domingo, 28 de octubre de 2012

NUEVA NOVELA.

Vengo para haceros un poco de SPAM. Como 'Susurros' tocó su fin hace poco, he decidido empezar con un nuevo proyecto, llamado '100'. No es un a historia Directioner, es una historia narrada desde el punto de vista de un chico, Óliver Cos, que cuando entró al primer curso de instituto, su hermano y los amigos de su hermano, le propusieron un reto para ser popular. Ahora, Óliver, con sus 17 años, está a punto de conseguirlo, ¿que le deparará la número 100? Pronto lo sabremos.

No os obligo a leer, por supuesto que no, pero si os interesa, os dejo el link de mi nuevo blog -> http://escomovivimos.blogspot.com/ Si queréis, solamente pasaos por allí, echarle un vistazo, y si os gusta, seréis bienvenidos.

Un beso.

sábado, 20 de octubre de 2012

AGRADECIMIENTOS.

No sé por dónde empezar. No sé cómo deciros que estos han sido los mejores meses de mi vida. Nunca me había planteado aquello de crear una historia hasta el día que vi cómo mis amigas empezaron. Ayudé a una de ellas con el primer capítulo, ella continuó, pero luego la dejó. Me atrajo la idea de las novelas, pensando en si a mí se me daría bien aquel nuevo mundo. Fui bien recibida por parte de todo el mundo. Vosotras, mis lectoras, me pedíais siguiente, y cada 'siguiente', significaba un punto de apoyo, y me obligaba a sonreír. Con esta historia he conseguido conocer a gente increíble y maravillosa. Gente que se ha convertido en mi amiga. Me he unido todavía más al mundo de las Directioners. Esa gran familia que me recibió hace un par de meses con los brazos abiertos. A medida que pasaba el tiempo, más y más gente comenzó a leer mi novela, hasta llegar a las 5.000 visitas a mi blog. Las visitas continuaron subiendo, hasta llegar al día en el que hoy, tengo 15.000 visitas. 15.000 visitas que pienso que no me merezco. O quizás todavía no sea consciente de la cantidad de personas que han leído mi pequeña historia. Gente que lee desde el principio, y gente que se está uniendo a última hora. Para mí son todas igual de increíbles. Todas mis lectoras son las mejores del mundo, porque me han apoyado y me han ayudado a seguir adelante, y no podría pedir algo mejor que aquello. A lo largo de la historia, me he identificado más y más en Sam, la protagonista. La forma en la que esquiva el mundo que le rodea, a momentos me recuerda a mí. Porque quizás no nos parezcamos físicamente, pero personalmente, un poco. Somos torpes, inteligentes, un pelín inmaduras e inexpertas. Cada día veía un pedazo de mí en ella, pequeños detalles los sacaba de mí, hasta formar a un personaje que me ha conmocionado. Luego está Liam. Para mí, recrear a Liam ha sido bastante sencillo. Siempre me lo he imaginado como un chico tímido a simple vista, pero apasionado en cuanto lo conoces. Es romántico, y si le gusta alguien, intentará hacer lo posible por enamorarla. He añadido matices de humor en su personalidad, puesto que he descubierto que es un chico realmente divertido. Ahora me gustaría hablar sobre las enseñanzas y moralejas que intento transmitir. Principalmente es la de las ganas de vivir. Que la vida puede desaparecer de entre tus manos con un simple movimiento. El futuro es incierto, por lo que hay que vivir cada día como si fuera el último. No tenemos que esperar a que la vida nos de un escarmiento para conocer su valor. Otra moraleja, es la de que hay que decir todo aquello que piensas, sin mentiras, sin miedos. Porque, juntando la anterior enseñanza, si mañana desaparece esa persona a la que quieres, ¿no te sentirías vacío? Siempre te faltaría ese momento, jamás podrías rellenar ese hueco. No debemos callarnos las cosas, puesto que no perdemos nada, es mejor sincerarnos. También demuestro que todo el mundo es precioso. Que todo el mundo tiene su belleza, interior o exterior, o ambas. Siempre será más importante la interior, puesto que la belleza atrae, pero la personalidad enamora. Liam y Sam no se han enamorado por una cara bonita, sino por muchos años de experiencia entre ellos. Ese es otro punto que quiero recalcar. El amor. Puede que solamente tenga catorce años, pero sé como es el amor. Lo veo cada día, en mi casa y fuera de ella. El amor no consiste en conocer una persona el primer día, y al siguiente pedirle salir. Eso está mal, al menos desde mi punto de vista. Me considero una persona que cree en el amor, y que él permanece en una parte de nosotros, a la espera de encontrar a la persona adecuada. A parte, es muy complejo, no basta ni un año para formarlo, por algo existe la amistad. Lo que se hace hoy en día ni me gusta ni mes disgusta, puesto que cada persona hace lo que quiere con su vida, pero hoy aquí, estoy dando mi opinión. La juventud de hoy en día utiliza la frase: 'Te quiero', como si de un saludo se estuviera tratando. Yo nunca le he dicho a nadie que le quiero. A mis amigas, a mi familia. Pero nunca a un chico, y si lo he dicho, no lo he dicho de verdad, por lo que me incluyo en el grupo. Un 'Te quiero', de verdad, es algo que tienes que sentir de verdad, por lo que me he prometido no decirlo, hasta que llegue el momento. Si salgo con un chico que al siguiente día me está diciendo que me quiere, pienso dejarle las cosas claras. Creo en el amor a primera vista, pero prefiero consolidar ese amor. El poco respeto al amor lo veo cada día en cualquier novela Directioner. A los dos días, o quizás al primero, o ya se han acostado y ya está embarazada, o ya están saliendo. No os estoy diciendo cómo llevar vuestras novelas, por supuesto que no, pero me hace gracia cómo utilizan las palabras del tipo: ''Siento que te conozco desde siempre, y creo que te quiero''. No, por favor. Cuando llego a ese momento, dejo de leer, siendo quizás el primero. Para ir acabando ya, que creo que lo he dejado bien claro, daros de nuevo las gracias. Gracias por haberos adentrado en este pequeño mundo. Dar las gracias a mis amigas, pero sobre todo a mis lectoras, que se merecen todos mis agradecimientos, porque sin ellas, no soy nada. En serio, os lo debo todo. Absolutamente todo. Gracias por estar ahí, y siento no poder continuar haciendo una segunda parte, pero he decidido que lo mejor es dejarlo en un bonito recuerdo. Pero continuaré escribiendo, el problema es que no será una historia Directioner. Lo siento, tengo varias ideas, una de ella es la de la vida de Amanda Todd. Sé que ya lo he dicho muchas veces, pero gracias de verdad. A vosotras si que os puedo decir que os quiero.

