casa. Siempre sabes qué decir y cómo decirlo, sabes cómo hacer sonreír a esa persona. Sabes cómo sacarla de la oscuridad y hacerla brillar. Sabes cómo enseñarle a aceptar las cosas y vivir, pero, ¿nos aplicamos a nosotros nuestras propias palabras? La respuesta es no. O al menos casi nunca. Sabemos cómo solucionar los problemas de los demás, y los nuestro quizás también, pero no tenemos la suficiente fuerza de voluntad como para ayudarnos a nosotros mismos.
Samantha- Me parece increíble. ¿Cómo llevaste lo de ser famoso al principio?
Liam- Pues la verdad es que me parecía algo irreal. Todavía me parece extraño que millones de personas me conozcan. Se me hace raro. Empezamos desde lo más bajo y ascendimos hasta la cúspide. Es algo impresionante.
Mira hacia el techo, con una ancha sonrisa que muestra toda la satisfacción que siente. No se arrepiente de nada. Ha cumplido su sueño. Poca gente lo consigue a lo largo de su vida, pero él ya lo ha hecho. Ya hace lo que quiere. Lo que le gusta. Felizmente. Yo quiero hacer algo que me llene. Hacer algo como él, pero haciendo algo que me guste. Como dibujar. Me encanta dibujar. Dibujar todo lo que me encuentre. Desde paisajes a bodegones. Todo lo que veo puedo dibujarlo. Hace mucho tiempo que no dibujo nada. Debería volver a mis costumbres. Tardes llenas de arte. Música y dibujo. Complementadas. Una tarde de relax.
Samantha- Estoy cansada.
Liam- ¿Tienes sueño?
Samantha- No es sueño, es cansancio... Yo me entiendo.
Y menos mal que me entiendo, porque lo de expresarse no es exactamente lo mío. Empiezo a hablar y me trabo, me equivoco de órden, de la historia. Cosas así. Las presentaciones en clase sugerían pesadillas para mí. O las exposiciones o debates. Estar de cara al público siempre me ha dado pavor. Es superior a mi persona. Mi voz ante la gente desconocida se vuelve fina y de un timbre bajo. Hablo flojito, con vergüenza. Soy un bicho raro.
Liam ríe y sale agarrándose de la pared. Pone un pie en las escaleras y desciende despacio por cada escalón, para no caer. En cuanto llega al suelo se da la vuelta con los brazos en jarras y me mira expectante. Capto su mensaje a la primera. Me pongo en pie con cuidado de no chocar mi cabeza contra el techo y bajo las escaleras con más rápidez de la que ha utilizado Liam.
Samantha- ¿Y ahora qué?
Liam- A descansar.
Acto seguido se tira al suelo boca arriba con todas las extremidades extendidas. Me invita a tumbarme a su lado con un gesto de la cabeza y yo le hago caso. Me siento sobre el fresco césped y a continuación coloco mi cabeza a la altura de la de Liam, para poder mirarle a los ojos cuando hablemos. Pero en vez de mirarle, lo primero que hago es contemplar cielo azul. Manchado con voluminosas nubes blancas, que cubren parcialmente el cristalino cielo. Precioso. Comienzo a buscar nubes que se asemejen a algo que tenga relación con lo que conozco. Diviso al oeste una pequeña nube con forma de pez. Al decirlo en voz alta Liam mira el cielo y comienza a jugar conmigo. Levanto el brazo en dirección al cielo para indicarle que mire la nube con forma de conejo.
Samantha- ¿Ahí qué ves?
Liam- Una nube.
El comentario me parece tan estúpido que me hace reír. Seguimos descifrando los secretos del cielo, yo descubriendo figuras tales como lunas, caballos y cerdos, y Liam nubes. Eso es tener imaginación. Con tanta imaginación me entra el sueño de verdad. Se me van cerrando los ojos. El reconfortante césped me envuelve. Y entonces es cuando sucumbo al sueño, no sin antes ver cómo Liam se levanta y va en dirección hacia el rosal de al lado del árbol.
Floto. Floto en una especie de piscina gigante. Más grande de lo que te puedas imaginar. No puedo alcanzar a ver hasta donde termina, pero sé que no es una playa porque el suelo está hecho de mosaicos. Doy brazadas hacia ningún lado, y después de lo que parecen horas, diviso al fondo una especie de gran ciudad. Es de noche. En cuanto consigo salir del agua me adentro, ya seca, al centro de las luces de neón que decoran la ciudad. Hay un buen ambiente, personas que no se percatan de mi presencia, parezco invisible. Nadie me mira. Tienen la mirada perdida. Camino en dirección contraria a ellos, y todavía no me he chocado con nadie. Al girar una esquina me encuentro con una gran plataforma, en ella hay alguien. Pero no se escucha nada, todo es silencio. La gente salta y da brincos ante el espectáculo que les ofrecen,y al acercarme atraída, por fin consigo saber de quién se trata. One Direction. Veo cómo mueven los labios, pero de su boca no emerge ningún sonido. Ni en sus labios ni en los labios de nadie. Todo es silencioso. De pronto Liam me ve apartada del cúmulo de gente mi hace subir al escenario improvisado. Subo obediente a sus órdenes y sin más dilación comienza a acariciarme el pelo, sin razón alguna, mientras 'canta' sin sonido. Realmente extraño.
Abro los ojos y me encuentro a Liam, tumbado a mi lado de un costado, muy cerca de mí, a escasos centímetros, acariciando mi pelo. Jugando con el y peinándolo con sus dedos. Las caricias me relajan, pero cuando ve que me he despertado se aparta. Cuando hago ademán de incorporarme noto que algo me rodea. Miro a mi alrededor y observó cómo una considerable cantidad de flores dibujan mi cuerpo adaptándose a mi figura. Miro a Liam pidiendo una explicación, pero en el fondo me estoy riendo. De detrás de la espalda se saca una flor de color rosa y me la coloca detrásde la oreja.
Liam- Bellas flores, para la chica más bella.