viernes, 19 de octubre de 2012

EPÍLOGO.


Miro mi bonito reloj marrón de muñeca. En él marcan las 07:50. Quedan dos minutos para que el tren salga de la estación y me lleve lejos de aquí, para llevarme a Cambridge. Comenzar una nueva etapa en mi vida. Cumplir mi sueño de salvar vidas, claro está, alejándome de las personas que quiero. Mis familia, mis amigas, y sobre todo de aquel chico que me coge de la mano y que meses después, me resulta extraño el que seamos una pareja. Desde aquel día en el que nuestro sentimientos salieron a la luz, mi mundo dio un giro de 180 º. La experiencia de tener a alguien a tu lado, que te demuestre todo su apoyo y amor, es algo que realmente, no tiene precio. Como era de esperar, nuestra relación se hizo pública, ahora soy conocida como la novia de Liam Payne. Muchas chicas lo aceptan, pero algunas incluso llegan a desearme la muerte, pero ninguna hará que deje de sentir aquello que me invade cuando estoy con él. Soy más fuerte que todo eso, por primera vez en mi vida. En cierto modo estábamos predestinados, en el fondo siempre pensé que algún día nos encontraríamos en esta situación, aunque no en esta exactamente, porque en unos cinco minutos, mi tren saldrá de la estación, y yo tendré que separarme de él. Será muy duro, puesto que él comenzará con la promoción de Take me home muy pronto, y quizás no nos podamos ver en mucho tiempo. No sé cómo sobrellevaré la situación.
Liam- Es la hora.
Samantha- Es la hora.
El vigilante del tren indica que el vehículo se pondrá en marcha en escasos minutos, por lo que me encierro entre los brazos de Liam y escondo la cabeza en su cuello. Antes de separarnos nos fundimos en un profundo beso, lleno de dolor. Me van a quitar a lo que más quiero, y no me parece justo. No quiero que los brazos que en este mismo instante me envuelven, desaparezcan. Mis sueños se rompen en añicos en cuanto se cuela un espacio entre nosotros.
Samantha- No quiero irme.
Liam- Eh, Sam, mírame. No estés triste, te echaré muchísimo de menos, pero recuerda que esto ya no es un juego. Te quiero.
Me besa de nuevo, y entonces nos separamos de verdad. En cuanto pongo un pie en el escalón del vagón, siento como si dejara toda mi vida con aquel chico que me enseñó a amar por primera vez.
Me llamo Samantha Anne Holoway. Tengo 18 años y mi sueño está a punto de cumplirse, pero mi vida dio un vuelco al experimentar aquello a lo que denominan amor. Sufro, vivo, y siento, y jamás cambiaría esa sensación. No es fácil, nada es fácil, pero nadie dijo que lo fuera.

jueves, 18 de octubre de 2012

68. INCOMPLETO.


Extiendo con pereza y pesadez las piernas que acaban de despertar de un dulce sueño. Apoyo los pies sobre el frío suelo de madera y tanteo con los pies en busca de mis mullidas zapatillas. En escasos segundos siento el tacto de la tela en la punta de mis dedos. Se han escondido bajo la cama. Me doblo sobre mí misma para poder alcanzar desde la cama mis zapatillas. Cuando consigo sacarlas de aquel mar oscuro, dejo escapar un suspiro de esfuerzo. Eso de hacer gimnasia de buena mañana, es ajeno a mí.
Subo a duras penas, con mi escasa fuerza mañanera, la dura persiana que me impide apreciar la luz del día. En cuanto alcanza una altura aceptable para iluminar mi campo de visión, me giro para encerrarme en el baño donde comienzo con mi habitual alisamiento. De pronto rememoro la conversación de ayer con Liam. Nos sinceramos de una manera absoluta. En cuanto confirmé aquello que mis labios pronunciaron cuando yacía en la cama del hospital, no dejamos de hablar de otra cosa. Comenzó a decirme que la fama le impedía hacer determinadas cosas, pero no se arrepiente de estar donde está. Su experiencia es para algunos algo inimaginable. Yo le he confesado que no podría ser famosa. La presión de la fama sería superior a mí. No podría aguantar las criticas. Tanto buenas, como malas. Siempre que me hacen cumplidos, lo asocio con las mentiras. Prefiero que no me digan nada. Y críticas malas, ya me hacen caer como una pluma. No soy esa clase de personas a las que no le importa la opinión de los demás. Instintivamente, lo que hago yo es intentar agradar a la gente, y así no he conseguido agradar a nadie. La primera persona que debe estar a gusto soy yo.
Regreso a mi habitación con mi pelo recién peinado y rebusco entre mi armario para dar con algo que me pueda poner. Hoy hace mucho calor, el día es soleado, algo extraño aquí, en el Reino Unido, por lo que hay que aprovecharlo. Saco del cajón unos pantalones vaqueros oscuros y una camiseta blanca con un estampado de diversos colores. Algo alegre, acorde con un buen día. Bajo las escaleras y en la mesa del salón me encuentro con uno de los típicos post-it's de mis padres. "Hemos ido a desayunar con unos amigos, volveremos antes de comer, te queremos". Paso de largo por el estrecho y corto pasillo que lleva hasta la cocina y me preparo un vaso de leche con galletas. En cuanto me termino el desayuno y salgo de la cocina, escucho un sonido. ¿Música, quizás? Agudizo el oído, y, efectivamente, es música proveniente del piso de arriba. Mi móvil. Subo las escaleras con toda la rapidez que mis piernas me lo permiten. Cuando pienso que llego tarde, consigo alcanzar mi móvil y descolgarlo.
Samantha- ¿Sí?
Johanna- ¡Sal por la puerta, ahora!
Finaliza con la llamada sin darme ni un segundo para preguntarle sus motivos. ¿Salir de casa, ahora? Sé que Johanna es más madrugadora que yo, pero no solemos emplear ese tiempo para vernos. Normalmente es por la tarde, o a mediodía. Me guardo el móvil y las llaves en el bolsillo del pantalón vaquero y me pongo las converse. Me gusta ir descalza por casa, sobre todo cuando no hay nadie. Es una especie de liberación.
Bajo las escaleras y cuando llego abajo, agarro el pomo con miedo de lo que me pueda esperar tras esa puerta. La insistencia de sus palabras me hace temer lo que suceda a continuación. Para no hacerlo más duro, abro la puerta de golpe y me encuentro con Ruth y Johanna, sentadas en el bonito coche de Johanna. Me acerco hasta ellas, que me indican que me siente detrás y yo obedezco a sus órdenes. Abro la puerta, me siento detrás del copiloto, que en este caso es Ruth, y me abrocho el cinturón.
Samantha- Estaría bien si me lo explicarais.
Ruth- ¡Es una sorpresa! Y no hagas preguntas, porque no te vamos a contestar.
Cruzo los brazos en señal de resignación y me tomo al pie de la letra las palabras de Ruth y no pronuncio palabra durante todo el recorrido. Ellas ríen, conversan, y cantan las canciones que suenan en la radio. A mi no me hace gracia. Me raptan y no me dicen adónde me van a llevar. Deberían de saber a estas alturas que odio este tipo de cosas, quizás simplemente lo hayan hecho para chinchar. Después de unos diez largos minutos de viaje, contemplo cómo nos acercamos a la costa. ¿Me están llevando a la playa? Ni si quiera llevo bikini, deberían haberme avisado. Después de tres minutos, Johanna aparca el coche y todas bajamos. Me miran expectantes a la espera de que diga algo, pero no tengo ni idea de qué hablar en este contexto de situación.
Johanna- Lo siento, Sam, pero te tenemos que tapar los ojos.
Samantha- ¿Qué? ¿Taparme los ojos por qué?
Ruth me manda a callar mientras Johanna cubre los ojos con las manos. Nublan mi campo de visión al completo y me siento aturdida ante la pérdida de la vista. Intento alcanzar con las manos el brazo de Ruth, el cual tras un par de intentos fallidos, consigo agarrar. Me coge de la mano para guiarme, y en silencio escucho sus órdenes para no tropezar y caer. Después de dar varias zancadas con algún que otro tropiezo, llegamos a la arena. Me hundo en ella y comienzo a andar rápido. De pronto siento cómo ambas paran y Johanna me quita las manos de la cara. Giro la cabeza para ver dónde se sitúan, pero solo las veo corriendo, alejándose de mí. ¿Pero qué sucede aquí? Lo comprendo todo en cuanto contemplo lo que mis ojos tienen delante.
Samantha- Dios mío...
Liam- Feliz no-cumpleaños.