47. APOYO.


Samantha- De acuerdo, me has sorprendido.
Ha conseguido paralizarme. La noticia me ha trastocado profundamente. No me lo puedo creer. Me cuesta asumirlo. ¿Liam famoso? Lo veo un chico tan sencillo que la idea se me hace inimaginable. ¿Es producto del comercialismo? No me lo puedo creer. Esto tiene que ser una broma. Eso es, me está gastando una broma pesada. Me resulta más creíble lo de la cuchara que esto. Pero ahora que lo pienso. Su voz. Le he oído cantar poco. Muy poco, y bajo, como intentando ocultarlo. Y aún así con ese volúmen tan descendiente sientía que su voz era especial. Tenía algo. Cantaba así para ocultarmelo. Todo encaja.
Liam- En boca cerrada no entran moscas.
Inconscientemente he entreabierto la boca dibujando una 'o' perfecta. Y es que no he podido reaccionar de otra manera. Nunca podría habérmelo imaginado. Se me hace imposible de imaginar. Sé que es un poco suelto en sus momentos, pero conozco la timidez que le encierra hacia dentro. Cada vez le veo más sentido. Pienso en el hospital. Los cuatro chicos. Aquellos chicos que no conocía de nada pero que sin embargo me sonaban de todo. One Direction. Sabía que eran cinco, pero nunca pensé que Liam fuera el quinto integrante. Por eso reaccionaba así cada vez que hablaba de One Direction o canturreaba una de sus canciones. Le dolía que en su entorno profesional tampoco le reconociera. No puedo evitar soltar un largo suspiro. Resignación.
Samantha- Prométeme que no es una broma. Todavía estoy en shock.
Liam- No es una broma, jamás te mentiría.
Antes de decir aquellas palabras extiende los brazos para agarras mis pequeñas y finas manos. Jugueteando con mis dedos. Al pronunciar la última palabra he notado como si se atragantara, incluso directamente ha agachado la mirada para evitar que mis ojos interroguen a los suyos. Quizás le resulte extraña ésta situación, pero a éstas alturas debería de saber que soy como una niña pequeña que va a aprender a andar. Y caigo de culo, cuesta abajo y sin frenos.
Samantha- Cuéntame la historia.
Vacilante, suelta mis manos y por fin alza la vista para sostener por un microsegundo mi mirada. Vuelve a contemplar con aparente interé el suelo. Arrugando el entrecejo, con apariencia ofendida. Como si le resultara complicado de explicar. Solo le pido que cómo surgió todo, no creo que sea muy duro. Parece que me equivoco.
Liam- Estábamos en tu casa, viendo The X Factor. Ambos estábamos en el suelo delante de la pantalla, escuchando cada una de las actuaciones. De pronto empezó a sonar una canción que me gustaba mucho y empecé a cantarla. Tú no dejaste de mirarme. La actuación era yo, no el chico de la televisión. Cuando terminó la melodía, tú, asombrada comenzaste a aplaudirme y me dijiste que cantaba genial. Yo decidí no creerte, pensaba que bromeabas. Pero de pronto me pediste que cantara otra vez. Canté la misma canción, ésta vez sin el sonido del público de fondo. Cuando terminé volviste a aplaudir, ésta vez con lágrimas en los ojos. Había hecho que te emocionaras. Me resultó extraño y vergonzoso, pero tú insististe en que debería ir a un casting. Al principio me lo tomé como una broma, pero a medida que lo repetías me sonaba cada vez más posible. Más real. Y entonces un día fuí. La mala noticia fue que no me cogieron.
No lo entiendo. ¿Y cómo se hizo famoso entonces? A lo mejor conoció a otros chicos rechazados y juntos formaron a One Direction. Quizás alguien les escuchase cantar y les patrocinara. Son cosas que pasan. Solamente es una idea. Pero da la sensación de que ahí acaba la historia, porque cierra la boca en señal de finalización. No se puede ser famoso sin hacer nada. Algo hizo, y no me lo quiere contar.
Samantha- ¿Pero entonces cómo te hiciste famoso?
Liam- Ahí no acaba todo, paciencia. Volví a casa, sumido en la tristeza. Me convertí en una alma en pena. Pululando. Nadie conseguía animarme. Nadie conseguía hacerme reír. Nadie conseguía hacerme feliz. Nadie lo conseguía salvo tú. Hiciste que me creciera. Me apunté a un coro por petición tuya y mejore respecto al canto. Practiqué. Creí en mi. Y volví a presentarme. ¿Y sabes? Lo conseguí. No lo conseguí como individual, pero lo conseguí en forma de grupo. Con cuatro chicos que jamás me arrepentiré de haber podido conocer. No ganamos el concurso, pero hemos ido lejos.
Y tan lejos. One Direction. El grupo británico-irlandés del momento. Cinco chicos talentosos, jóvenes y guapos. Voces perfectas que hacen sentir especial a cualquier chica. Y yo soy la mejor amiga de uno de ellos. Millones y millones de chicas me envidiarían. Yo le veo prácticamente todos los días, y ellas sueñan con una foto. La idea me hace volver a abrir la boca.
De pronto caigo en algo. En todo aquello que ha sucedido. Todo lo que han conseguido. Todos. Juntos. Están viviendo la mejor época de sus vidas. Viviendo el momento como nadie. Pasando de cero a cien. Sus vidas han dado un giro de 180º, y no lo han conseguido solos. Hay un factor que ha ayudado. Un factor indispensable. El apoyo.
Samantha- Sin mí no habría One Direction.