Es una encerrona. Mis amigas me han traído hasta Liam, en la playa. El cual me recibe con una manta de picnic, igual a la que usamos días anteriores, pero en ella hay muchas cosas. Hay chuches, muchas chuches para mí. Refrescos, algo para picar y en medio de todo el barullo, una gran tarta de chocolate, fresas y nata. Liam estaba hace unos segundos de rodillas junto a la tarta. Pero ahora se encuentra de pie, enfrente de mí con los brazos abiertos. No entiendo nada de nada. ¿Qué quiere decir esto? ¿Es parte del juego? ¿Una tarta? ¿Es una guitarra eso que veo tras las millones de bolsas de chuches? Creo que sí. Acepto su abrazo, todavía confusa ante la situación, puesto que se torna muy extraña para mí. No entiendo nada, aun así, acepto la bolsas de ositos de gominola que me ofrece. Ambos nos sentamos en un pequeño hueco de la manta de picnic y comienza a hablar.
Samantha- ¿Qué quieres decir?
Liam- Una de las cosas de las que más me arrepiento es de no haber pasado tu 18 cumpleaños contigo. Ni siquiera te felicité por una llamada, ni por un mensaje. Todo por culpa de mi estúpido plan. Desde los 13 años estamos diciendo que en el día en que cumplieras 18 años, vendríamos a la playa y nos comeríamos entre los dos una tarta de chocolate, fresas y nata. Sam, siento haber llegado tarde. De verdad que lo siento. Felicidades.
No puedo hacer otra cosa que llorar y abrazarle. Me ha demostrado ser la persona más importante de mi vida con esta clase de cosas. Todo su arrepentimiento me hace ver cómo le duele todo aquello que hizo. Las malas decisiones le hicieron perder cosas, pero yo hice bien en aceptar sus disculpas, porque si no, ahora mismo esto no estaría sucediendo. Nuestras decisiones percuten especialmente sobre nuestro destino. Siempre hay momentos buenos y momentos malos, y la forma en que reaccionemos ante ellos, nos llevará a un lugar o a otro.
Por fin me separo de él y me seco las lágrimas que cae por mis mejillas con el dorso de la mano. Liam me regala una media sonrisa que me anima a parar con mi llanto. Saca un plato de entre el gran cúmulo de comida y utensilios y nos corta un trozo de tarta a cada uno. Me entrega el plato junto a un tenedor y comienzo a degustar entre lengua y paladar el dulce sabor de la mezcla del chocolate, la nata y las fresas. Está realmente buena. Nos terminamos cada uno su porción y sin razón, comienzo a hacer un castillo de arena. Liam se une y con un vaso de plástico trae agua. Al cabo de un rato, toda la arena y agua acumulada, acaba entre nuestra ropa. Saca unas servilletas y con ellas intentamos deshacernos del barro que ha formado nuestro mezclijo.
Samantha- Por cierto, ¿y esa guitarra?
Liam- ¿Qué guitarra? ¡Ah! Durante el Tour, Niall me enseñó a tocar un poco la guitarra. No se me da nada bien, pero me gustaría cantarte algo.
Me siento de nuevo sobre la manta, dejando un pequeño rastro de arena, y contemplo cómo agarra la guitarra por el mástil y se la cuelga por detrás. Observo cómo sus manos tiemblan, le da vergüenza. Pero en cambio puede cantar delante de millones de chicas. Es irónico y contradictorio. Al final retoma la compostura y comienza a tocar acordes. Sumida ante el sonido realizado por el instrumento y sus manos, comienza a entonar una canción. Hasta el momento no había conseguido escuchar tan cercanamente su voz, es profunda, sentimental y preciosa. Me late el corazón a mil, y está a punto de explotar. De repente siento algo extraño, la canción que canta me resulta familiar. Creo que la conozco. ¿La conozco? Escucho varias frases más y abro los ojos de par en par, el corazón se me para y dejo de respirar por unos segundos.
Moments.
Liam. Liam James Payne escribió esa canción para mí. Hace mucho tiempo, en El Claro del Tocón. Me emocioné tanto que comencé a llorar, y recientemente soñé con ese momento. He pasado dos años horrible, sintiéndome abandonada y traicionada. Me dejó de lado, o eso pensé, pero después de dos años me confesó que fue por una estúpida idea. Conozco a Liam desde los 4 años. Ambos nos defendimos, fue por supervivencia por lo que ahora estamos juntos. Hemos asistido a todos los bailes del colegio juntos. Me salvó la vida cuando estábamos jugando en el parque al fútbol y un niño me lanzó una pelota contra el pecho y me dejó inconsciente. Liam fue aquel chico al que yo apoyé a cumplir su sueño, y más tarde, en cierto modo, me arrepentí. Pero ahora le tengo aquí, a él y a todos nuestros recuerdos, juntos. La noche del accidente. Íbamos en el coche, me extrañó que parase en medio de la carretera para contarme algo, recuerdo por donde iba su confesión. Liam James Payne Smith. Aquel chico del que llevo enamorada desde que le escuché cantar por primera vez.
Al ver mi cara de sorpresa y agitación, deja de cantar y tocar. Se acerca a mí con gesto preocupado. No tengo ni idea de cómo contarle que le recuerdo. De decirle que ya no tenemos que continuar con el juego, que los '10 días', han funcionado. Me ha ayudado a recordar, y las palabras no me salen. Estoy perpleja y llena de emoción y alegría. ¿Cómo reaccionará?
Samantha- Liam, tengo que decirte algo...
Liam- Estoy cansado de hablar.
Y acto seguido, ante la corta frase que me ha descolocado por completo, siento cómo sus labios presionan los míos de la forma más dulce que jamás me podría haber imaginado. No sé qué hacer ni cómo hacerlo, pero todas mis preocupaciones desaparecen cuando todo surge instintivamente. Le acaricio el pelo y me agarro a su cuello. Este momento me resulta por una parte, ajeno, pero por otra parte, como algo que llevo esperando desde hace mucho, y por fin, ha sucedido. Y no es nuestro primero beso, pero si nuestro primer beso de verdad. Mis dudas de si me quería o no, han sido mitigadas por la verdad. Por fin obtengo una respuesta convincente. Sin dudas. La completa verdad. Se separa de mí unos escasos centímetros para poder mirarme, darme un pequeño beso en la mejilla, y sonreír. Yo también sonrío. Es el mejor día de mi vida.
Liam- Te quiero.