martes, 25 de septiembre de 2012

46. FAMA.


SAM.
No hay nada más maravilloso que despertarse con el canto de los pájaros. Me siento como en un cuento de hadas. En el que todo es posible. Sin límites. Sin paredes que me opriman. Me gustaría vivir encerrada entre alguno de esos increíble renglones. Saber que siempre habrá un 'Y vivieron felices y comieron perdices'. Que todo es predecible. Todo es puro amor. Donde cualquier mal se cura con un beso. Quiero un mundo así. Un mundo así se acerca a mi ideada perfección. Soñar es gratis.
Hablando de sueños. No recuerdo haber soñado nada hoy. Lo habré olvidado. O simplemente no habré soñado con nada. Mi mente es como un ovillo de lana alborotado. No hay quien lo arregle. Ayer produje cambios, cambios drásticos. Sobre mi forma de ser y actuar. Donde la fuerza siempre esté de mi parte. No volveré a ser la blandengue de siempre. Encerrada en su habitación. Eso se acabo, y espero que para siempre. Dicen que eres como eres y punto. Tú puedes cambiar tu forma de ser como te plazca. O puedes ser diferente dependiendo de con quién te encuentres acompañado. Inconscientemente somos de forma distinta con cada persona. Con unos más alegres, con otros más gruñones. Es inevitable. Pero la base de una personalidad, si quieres, puedes cambiarla. Aunque en el fondo sigas siendo esa otra persona, puedes cambiar. Solo si tú quieres. Ahora es mi cometido.
Salgo de la cama con asombrosa dificultad. Realmente me quedaría aquí un rato más. Envuelta entre mis suaves y cálidas sábanas. Complaciente. Feliz. Esa sensación es inusual en mí. ¿Forma parte de mi cambio? Nunca llegué a pensar en efectos secundarios.
Camino ya con más alegría hacia mi espejo de cuerpo entero donde contemplo mi reflejo con la cabeza torcida. Suelto un largo y profundo suspiro y me rasco la cabeza. ¿Qué le pasa a mis ojos? Ya recuerdo. Si no recuerdo haber soñado nada es porque no he dormido. He pasado más de media noche en vela. Por eso me he despertado con sueño y sin ganas de poner un pie en el suelo. Desecho mi estúpida idea de los efectos secundarios. Me acerco el dedo índice a las bolsas situadas debajo de mis ojos. De un extraño color colorado. Parece que me han pegado un puñetazo en el ojo. Tendré que recurrir al maquillaje.
Dejo atrás mi reflejo del espejo para dirigirme al baño. Hay más luz en él que en mi habitación, por lo que me veo obligada a entrecerrar los ojos. Agarro el cepillo y comienzo a pasarlo por mi pelo. En una lucha aparentemente interminable en la que al final lo consigo y venzo a mi enredado pelo. Cojo de la estantería el maquillaje de mi madre y me pongo un poco en la zona morada. Listo. No hay ni rastro de sueño en mis ojos. Sonrío al espejo y salgo del cuarto de baño para cambiarme.
Abro el armario de mi cuarto de par en par y de él saco una camiseta blanca de manga corta y unos pantalones de chandal grises cortos. No tengo ganas de arreglarme. No es mi plan salir hoy de casa. Camino por el pasillo asomándome a las puertas abiertas y cuando llego a la habitación de mis padres, veo que la puerta está abierta y que en el interior no hay nadie. La cama está hecha. Bajo extrañada las escaleras. ¿Dónde se han metido ahora? A lo mejor han quedado pronto para desayunar con unos amigos. Suelen hacerlo, pero también suelen avisarme para ir con ellos. Antes de tocar el suelo del bajo me veo obligada a sujetarme a la barandilla e instintivamente me llevo la mano al corazón.
Samantha- ¡¿Pero es que me quieres matar?!
Dios mío. El posible peor susto de mi vida. Siento cómo mi corazón está a punto de estallar. Ya no puedo ni caminar tranquila por mi casa. Me veo obligada a sentarme en uno de los escalones para respirar. Los nervios me han hecho reír y ahora no puedo parar. No me puedo creer que esté tan tranquilo mirándome desde la silla del comedor. Casi me da un patatús.
Liam- Menuda exagerada. Por cierto, tus padres te han dejado una nota diciendo que iban a casa de tu abuela. Me han dejado la puerta de atrás abierta. ¡Buenos días!
Samantha- ¿Buenos días? Buenos infartos es lo que das tú.
Liam suelta un profundo y largo 'Oh' que suena a falsa lástima. Se pone en pie y continuando con su sintonía se acerca hasta mí con los brazos extendidos. Intento rechazarlos, pero es imposible deshacerse de él. Al final me acaba apretando tanto que me hace toser. No, no tiene suficiente con darme la alegría del día. Ahora doble asesinato.
Me indica que me siente en el sofá mientras él desparece de la cocina para aparecer de nuevo con un bol de cereales con leche. Se sirve un vaso de batido de chocolate. Comienzo a tomarme los cereales con desgana. No tengo mucha hambre en especial, pero el desayuno es la comida más importante del día, ¿no? Así que me lo termino rápido escuchando cómo Liam me cuenta el sueño tan extraño que ha tenido hoy. En el que yo aparecía. Ambos huíamos de una especie de gárgola gigante. Cuando me pregunta lo que significa no sé qué contestarle y empiezo a reír. Menudo elemento. Dejo el bol vacío en la mesa y me abrazo las piernas.
Samantha- Bueno, ¿de qué hablaremos hoy?
Liam- De algo que solo podemos hablar en un sitio. ¡Ven!
Me agarra de la mano y ambos salimos de la casa por la puerta principal. Cruzamos sin preocuparnos en mirar a ambos lados de la carretera y me obliga a subir a la casa de árbol. Como aún sigo riéndome, me tiene que empujar por la espalda para que suba. Cuando ya estamos los dos nos sentamos en el estrecho espacio. Pensé que quedaría más grande, pero apenas podemos ponernos en pie sin darnos con la cabeza en el techo. Bueno, yo no me doy.
Liam- Hablaremos de secretos, y los secretos han de hablarse en la casa de los secretos, ¿no crees?
Samantha- Supongo. ¡Adelante!
Liam- Pues mira, te voy a contar un secreto mío: Me dan miedo las cucharas.
¿Las cucharas? ¿A quién le dan miedo las cucharas? ¿Acaso tienen algo de terrorífico? A lo mejor han hecho una película de miedo sobre cucharas y yo no me he enterado. Traumas infantiles. Bueno, sé que le dan miedo als arañas, ¿pero las cucharas? La verdad es que me resulta hasta cómico, pero evito reirme. Al ver mi mirada perdida, comienza a explicarse.
Liam- De pequeño, tuve una mala experiencia con una cuchara. Estaba comiéndome un flan, cuando de repente me atraganté con la cuchara. No me preguntes cómo sucedió, porque no tengo ni idea. Pero desde entonces no puedo tocar una cuchara. Malos recuerdos.
Samantha- Mira que es difícil.
Mi comentario le hace reír. Suelta una sonora carcajada que retumba en toda la casa de madera. Aquí eso es un peligro, da la impresión de que se vaya a desplomar en cualquier momento. Por eso extiendo los brazos a los lados para tocar las paredes y mantenerme en equilibrio. Esto le hace soltar otra carcajada.
Liam- Ahora uno tuyo que me contaste hace ti...
Samantha- ¡Para, para, para! Estoy harta de escuchar cosas sobre mí, es a tí a quien no recuerdo.
Mi interrupción le hace cerrar la boca. Se ha quedado petrificado. Mi tono de voz ha sonado fuerte e imponente. Ahora que lo pienso puede haber dado hasta miedo. Un poco más y parecería que gritase. Le pido perdón entre risas y para hacer la gracia se separa unos centímetros de mí hasta chocarse contra la pared.
Liam- A sus órdenes, señoría. Pues te voy a contar algo. Algo que ya es hora de que recuerdes.
Samantha- Sorpréndeme.
Liam- ¿Te acuerdas cuando en el hospital fueron a tu habitación cuatro chicos a lo que no conocías? Efectivamente, One Direction. ¿Recuerdas que dijiste que faltaba un miembro del grupo? Pues bueno, aquí lo tienes.

domingo, 23 de septiembre de 2012

45. MENTIRAS.


Suelto un largo suspiro de satisfacción. Es como si hubiera vuelto a nacer. Me siento ligera, me he quitado un peso de encima. Pensaba que iba a ser más duro, pero he podido, y me ha resultado realmente sencillo. Me siento enchida de felicidad ante la idea. He conseguido hacerlo. Pero ahora que lo pienso, mi decisión de dejar el pasado atrás, de encerrar esas líneas escritas, no está muy bien pensada. Tengo a Liam, empeñado en ayudarme a recordar. Está haciendo todo lo posible por ayudarme, y no quiero que se sienta ofendido ante mi rechazo. Seguiré escuchando atenta cada una de nuestras anécdotas. Espero que recuerde algunas sin ayuda del diario. Aunque ahora que lo pienso, me lo regalaron a los 10 años. Él me lleva contando historias desde que teníamos cuatro escasos años. La idea me hace esbozar una ancha sonrisa. Se acuerda de todo. El juego debe continuar.
LIAM.
Demasiadas cosas en un día. Necesito un respiro. Bajo las escaleras de dos en dos hasta llegar al bajo. Vacío. Falta gente. Falta alegría. Falta Sam. No me gusta estar solo en casa. Es como si volviese a ese tiempo en el que nadie me quería y no tenía amigos. Duros años que marcaron mi vida. La marcaron de una forma que no desearía ni a mi peor enemigo. Por mucho que hayan cambiado las cosas mi pasado sigue ahí. Intimidante. El recuerdo vuelve a mí cada día. Me provoca un largo suspiro agonizante. Vivo rodeado de personas que me quieren, y debería de dar gracias, pero realmente estoy frustrado. Me falta algo, algo que no entiendo su significado. Pareceré un poco egoísta, pero es lo que siento. Tengo a cuatro amigos que se han convertido en mis hermanos. Me han apoyado, me han hecho ser más abierto. Me han puesto los pies en la tierra tras la fama, y ahí siguen. Realmente los echo de menos. Las tonterías de Louis, las sensateces de Zayn, las idioteces de Harry y el hambre de Niall. No podría haber pedido algo mejor.
Enciendo la luz de la cocina después de adentrarme en ella y abro el frigorífico en busca de algo comestible. Diviso en el fondo una barrita de chocolate. Me sirve. La cojo con la mano derecha y cierro de un portazo el frigo. Camino arrastrando los pies por el suelo hasta llegar al salón, donde me siento en el cómodo sofá.
Ha sido un día realmente extraño. Ha comenzado de la mejor manera posible. He ido a por ella, hemos revelado las fotos y... Las fotos. ¿Dónde están? ¿Se las ha llevado a su casa? No recuerdo habérselas devuelto, creo que me las he quedado. Me pongo en pie y busco con la mirada por todos los muebles del salón. Encuentro un paquete sospechoso en una de las lejas de encima del televisor. Extiendo la mano para alcanzar el sobre y efectivamente son las fotos. Me vuelvo a sentar en el sofá y saco todas las revelaciones del interior. La primera fotografía es de ella y yo comiendo cada uno un helado. Ella sale sonriente. Feliz. Preciosa. Y yo salgo manchado hasta el apellido de chocolate. Tengo toda la boca cubierta de chocolate. Medio helado está en mi cara y en parte de mi ropa. La imagen me hace reír.
La siguientes fotos son de nosotros dos y nuestros padres en la playa. Éstas fotos son ya de hace bastante tiempo. Ambos parecemos más pequeños y jóvenes. Éramos más pequeños y jóvenes. Estamos realmente cambiados. No me había percatado de lo mucho que he cambiado. Los años. Paso más y más fotos de los dos. Sonrientes. Buenos momentos. Haciendo tonterías como solo nosotros sabemos hacerlas. Y entonces es cuando llego a esa foto. La foto más bonita del mundo, en el que sale la chica más bonita del mundo. Solo sale ella. En un columpio, balanceándose con un bonito vestido. Aparece de perfil. Sonriente. Radiante. Esta foto tiene algo que me encanta. Que me provoca un grave empane mental. No puedo estar más enamorado de ella.
Llego a las últimas fotos que nos hicimos. Las de la cocina. Y las guardo todas de nuevo en el sobre. Bien ordenadas. Miro la hora en el reloj colgante de la pared. No parece muy pronto. Son las 6 de la tarde. No creo que duerman. Salgo por la puerta de la casa con las llaves y el sobre en la mano y cruzo la calle para dejar en el felpudo de Sam las fotos. Toco el timbre y salgo corriendo para encerrarme de nuevo en mi casa. No me ha visto nadie. Espio por la venta para ver quién abre, y afortunadamente es Sam quien lo hace. Veo cómo mira a ambos lados en busca de algún rastro humano y se agacha para coger el sobre. Al darse cuenta de lo que es, le veo sonreír. Se encierra de nuevo en su casa. No siento mayor satisfacción que cuando provoco una sonrisa en ella.
Me siento de nuevo. Ésta vez en el sillón y comienzo a divagar sobre lo que ha sucedido este medio día. No me puedo creer lo que he hecho. Me siento horrible al haber provocado aquello. Primero le robé el diario y luego esto. ¿En qué me he convertido? Apenas me reconozco. Yo jamás hago éstas cosas. Jamás miento. Odio las mentiras y por eso no creo ninguna. Lo he hecho sin pensar. No he pensado en el peligro. En las consecuencias. En lo poco que duran las mentiras. No he pensado en nada. Lo peor es que me ha creído. Ha creído mis torpes palabras. Hubiese preferido que se hubiera dado cuenta. Que le mentía. Que le estaba contando un cuento para intentar no meterme en otro lío. Pero evitándolo he conseguido meterme en uno. Me siento un completo idiota. ¿Cómo se me pudo ocurrir? Soy un mentiroso. Y jamás me merecería el perdón de Sam.
Lo leí. Lo leí todo y me lo callé. Leí cada uno de los renglones. Descifré su extraña caligrafía de niña de 10 años. Pero cuando escribía cosas un poco más mayor, se entendía a la perfección. Lo leí absolutamente todo. He mentido. Le he mentido. Me siento sucio por dentro. He conocido todos sus secretos. Todo lo que piensa. Conozco cada uno de sus pensamientos. Respecto a sus padres. Respecto a su familia. Respecto a sus amiga y por supuesto, respecto a mí. La mitad de las cosas escritas iban dirigidas a mí. Y me sentí un monstruo al descubrir por medio de su diario que me quiere. Ahora sé que soy un monstruo de verdad. Me he metido donde no me incumbe. He mentido sobre ello y me estoy muriendo por dentro. Es todo mi culpa. Sentí alegría y dolor al conocer sus sentimientos respecto a mí. Alegría, obviamente porque siente lo mismo que yo. Dolor, porque lo lleva sintiendo desde mucho tiempo, mi pérdida le dolió más, y ahora si un día decide confesármelo no será una sorpresa.
Y es que respecto a ello, dejando a lado todo el hurto y mis equivocaciones, ahora que conozco sus sentimientos no pienso aprovecharme de ello. Me hice una promesa desde el principio, ya de antes de que conociese lo que siente por mí. Me hice la promesa mentalmente desde que la ví tumbada en la cama del hospital, yacente. Hice una promesa de que dejaría de lado mis sentimientos para ayudarla. Ocurrirá cuando tenga que ocurrir, pero por el momento solo quiero hacer todo lo que esté en mi mano para que Sam me recuerde.