67. RESOLUCIÓN.


Remuevo con desgana las mollas de la lubina que estaba degustando hace un minuto. Lo primero que ha hecho mi madre al llegar a casa, ha sido encerrarse en la cocina para preparar su plato estrella: La lubina al horno con salsa. Tiene un secreto, una receta secreta que convierte a cualquier insulso pescado en una obra maestra. Una vez se me ocurrió la idea de preguntarle qué ingredientes contenía dicha salsa. Su respuesta fue un misterioso: "Secretos de madre". Dudo mucho que preparar una salsa sea uno de los gajes de ser madre, la cosa está en que no quiere contarme nada. Dejo el tenedor tumbado sobre plato y me retiro de la mesa en silencio. Mis padres no han pronunciado palabra en toda la comida. Normalmente tenemos unas conversaciones alegres, en las cuales hablamos sobre el día de cada uno. Casi siempre sacamos un tema de conversación que nos hace reír, ya sea por los gases repentinos de mi padre o los distintos tonos de voz de mi madre. Siempre sacamos los defectos a la luz durante la comida, convirtiéndolo en algo de orgullo. Quizás no tanto como eso, pero lo miramos de buena gana.
Dejo el plato, vaso y cubiertos sobre el interior del fregadero, no sin antes enjuagarlos en agua para que los restos de comida no se adhieran a la vajilla. Subo pensativa las escaleras hasta llegar a mi habitación, donde me cierro la puerta detrás de mí. Permanezco en pie, contemplando nada en concreto, mi mente está sumida en pensamientos inexactos. No concuerdan con la situación, y es que no hay situación alguna, eso es lo extraño. Consigo salir de mi ensimismamiento y pienso en lo que puedo hacer a continuación.
Enciendo mi ordenador portátil y me siento en la cama posándolo sobre mi regazo. No tarda en cargar, y al instante aparece el menú de usuarios. Únicamente existe el mío, por lo que me resulta innecesario dicho menú de selección. Inicio sesión tras teclear la contraseña y abro una ventana de Internet.
El vernos llega a su fin, y yo ya tengo mi plaza en la universidad y mi residencia. En cuanto recibí la carta de admisión a Cambridge, no dudamos en ir en busca del que sería mi futuro hogar durante todo el curso. Mi padre y yo estuvimos visitando las incontables estancias en residencias, puesto que alquilar un piso estaba fuera de nuestro presupuesto. En cada una de las residencias nos recibieron con los brazos abiertos. Mis únicas prioridades eran las de que tuvieran aseo propio en las habitaciones y servicio de comedor, porque entre que soy una negada para la cocina y que no quiero perder el tiempo aprendiendo a cómo evitar la situación. Después de un buen tiempo en su búsqueda, al final encontramos la residencia perfecta. Se encuentra justo al lado de la facultad de medicina, por lo que no tengo que andar prácticamente nada, eso es un punto a favor. También buscaba una copistería cercana, donde poder realizar fotocopias, y una se sitúa en la siguiente manzana. Servicio de comedor, baño propio, ¿pero cuál es la pega? Que se trata de habitaciones compartidas.
La comunicación no es lo que se dice mi punto fuerte. Soy una persona muy maniática y estoy completamente obsesionada con el orden y la limpieza. En cuanto encontré el momento, le supliqué como pude al decano que me asignara a alguien decente y con buena educación. Su expresión no transmitía ningún gesto de cesión, pero su mirada reía ante mis inútiles súplicas. Es un tema realmente delicado para mí y no me gusta que la gente lo infravalore.
Tecleo con soltura la página web de la residencia y vuelvo a ver, pro milésima vez, la estancia que me espera en Cambridge. El cuarto es realmente amplio, normal, puesto que está construido para dos personas. Siempre me pregunto cómo será mi futura compañera. Una chica tímida como yo, sería lo mejor. Ambas nos defenderíamos en el campus. Porque las nuevas amistades son un punto de vista que nunca antes había contemplado. Quizás allí encuentre a otra Ruth, o a otra Johanna. Puede ser que cuando comience, me convierta en una persona sociable y extrovertida que haga muchos amigos. Son pequeñas ideas que me obligan a esbozar pequeñas sonrisas. Me dolerá lo inimaginable tener que separarme de mis amigas, pero es ahora cuando comienzan nuestras vidas. Y quizás encuentre a una Ruth y a una Johanna, pero, ¿y un Liam? De él también me separo. Él continúa su vida de estrella del pop y yo la mía como nueva doctora en prácticas. Vidas diferentes, totalmente separados. Por muchos consejos que me sean aportados, en un lugar no muy profundo de mí, que más bien escarba la superficie de mi ser, continúa una Sam temerosa a aquella idea.
Continúo la tarde realizando justamente lo mismo que ayer. Mientras dibujo en un cabalo, como el de mi anterior sueño, cabalgando por un precioso prado diferente al que recordaba, pienso en la charla que ésta mañana. Hoy es el día nueve, y sigo como si nada hubiera ocurrido ni percutido. He recordado simplemente dos cosas que no tienen ningún valor para mí. Seguramente era por esa razón por la que Liam se planteó seriamente el significado y las metas de todo aquello. Por un lado lo entiendo y le comprendo, pero por otro, permanece esa chispa de fe que me ayuda a seguir adelante. Mi fe disminuye a medida que transcurre el tiempo.
Son las 20:34 cuando comienzo a esuchar ruidos extraños e indescifrables de un lugar que no consigo percibir. Es como un timbre. Vuelve a sonar, y esta vez sé de dónde proviene. Me pongo en pie y me asomo por la ventana de mi jardín trasero para dar lugar a que mis ojos vean a un Liam silbante que me mira de forma y gesto divertidos. Con un gesto de la mano me indica que baje para reunirme con él, y sin dudarlo por un segundo, me adentro de nuevo en mi cuarto y bajo corriendo las escaleras para salir por la puerta trasera. Liam me espera sentado en el césped y con una ancha sonrisa. Me siento a su lado contemplando el oscuro manto que es a estas horas el cielo.
Sam- ¿Qué te trae por aquí a estas horas?
Liam- Quería comentarte algo.
Contemplamos ahora los dos el cielo ausente de estrellas. Si no hubiera tanta contaminación lumínica, eso no sucedería, y ahora el lienzo oscuro que es el firmamento estaría regado de estrellas. La brisa es suave y persistente y me acaricia el pelo removiéndolo en distintas direcciones. El aire fresco me relaja. Debería de salir al jardín mas noches para tomar un poco de aire fresco.
Liam- El último día que estuve hablando contigo en el hospital, me dijiste que te habían abierto los ojos de la manera menos deseada del mundo. Que habías comenzado a valorar realmente la vida y cada uno de sus días, y que querías exprimir todo su jugo. Que querías vivir experiencias conmigo, ¿me equivoco?
No me mira directamente a los ojos formulando aquella pregunta. Pero no es por vergüenza o miedo, es porque está encandilado observando el completo color negro del cielo que acecha sobre nosotros. Es raro que anochezca a estas horas en pleno verano. Con que una duda no ha podido tranquilizarle, a saber desde cuando le pasa por la mente. Ha necesitado solucionar una cuestión que merodeaba dentro de él, más que una cuestión parece una afirmación, por el tono de voz que ha utilizado al realizar la pregunta. Simplemente ha venido hasta mí para que confirme aquello que duda. ¿Por qué no tengo yo el valor de hacer lo mismo?
Samantha- No quería, quiero.