44. CAMBIOS.


No suelo hacer tantas cosas en un día. Me encuentro realmente agotada. Solamente quiero desplomarme sobre mi cómoda cama y desconectar del mundo en el que vivo. Las emociones han aflorado por todas partes. He llegado a sentir amor, frustración y confusión en una mañana. Los sentimientos monótonos son mucho más llevaderos. No puedo dejar de pensar en todo lo que ha sucedido. En cómo he descubierto algunas cosas. También me he dado cuenta de otras. Como que puedo ser fuerte, pero débil. No soy estable respecto a mis emociones. No me resulta fácil desempeñar determinadas cosas. Por muy sencillas que parezcan a simple vista. He llegado a la conclusión de que soy vulnerable. Realmente vulnerable. Si me quitan algo que quiero, muero por dentro. No es fácil. Nada es fácil. Crecer es realmente duro.
A lo largo de lo que llevo de día, no he dejado de pensar en el futuro. Ese temido enemigo. Aquel que te hace temer lo nunca temido. Todo es incierto. No puedes saber lo que te espera. Vamos con los ojos vendados hacia destino. Torpes. Inexpertos. Inmaduros respetco al tema. Se supone que es ahí cuando se crece. Cuando tomas decisiones con diferentes resultados. Resultados inesperados que pueden llegar a ser dolorosos o maravillosos. Pensamos en todas las posibilidades, pero siempre se nos escapará algo que nos hará caer al suelo. y en el momento en el que nos pongamos de pie, demostraremos de lo que estamos hechos. No importan las veces que te caigas si siempre te vas a levantar.
He meditado sobre lo que quiero. Cómo me imagino dentro de 10 años. Me gustaría verme con un empleo estable como doctora. Casada. Con dos hijos preciosos. Feliz. ¿Pero y si no puede ser? Cabe la posibilidad de que no consiga sacarme la carrera. O de que sea estéril. No lo puedo saber con certeza hasta que llegue el momento. El futuro está escrito, pero nunca sabremos donde. Esta idea me resulta mareante. Me veo obligada a apoyar la cabeza sobre la almohada y contemplar con la vista nublada el techo. ¿Qué me esperará para el día de mañana? Con el accidente me dí cuenta de lo frágil que es la vida. Que en un 'chas'`, puede desaparecer todo. De lo poco preparados que estamos para ello. Estamos hechos para vivir y disfrutar. ¿Pero cuántos de nosotros lo hacen realmente? No nos sentimos completamente llenos cuando estamos a un paso de la muerte, nos faltan cosas por hacer. Posiblemente nos falte por hacerlo todo. Mucha gente muere sola. Sin descendencia. Por miedo al compromiso o simplemente por las pocas ganas. Cada uno encuentra la felicidad a su manera, pero como no busques distintas formas para hallarla, nunca conocerás la variedad en la que te encuentras. Yo he vivido 18 años sumida en la oscuridad. Fuera de lugar. Sin hacer nada, basándome en cosas que realmente no me llenan. Estudios. Simples estudios. Me darán de comer el día de mañana, claro está, pero, ¿qué más? La satisfacción de salvar vidas puede que me llene, ya lo sabré. Pero hacer otras cosas, como pintar, viajar, bailar. Todo. Quiero hacer todo lo que ésta vida me proponga. Quiero hacer paracaidismo, puenting, quiero escalar altas montañas. Quiero hacer esa clase de cosas.
He sufrido una experiencia que no le desearía a nadie. Pero por una parte ha sido como una especie de escarmiento, ha tenido una mínima parte buena. Me ha abierto los ojos. Me ha hecho ver cosas que antes no veía. La vida. El vivir. Me ha hecho ser más apasionada. Más abierta. Quiero cosas que antes no quería. Me he puesto metas con las que nunca soñaría. Antes me basaba en ponerme pequeñas metas para cumplirlas con seguridad. Pero ahora quiero soñar a lo grande. Sueño con tocar una nube. Con volar a la Luna. Con explorar el fondo submarino. He comprendido que si quiero algo, puedo conseguirlo. Poner todo mi empeño en ello y ya está. No quiero ser la persona que era antes. Soy más fuerte con estos pensamientos. Me crezco moralmente, soy lo que quiero ser. Si quiero ser un pájaro seré un pájaro. Todo es mentalizarse, es más fácil de lo que pensamos. La falta de ganas nos echa para atrás, pero es que es cierto que los sueño pueden ser cumplidos.
Estoy decidida a una cosa. Completamente segura y nadie me podrá parar. Quiero continuar con mi nuevo cometido, dejar lo demás atrás. Dejo mi mareo a un lado y me incorporo sobre la cama para a continuación ponerme en pie. ¿Dónde lo he dejado? Busco con la mirada todos los posible rincones y superficies. Lo diviso entre los millones de folios de mi mesa. Destaca entre ellos por su fuerte color rojo. Rodeo la cama para llegar hasta él y lo cojo con ambas manos. Me lo acerco a la cara y sonrío. Es definitivo.
Mis padres duermen la siesta en su habitación, por lo que salgo por la puerta de mi habitación abierta de puntillas. Haciendo el más mínimo ruido posible. Me agarro a la barandilla con una mano mientras que con la otra sujeto el pequeño libro. Bajo con habilidad y rapidez, como un gato, las escaleras. Me acerco a la chimenea humeante y me pongo de cuclillas frente a ella. Observo las lenguas de fuego que se agitan en el estrecho espacio y aparto la regilla con cuidado de no hacer ruido. Miro por última vez aquel pequeño libro rojo. Estoy decidida, no volveré atrás. No pienso volver al pasado. Voy a comenzar de nuevo. Mejor. Lanzo el diario con ganas contra el fuego que comienza a chamuscar las esquinas. La antigua Sam ha muerto.

viernes, 21 de septiembre de 2012

43. REVELACIÓN.


¿Explicarme el qué? Soy más que consciente de que me ha quitado mi diario. Me lo ha quitado para leerlo. Para enterarse de cosas. A saber lo que habré escrito allí. Apenas puedo pronunciar palabra. Mis labios se abren para decir algo, pero de mi gargante no emerge ningúna clase de sonido. Simplemente respiro. Que ya es demasiado. En cuando he oído su voz a mis espaldas he dejado de respirar. Por un segundo me he sentido pillada, pero he sido yo la que le ha pillado a él. Esta vez no me puedo sentir culpable. Soy la víctima. Lo que no me entra en cabeza son todas sus posibles razones. No se me viene a la cabeza ninguna idea completamente lógica para darle sentido a todo esto. Es una situación en la que no sé si gritar, insultar, pegar o simplemente irme. Parece conocer mis intenciones, por lo que se pone enfrente de mí y se arrodilla. Parece que me va a pedir matrimonio, pero es para tenerme a la altura de los ojos. Quiere decírmelo a la cara.
Liam- No es lo que parece.
Samantha- ¿Y qué es lo que parece?
Liam- Que soy un ladrón.
Pues lo que es. Cuando robas algo automáticamente te conviertes en un ladrón. Es de manual. No quiero que me mire con esa carita de cachorro. No quiero que sea tan dulce ahora. Quiero que se enfade. Quiero enfadarme. Pero no puedo. Hablo bajito. Como si hablase para mí. Es como si me diera vergüenza enfadarme con él. Aparto la vista de él. No puedo aguantar el peso de su mirada. Es demasiado.
Liam- Déjame explicártelo.
Si yo le dejo. No sé a qué espera. No le estoy incriminando. Aunque mentalmente sí. La de cosas que le estaría diciendo ahora si tuviese las suficientes agallas. Estoy sumida en la cobardía. Se supone que es él que debe de estar nervioso, no yo. Es él el que ha cogido mi diario sin mi permiso. Yo no he hecho nada malo. Me toca la mejilla para que vuelva a mirarle y le aparto la mano de un manotazo. Eso es lo que quiero. Ser brusca. Se lo merece. Retira su mano para peinarse el pelo hacia atrás. En un gesto de cansancio. De pesadez. Como si le resultara aburrido tener que hablar conmigo.
Liam- No he robado tu diario. Lo he cogido prestado por una buena causa. Me parece que te has olvidado de que cuando estabas en el hospital me dijiste que hiciese lo que fuera para que recordases. Que rebuscara por todas partes hasta encontrar lo más mínimo. Que todo ayuda. Hace tiempo que tienes ese diario. Siempre me decías que era el único sitio donde podías desahogarte a gusto después de mí. Pero nunca me dejaste leerlo. Siempre te lo escondías en la mochila. Siempre buscabas una excusa. No me dejabas ni ver la portada. Lo recordé en cuanto me dijiste que buscara algo que ayudara. Fue en lo primero que pensé. Allí estarían todos tus pensamientos. Todos tus recuerdos. Todo. El día que empezamos el juego y te puse todos esos post-its por el suelo, le pedí a tu madre que dejara la puerta del jardín trasero entreabierta. Para que pudiera pasar. Era mi única oportunidad de hacerme con aquel diario. Mientras dormías plácidamente lo busqué por todas partes hasta encontrarlo en tu mesita de noche. Fui a mi casa y lo escondí.
Por una buena causa. Por mí. Lo hizo para que recordase. Era para ayudarme. ¿Por qué no me lo dijo? Podríamos haberlo leído juntos. Podríamos haber aprendido cosas de mí. Cosas de nosotros. No me hace ninguna gracia que haya entrado en mi habitación para aquello, pero quizás yo hubiese hecho lo mismo. Me ha mentido, eso es verdad. Pero me ha mentido por una razón. Aunque debería de habérmelo pedido. O al menos haber preguntado si me acuerdo de una pequeña libreta roja. Habría estado mejor y no nos encontraríamos en esta situación. Por fin le miro a los ojos.
Samantha- ¿Por qué no me lo dijiste? Me lo ocultaste. Me has mentido.
Liam- Fue una tontería, lo sé. Últimamente no pienso bien las cosas.
Yo tampoco pienso bien las cosas, pero siempre está bien regañar a alguien. La verdad es que me resulta satisfactorio. Pero la tortilla ha dado la vuelta. Él en parte tiene razón, pero yo también. Debería habérmelo consultado. Me pongo en pie y camino de brazos cruzados hasta la ventana que da a la calle. Noto cómo él se incorpora también y se sitúa detrás de mí. Noto su presencia y su respiración a menos de un metro. No avanza. De repente ahogo un grito. Ahora que lo pienso, ahí habré escrito cualquier cosa. Incluso mi amor hacia él. habrá leído todo lo que he pasado. Todo. Me pongo roja al instante. La idea no se me había pasado por la cabeza hasta ahora. Permanezco con la mirada fija en la ventana, sin girarme para que no me vea.
Samantha- ¿Qué has leído?
Liam- La verdad es que no mucho. Solamente el principio, cuando tendrías unos 10 años. Me ha costado descifrar la letra, escribías realmente mal.
Una leve carcajada se escapa de entre mis dientes. Y aunque no pueda verle, sé que Liam está sonriendo. Satisfecho. Ha ganado. ¿A quién pretendo engañar? No puedo enfadarme con Liam. Ahora que lo pienso debe de haber soportado muchas cosas mías. Sé cómo puedo llegar a ser. Soy una persona difícil. Y cuando más lo necesitaba me ha ayudado. Ha divagado en la forma más fácil de ayudarme, y la ha encontrado. De una manera un poco sucia, pero una manera. Lo único que ha hecho ha sido pensar en mí, no pensaba en aprovecharse en ningún momento. Claro que no. Liam no es así. Eso es lo último en lo que habría pensado. O ni siquiera lo habría pensado. La confusión ha podido conmigo.
Liam- ¿Me perdonas? Te juro que no leeré más. Llévatelo a tu casa.
Samantha- Claro que te perdono. Mira Liam, simplemente he reaccionado rápido. Sin pensarlo. Y he sentido deseos de enfadarme contigo, pero en el fondo no he podido. Ni puedo ni quiero. Si has hecho esto ha sido para ayudarme, no para herirme. Lo único que me molesta es que no me lo hayas pedido. En esta situación te lo habría dejado.

En menos de dos segundos ya estamos abrazados. Me siento especial cuando le abrazo. Como si el hueco entre su cuello y pecho estuviese hecho a medida de mi cabeza. Encaja a la perfección. Me siento feliz cuando me envuelve entre sus brazos. Me aprieta y siento cómo me protege. Me siento a salvo. Nadie me puede hacer daño cuando estoy con él. Para mí un abrazo suyo lo significa todo. Una mirada, una sonrisa, significan mucho. Pero no hay comparación con la forma en la que nos unimos. No necesito nada más. Confieso que me encantaría besarle. Saborear sus labios. Saber cómo sería reír dentro de su boca. Pero no hay nada más bonito que esto. No tengo prisa. Retengo cada instante aquí. En este momento. Guardándolo para siempre.
Liam- Mi pequeña princesa. Eres mucho para mí.
Samantha- Lo eres todo para mí.