martes, 16 de octubre de 2012

66. IRREAL.


Me encuentro en un verde prado, lleno de flores. Es un bonito día soleado y camino por la hierba recién cortada. Una suave brisa recubre todo el espacio físico natural en el que me encuentro. Contemplo con los ojos entrecerrados el manto azul que forma el horizonte. No se divisa más allá de un bosque que rodea el extenso prado. Respiro hondo, intentando encerrar toda esta fragancia que me envuelve. Comienzo a escuchar un ruido proveniente de mi izquierda. Especulo sobre lo que se puede tratar, pero no necesito esperar mucho para ver cómo un esbelto caballo de crines blancas cabalga hacia mí. Es especialmente grande. Cuando llega trotando hasta donde me encuentro, siento la necesidad de montarlo, por lo que me agarro a su lomo con todas mis fuerzas, y con una fuerza inexistente en mí, consigo posarme encima del corcel. En mi vida he cabalgado, pero es como si lo llevara en las venas. Sé dónde tengo que colocar los pies, cómo mantener el tronco, y cómo hacerlo andar. En menos de veinte segundos, corre alegre por el campo, el caballo reímos. Él más bien, relincha. Siento una absoluta apacibilidad, tranquilidad y parsimonia. De pronto, no sé ni cómo ni por qué, caigo de mi bonito caballo blanco.
Samantha- ¡Ah!
Ya conozco el por qué. Estando dormida, he caído al suelo, de culo. Me duele el coxis, el cual froto intentando calmar el pinchazo. Intento, a duras penas, ponerme en pie y después de unos cuantos intentos fallidos, lo consigo. Me continúo frotando con la mano, pero es inútil. Me giro, con rostro dolorido para ver la hora. Son las once de la mañana. Vaya. ¿Cómo un sueño tan corto puede durar tantas horas? Siempre me lo he preguntado. Los sueños parecen más cortos de lo que realmente son. Es desconcertante.
Camino arrastrando los pies hasta el baño. Me lavo la cara, todavía con los ojos cerrados y me peino. Hoy no tengo el pelo tan enredado como el resto de los días. No me quedaré calva intentando dejarlo como siempre. Vuelvo a mi habitación ya más despierta y consciente del mundo que me rodea y abro las puertas de mi pequeño armario de par en par. De él saco un pantalón negro corto y una camiseta de manga corta marrón con la cara de Jerry. Cada vez que veo esa camiseta no puedo evitar recordar aquellos bonitos tiempos en los que veía aquellos dibujos animados. El ratón siempre fue el mejor para mí, por lo que no dudé en comprarme la camiseta en cuanto la vi. Me pongo unza zapatilla bajas marrones y salgo por la puerta para bajar a desayunar. En cuanto bajo las escaleras, me adentro en la cocina, donde me encuentro a mi padre sorbiendo su café.
Paul- Buenos días, cariño. Hoy te has despertado tarde.
Samantha- Creo que podría haber dormido más si no me hubiera caído de la cama.
Mi padre se ríe ante mi comentario, no sé si se lo ha tomado como una broma, o porque simplemente le hace gracia que su única hija se caiga de la cama. Sale de la cocina con su café en mano y escucho cómo enciende la televisión. Decido prepararme un bol de cereales con leche, el cual me tomo en la mesa del comedor. Miro sin ver nada la televisión del comedor. Es decir, estoy mirando la pantalla, pero no le presto atención. En menos de cinco minutos me termino mi posal de cereales y subo para lavarme los dientes.
Qué raro, no he recibido señales de Liam. Ni ayer, ni hoy. Le daré una sorpresa e iré yo a su casa para mostrar entusiasmo y que no se le vuelva a pasar por la cabeza esa estúpida idea de dejar el juego. Me despido de mi padre con un beso en la mejilla, avisándole de que volveré sobre la hora de comer, y salgo por la puerta de la entrada para encaminarme hacia la puerta de Liam. ¿Todavía no han vuelto sus padres? Menudas vacaciones. Toco el timbre y en menos de diez segundos me recibe con una de sus resplandecientes sonrisas.
Liam- Iba a ir en seguida, no me ha sonado el despertador y me he quedado dormido.
Con que se pone el despertador para poder quedar conmigo y ayudarme. Nunca lo había pensado. Creí que le salía espontáneamente, como a mí. Pero es que lo mío no es normal. Toda la gente de mi edad y de menos se despierta a las doce del mediodía, como poco.
Desaparece tras la puerta y yo me asomo para ver el interior de la casa y le busco con la mirada. Está agachado enfrente de la mesa del café revolviendo entre objetos los cuales no consigo identificar. Alza la mano con unas llaves en ella y se pone en pie para salir de la casa. Le dejo espacio para que pueda cerrar tranquilamente y se pone enfrente de mí. ¿Qué son esas llaves? No parecen las de su casa.
Liam- Ayer por la tarde me trajeron el coche del taller. Ya está arreglado. Adivina de qué vamos a hablar hoy.
Samantha- El accidente.
La forma fría en la que lo he pronunciado me asusta hasta a mí. Liam asiente y me conduce hasta el garaje del cual se abren las puertas para dar paso a dos coches. El que Liam ha estado usando hasta ahora, y su coche negro. Le quita el seguro y me indica que me siente. Sinceramente, me da miedo volver a subirme a este coche. Todavía tengo la fuerte luz grabada en mi memoria, toda aquella mala experiencia jamás será olvidada por mí. La naturalidad con la que se pone de copiloto me resulta alarmante. ¿No se da cuenta de que me resulta duro? Con cuidado abro la puerta del copiloto y me siento en el sillón. Me toco los muslos con nerviosismo. Siento claustrofobia, me pongo el cinturón al instante.
Liam- Sam, mírame. No va a pasar nada, ¿de acuerdo? Confía en mí.
Asiento con la cabeza, pero sin atreverme a mirarle. No sé si puedo cumplir lo que me pide. No puedo mirar a esos ojos lo cuales su intención es calmarme, pero lo que me van a hacer es llorar. Debo ser fuerte y conocer la historia entera, porque solo recuerdo el momento en el que acabó todo. Reúno toda la fuerza de voluntad que reside en mí y le miro. Me coge de la mano para acariciarme y mi respiración comienza a regularse.
Arranca el coche. Nos ponemos en movimiento y conseguimos salir del garaje. Intento mantener la menor conversación posible, aunque después de quince minutos de paseo, ya no me tengo que agarrar al cinturón. Relajo las manos y por fin me siento más segura. Quizás su intención era quitarme el miedo, y lo está consiguiendo. Cinco minutos después, para el coche enfrente de un parque lleno de niños que corretean y juegan en los columpios y toboganes. Qué buena edad. Aquella en la que puedas hacer de todo, sin que te digan nada. Lo que daría por volver a ella. Apaga el coche y ambos bajamos de él. Nos acercamos a un banco en el cual nos sentamos.
Liam- ¿Mejor? Quería ayudarte a superar el miedo cuanto antes. Veamos, todo sucedió en el mismo día que los buenos días con las piedrecitas en tu jardín trasero. Esa noche decidimos salir a pasarlo bien, y fuimos en coche hasta el centro de la ciudad. Cuando bajamos de él, un grupo de chicas me identificó como Liam Payne, y tuvimos que correr. Nos escondimos en un callejón donde conseguimos esquivarlas. Después fuimos a una pizzería y compramos unas pizzas para llevar, ya que vimos que no fue buena idea lo de ir a un sitio tan público. Cogimos el coche y nos comimos las pizzas en este mismo banco. Seguimos hablando hasta que se hizo tarde y volvimos a casa. Tú decidiste no ponerte el cinturón por una broma que había hecho antes de salir. Paré en medio de la carretera para decirte algo. Fue mala idea. Todo fue por mi culpa.
Con que aquella es la historia. Paró en medio de la carretera y yo iba sin cinturón por una mísera broma. No fue culpa suya, yo participé, si me hubiera puesto el cinturón no estaría padeciendo ahora mismo esta odiosa amnesia.
Samantha- ¡No te eches las culpas! Por cierto, ¿qué me quisiste decir?
Liam- Que te pusieras el cinturón