jueves, 20 de septiembre de 2012

42. CONFUSIÓN.


Samantha- ¡Vamos, lánzate!
Levanto los brazos con los puños cerrados y doy pequeños saltos en el agua. Me encuentro en la zona donde no cubre y mis pies pueden alcanzar el enlosado suelo. Liam permanece de pie. Fuera de la piscina, sobre el bordillo con una mano en la frente cubriendo sus ojos de los rayos de Sol. Frunce el cejo para poder verme y cuando lo consigue me sonríe. Todo esto ha comenzado cuando hace un par de minutos le he confesado que no sé lanzarme de cabeza. Él, cómo no, ya lo sabía, y ha dicho que ningún problema, que él me enseñará ahora mismo. Se ha salido de la piscina chorreando agua y dando un par de largas zancadas ha ido a parar al bordillo de la piscina. Y aquí no encontramos, en el presente viviendo la situación. Yo le animo a que salte de una vez, me está poniendo de los nervios. Para calmarme he comenzado a contemplar el incesante goteo de su bañador. De pronto veo cómo se inclina, extiende las manos y se lanza. Se sumerge en el agua en un salto perfecto. No soy adecuada para juzgar su precisión ante el lanzamiento, pero para mí es perfecto y por eso le aplaudo cuando sale al agua. Sacude la cabeza para peinarse y yo me veo obligada a girarme para que no me entre agua en los ojos. Cuando siento que ha parado le miro le nuevo y veo que se ha acercado más, llegando al punto de estar prácticamente pegado a mí. Me mira sonriente. Saco la mano derecha del agua y le peino el pelo para atrás. Mis dedos se enredan y tengo que retirarlos.
Liam- Es tu turno.
Samantha- ¿Con qué base? ¿Acaso quieres que me mate?
Liam- ¡Eso nunca! Por algo me tienes como profesor.
Salgo de la piscina con pereza y Liam me empuja por la espalda para que avance. Camino por el bordillo para hacerlo más divertido, y cuando llego a la zona profunda me paro en seco. Es ahora cuando siento miedo. Se me hace un nudo en la garganta y siento como si se me subiera el estómago. Inconscientemente dejo de respirar y le mando órdenes a mi cerebro para que reaccione o moriré ahogada yo sola. Instintivamente agarro la mano de Liam. La aferro como si en ello consistiera mi vida. Alzo la mirada para decirle que tengo miedo, pero no hace falta. Me aprieta la mano, comprensivo. Su mirada me lo dice todo: 'Tranquila, no tengas miedo, jamás permitiré que te pase algo malo'. Sí, todo eso en una simple mirada. Bueno, no tan simple. Es increíble no tener la necesidad de hablar para comunicarse. Es algo maravilloso. Indescriptible. Único.
Liam- Junta los pies y agáchate todo lo que puedas. Eso es. Ahora estiende las manos hacia el agua.
Realizo cada una de sus órdenes obediente. Con el corazón en un puño. Siento como si me fuera a estallar en cualquier momento. Siento vértigo en esta posición, pero me calmo al sentir en mi espalda la cálida mano de Liam, ya no húmeda por el Sol abrasador. Respiro con más regularidad. Pero al mirar las pequeñas olas que hace el agua se me revuelve el estómago de nuevo. Siento pavor a lanzarme. ¿Y si caigo mal, me doy con el bordillo y me parto la cabeza en dos? Sí, Sam y sus pensamientos positivistas al poder. Pero es que no puedo evitarlo. Es lo que siento y no pienso engañarme.
Liam- Perfecto. Ahora busca un punto fijo. Yo siempre miro en el mosaico del defín del centro de la piscina. Ya solo tienes que mantener las piernas juntas y lanzarte.
No se puede imaginar el miedo que tengo. Si estuviese incorporada estaría temblando. Seguro. Clavo la mirada en el mosaico del delfín del centro de la piscina. Me mira. Le miro. Parece sonriente y feliz. Riéndose de mí. Incitándome al ataque. Maldigo al dibujo del delfín por lo bajo. Cojo una gran bocanada de aire y sin pensarlo para no sufrir más, me lanzo. Pies juntos. Piernas juntas. Salto. Brazos extendidos. Delfín. Me sumerjo en el agua con una ancha sonrisa. Creo que no lo he hecho mal. Siento cómo el bikini se me baja y bajo el agua me lo coloco bien. Al salir a coger aire me encuentro a Liam dando aplausos. Aplausos con ímpetu y alegría.
Liam- ¡Lo has hecho perfecto! Nadie diría que no sabes saltar de cabeza.
Subo sonriente la escalera de la piscina. Me encanta conseguir cosas. Es una sensación de satisfacción única. Me siento bien conmigo misma. Es como un pequeño premio. Cuando piso con las plantas de los pies el césped me agacho para coger la toalla y secarme. Me envuelvo en ella y cuando levanto la mirada ya no toco el suelo. Liam me coge cual saco de patatas. Es una perspectiva extraña. La verdad es que marea un poco. Solo puedo ver la hierba aparentemente en movimiento, la espalda y el culo de Liam. Se me viene una idea a la cabeza y comienzo a pegarle en culo con la palma abierta y en uno de los golpes sin querer le clavo las uñas. Pega un pequeño grito y me deja en suelo. Pierdo un poco el equilibrio por el mareo pero al final me situo. Estamos en la entrada.
Liam- ¡Vaya! A ver cuándo nos cortamos las uñas, fiera.
Le agarro de los hombros mientras abre con la llave la puerta de la casa y de vez en cuando le doy unos pequeños pellizcos. Le suelto para mirarme las manos y efectivamente tiene razón. Tengo las unñas demasiado largas, tengo que cortármelas.
Liam- Si quieres dúchate en el baño de arriba, yo lo haré en el de abajo.
Alzo los dos pulgares en señal de aceptación y salgo de la casa para coger la ropa que me he dejado en el jardín trasero. Al volver al interior de la casa escucho caer el agua. Liam ya se ha encerrado en el baño. Agarro la barandilla y subo cada peldaño de las escaleras hasta llegar al primer piso. Me meto en el baño cerrando la puerta de un portazo sin intención y me quito el bikini de rayas verdes y blancas y lo dejo sobre el lavabo bajo el agua para quitar el cloro. Me meto en la bañera corriendo las cortinas a la vez que pongo el agua y espero a que salga caliente para ducharme. Me doy una ducha rápida, me echo champú y me enjabono el cuerpo para luego enjuagármelo. Salgo de la bañera y me seco con la toalla hasta poder vestirme de nuevo y me peino el pelo enredado para no morir cuando tenga que desenredarlo ya en seco. Salgo del baño dejando la puerta abierta y escucho cómo todavía suena el agua caer. Todavía está en la ducha. Se supone que las chicas tardamos más.
Me adentro al cuarto de Liam para sentarme y descansar un rato. Me encanta la habitación de Liam. Es un sitio realmente acogedor. El cuarto de Johanna es asombroso y deslumbrante, pero no tan acogedor como es entrar aquí. Es como entrar en mi propio cuarto. Lo siento tan común. Es agradable. Incluso esbozo una pequeña sonrisa en pensar en ello.
Me siento con las piernas cruzadas sobre la cama hecha y contemplo por millonésima vez la habitación. El armario. El escritorio a rebosar de papeles con textos impresionantes que ni yo me atrevo a leer. Su portátil. Las fotos. Su móvil en la mesita de noche aparentemente desconectado. Pero de pronto veo algo que no está acorde. En la mesita de noche. El cajón no está del todo cerrado. Se ve una delgada línea oscura. Abro el cajón curiosa y ahogo un pequeño grito. en el cajón encuentro el libro, más bien libreta, que Liam me ocultó el otro día. Ahora tengo esa pequeña libreta roja entre mis manos. Toco suavemente el nombre en relieve. 'Dreams'. No puedo abrirlo. No puedo hacer como con la carta que liam escribió a sus padres. Nadie me ha dado vela en este entierro. Son sus secretos, y se merece su intimidad. Pero yo misma me contradigo. Al final acabo abriendo el libro en una página cualquiera. Miro la letra. No parece de chico. Es demasiado redonda. Los chicos suelen escribir mal. Miro lo que pone en la parte superior de la página. 27 de Marzo. Comienzo a leer un pequeño párrafo.
"Otro día negro, como todos los demás. Odio vivir así, es horrible. Caigo en depresión y me cuesta seguir adelante. Todo me recuerda a él. Cualquier objeto. Por muy insignificante que sea. Una taza. Una foto. Una canción. Todo. Es horrible, no sé cuánto tiempo más podré aguantar."
Es realmente triste. De nuevo la misma sensación. Culpabilidad. Sabía que no me tenía que haber metido, pero aún así mírame. Con la boca abierta, consternada. No se merece esto. ¿Hacia quién irá? Un amigo. Un familia fallecido. No tengo ni idea, pero tampoco puedo preguntarle. Sería sospechoso. Toda mi tristeza se convierte en confusión al ver la firma del autor. No pone Liam Payne. Para nada. Mi corazón se para al ver mi nombre. Samantha Holoway. Es mi letra. Es mi libreta. Son mis pensamientos. No entiendo nada.
Liam- Puedo explicártelo.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

41. MOVILIZAR.


No sé si debería preguntarle si le sucede algo. O por qué ha reaccionado así ante mi pregunta. El por qué de que haya apartado la mirada en cuanto ha sido capaz de contestar. Leer. Ha leído. ¿Qué ha leído? No recuerdo haber visto ningún libro encima de su mesita de noche. A lo mejor lo guarda en la estantería. Lo más parecido que he visto a un libro en su habitación era esa pequeña libreta roja. Esa libreta roja que escondió lo más rápido que pudo en cuanto me escuchó entrar a su habitación. ¿Qué pondrá en esa libreta? La intriga puede conmigo. Quizás son sus pensamientos. En ese caso no debería preocuparme. ¿Pero por qué me lo oculta de esa manera? Será la vergüenza. No es malo desahogarse entre en un par de renglones. Todos necesitamos liberarnos de vez en cuando. Yo le apoyo. Intentaré cambiar de tema para que no le resulte tan incómoda ésta situación.
Samantha- Bueno, respecto al juego, ¿de qué me vas a contar cosas?
Liam- Me alegra que lo menciones. Te voy a hablar sobre nuestra adolescencia.
Genial. Ha funcionado. Me vuelve a mirar con esa maravillosa sonrisa. Libre de miedos. al menos los aparenta bien. ¿Sobre nuestra adolescencia? Yo creo que sigo siendo adolescente, pero allá él. Hablará de mis estúpidas rabietas. Seguramente. Aunque la verdad fuí bastante tranquila. No alboroté demasiado. Fue toda una alegría para mi madre. Es ahora cuando parezco ser una cría de 15 años. Miro el reloj para comprobar la hora.
Samantha- Pues me parece que tendrás que empezar de camino a casa. Ya han pasado 15 minutos.
Nos despedimos de Henry y vamos de vuelta a la tienda de fotografía donde Olivida nos espera con una bolsa en la mano. ¿Cuánto rato llevará así? A lo mejor nos ha visto venir. Me esperaría cualquier cosa de esta mujer. Nos entrega la bolsa que sujeta y Liam se encarga de pagarle. ¿Va a pagarlo todo él? Me saco el monedero de la mochila pero Liam me coge de un brazo para pararme.
Liam- Pago yo.
Le entrega un billete que del cual no consigo identificar la cantidad y de vuelta recibe unas libras insignificantes. Odio que la gente me pague las cosas. Siento como si le debiera algo a esa persona. No me gusta deberle nada a nadie. Es como una especie de compromiso. No lo soporto. Mi enfado desaparece cuando Liam pasa su brazo derecho por mis frágiles hombros. Caminamos así hasta llegar a nuestro barrio. ¿Iremos a su casa?
Liam- Yo voy a mi casa, corre a la tuya para coger el bañador y vienes. ¿De acuerdo?
Asiento con la cabeza y Liam me suelta para dirigirse a su casa. Yo camino despacio sin apartarle la vista de encima hasta toparme con el buzón de mi casa. En todo el estómago. Me agarro la barriga para mitigar el dolor pero resulta en vano. Levanto mi camisa y veo que tengo medio estómago rojo. En un minuto desaparecerá. Cojo las llaves de mi bolsillo delantero del pantalón y abro la puerta con asombrosa agilidad. Hoy tengo un día bueno. Exceptuando lo del buzón. Me encuentro a mis padres desayunando alegremente. Ambos se giran para observarme y yo les doy los buenos días. Le doy un beso en la mejilla a cada uno y les informo de que voy a la piscina de Liam a pegarme un baño y que volveré para comer. Supongo. La verdad es que últimamente mis padres me están dando mucha libertad. Se ve que saben que luego voy a tener que hincar los codos como nunca y me dejan aprovechar el momento. Nunca había estado tanto tiempo fuera de casa.
Subo a mi cuarto para rebuscar entre los cajones de mi armario en busca de mi bikini y lo encuentro oculto bajo un vestido veraniego de flores que nunca me he puesto, ni me pienso poner. Me lo pongo rápidamente, me echo un poco de crema en la cara para no quemar mi delicada piel y bajo las escaleras para dejar mi casa atrás de nuevo. Cruzo la calle no sin antes mirar a ambos lados. Un coche está a un par de metros. Me da tiempo de sobra a pasar. Llego al portal de la casa de Liam y toco el timbre. Alguien me contesta, pero no de dentro de la casa. Sino de fuera. Del jardín. Ya estará en la piscina. Qué impaciente.
Camino hasta la parte trasera y me encuentro a Liam en bañador guardando la manguera en el pequeño almacén. Esboza una ancha sonrisa al verme y yo le imito. Me pregunto si le gustará mi sonrisa tanto como a mí me gusta la suya. Definitivamente lo dudo mucho. Cierra la puerta del almacén y se acerca a mi lado.
Liam- ¿Te piensas bañar con ropa?
Samantha- Un segundo.
Me aparto de él un par de centímetros y me quito la camiseta y los pantalones para dejarlos sobre la hierba a un lado y que no se mojen. Dejo las chanclas al lado de la ropa y antes de darme cuenta Liam me tiene cogida por la cintura. Y ahora me lleva en brazos. Me niego. No. Suelo, te quiero.
Samantha- ¡Liam, por favor, no! ¡Me da miedo!
Liam- No tengas miedo, pequeña.
Y antes de que me dé tiempo a replicarselo nos lanzamos los dos, bueno, yo siendo lanzada por él, y caemos en el centro de la piscina. El agua está lo que se dice, bien helada. Tengo que dar varia brazadas para entrar en calor, y en menos de lo que me esperaba ya no tengo frío.
Samantha- Te odio.
Liam- No me digas esas cosas, que lloro.
El tono pijo que acaba de poner me hace reír. Qué poco típico de él. Siento ganas de vegarme de él, por lo que me subo a sus hombros cual koala, y me aferro a su espalda como si en ello consistiera mi vida. Él se sumerge y yo con él y por la presión del agua acabo soltándome. Él me coge por la cintura y acabo en sus brazos de nuevo. Siente una extraña pasión por cogerme. Voy a empezar a cobrarle. ¿A quién intento engañar? Me encanta hasta decir basta.
Liam- Te contaré nuestro primer baile de fin de curso. Teníamos 11 años. Sí, en parejas. Oh, el terror de todos los chicos del colegio. Tener que bailar con sus parejas. Chicos y chicas empezaban a juntarse. Chicos y chicas que incluso se había llegado a pegar entre ellos, pero que les daba igual con tal de no quedarse solos. Lo peor que te podía pasar era ir solo a un baile. Los que iban solos eran el hazme reír de todo el colegio. Adivina a quién les tocó solos. Exacto. A nosotros. Estábamos en el patio, a la hora del recreo cuando Mavy, Lidya y Caroline se acercaron a tí para reírse de que no tenías pareja para el baile. Comenzaron a fardar de que iban con los chicos más populares. Llegaron a empujarte, a insultarte y hasta hacerte llorar. Yo solo ví el momento en el que empujaron, pero supe que tenía que intervenir de inmediato. Llegué todo lo antes que mis cortas piernas me lo permitían, te levanté del suelo y les dije a las tres pequeñas brujas que tú no ibas a ir sola, que tú ibas a ir conmigo al baile. Las tres se fueron riendo. El día del baile, nuestras madres nos prepararon para que fuéramos bien arreglados y cuando llegamos al gimnasio, donde se celebraba el baile, adivina lo que sucedió ahí. ¿No se te ocurre nada? Nadie, absolutamente nadie bailaba. Los chicos estaban sentados en un lado hablando entre ellos y las chicas al otro haciendo exactamente lo mismo. ¿Sabes qué hicimos? Nos pusimos en medio del gimnasio y comenzamos a bailar. Ahí ninguno de los dos sabía bailar, así que hicimos lo más sencillo del mundo. Los presentes en la sala comenzaron a reírse de nosotros, pero a medida que avanzaba la música la gente empezaba a levantarse. A levantarse y a unirse a nosotros. Movilizamos a las masas. Fue increíble. Fue el segundo mejor día de mi vida.
Samantha- ¿Y cuál fue el primero?
Liam- El primero fue el día en que te conocí.