65. MATERNA.


Contemplo mi pared con nuevos ojos, puesto que hay nuevas fotos. Por fin alguna novedad. Las nuevas colgadas me resultan más divertidas. La que más me gusta es la de Liam manchado hasta el apellido de harina. Luego hay otra en la que salimos jugando al fútbol y parece que hago levitar el balón. Encandilada ante el mar de recuerdos plasmados, me tumbo en la cama. Ya son las nueve de la noche. Hoy ha sido un día para Sam. Me he encerrado en mi habitación a leer, a dibujar y a escuchar música. Sinceramente, sentía que lo necesitaba. Mi ritmo de vida a cambiado de escala. Pocas veces abandonaba mi casa. Pasaba el rato sola, inmersa en el pequeño mundo que es mi habitación. Echaba de menos algún momento de esos, y hoy, ha sido ese día para recuperarlo.
La charla con Johanna de esta mañana me ha hecho pensar. Profundizar respecto al tema. Tengo miedo de dar un paso adelante, porque, ¿cómo se lo diría? Por muchos años que llevemos juntos, la situación se torna incómoda y la timidez podría conmigo. Imaginemos el hipotético caso de que decido declararme. ¿Por dónde comenzaría? "Hola, Liam, te quiero". No me parece convincente. Sacar cosas a la luz jamás ha sido mi punto fuerte, principalmente porque siempre dudo. No confío en nadie. La experiencia, todos mis años vividos me han enseñado que puedo confiar en escasas personas. El mundo es cruel, o al menos lo ha sido conmigo. Me ha hecho madurar por adelantado. Por eso soy tan reacia a las decisiones. Pienso a quién puedo perjudicar con mi respuesta. Y es que a la primera persona que perjudico es a mí.
Catherine- ¿Se puede?
Ni me había percatado de su presencia. Estaba sumida en los pensamientos que me alborotan. La figura de mi madre me resulta ajena. Hace demasiado tiempo que no contacto con ella. Me sienta mal, puesto que ella siempre ha estado conmigo. No recuerdo haber mantenido una conversación de las nuestras desde que estaba ingresada en el hospital. Le indico con la mano que se siente a mi lado en la cama. Ella obedece en silencio.
Samantha- Cuánto tiempo.
Catherine- Es verdad, ¿qué es de tu vida?
Mi madre sabe aparecer en el momento oportuno. Creo que es la única persona, a parte de Johanna, a la que le puedo hablar de esta clase de temas. Ruth se muestra negativa ante dar consejos, dice que ella no es de esas. No es como mi madre, ella siempre me ha ayudado con todo. Siempre le he contado mis problemas para que los contemplara desde su mágico punto de vista y me ayudase a superarlos. Es como mi hada madrina. Recuerdo cuando de pequeña le rompí un carísimo jarrón a mi abuela. Como no estaba, fui corriendo a mi madre, llorado y preguntándole que qué podía hacer. Ella simplemente me abrazo para que me calmara, me miró a lo ojos y me dijo que debía contar la verdad. Mi madre odia las mentiras casi tanto como yo, posiblemente más.
Samantha- Se torna revuelta, como de costumbre.
Catherine- ¿Qué pasa ahora por tu cabecita?
Formula la pregunta la vez que me empuja suavemente con el dedo índice en la frente. No sabría cómo empezar con toda la historia. Para resumirlo. Cómo expresarle con palabras entendibles todo aquello por lo que paso. No puedo decirle que es complejo, como con Johanna, no serviría de nada, como con Johanna. Es como cuando dices que 'Estás bien', cuando tienes una cara de tristeza que solo hace falta que te escriban en la frente que te encuentras mal para enfatizarlo. Eso lo hace todo el mundo, nos gusta que nos pregunten, que se preocupen por nosotros, aunque por una lado no queremos contestarles.
Samantha- Mamá, no sé si dar un paso muy grande, porque puede que dándolo, caiga desde más alto.
Mi madre comienza a procesar la metáfora. Lo sé porque aparta la mirada de mí y la dirige hacia la alfombra verde. Ella y yo siempre hablamos así, con ejemplos. Nos gusta, es como una especia de juego en el cual solamente participamos ella y yo. Cosas de madre e hija. A mí me resulta entretenido.
Catherine- No hace falta que digas más. Sabía que se trataba de Liam. Si ese paso del que hablas es el cual me imagino. No dudes en darlo. Todo el mundo sabe que os queréis, incluso vosotros mismos. Lo único que os hace falta es un empujón. Si temes por su respuesta, no lo hagas. Si temes por vuestro futuro, tampoco. Puede que él se tenga que ir, pero vosotros sois fuertes. Siempre lo habéis sido.
No tengo ni idea de cómo mi madre puede adquirir de semejante agilidad mental. Ha buscado todos los puntos existentes de mis dudas. Todos mis temores, con una simple metáfora sobre el miedo a lo desconocido. Puedo decir que mi madre me conoce mejor que nadie. Porque es así. Sabe sacar hasta el más escondido de mis pensamientos con tan solo mirarme y pensar un poco. Es quizás, parecida a la conexión entre Liam y yo, con la única pega de que yo no puedo descifrarla tan bien como ella a mí. Poderes de madre, los denominé hace algún tiempo.
Samantha- Gracias, mamá.
Catherine- De nada, cariño. Me voy ya a la cama, que mañana tengo que ir a trabajar. Se me acabaron las vacaciones.
Se pone en pie realizando una mueca de desgana que me hace reír. Se inclina para darme un beso en la frente que no rechazo, y desaparece tras mi puerta. Quedo inmóvil, latente a cualquier movimiento en mi cuarto. Pero lo único que está en continua acción es mi pecho, que sube y baja regularmente, con mayor lentitud que la del compás de mi corazón.
Lo cierto es que no siento ni un ápice de sueño. Me siento viva y llena de vitalidad. Como he pasado la tarde sin hacer nada, me siento completamente descansada. De pronto siento ganas de hacer algo. Me pongo en pie rápidamente, aparto todo el montón de utensilios escolares de encima de mi escritorio, y saco una hoja de cuadros en la que comienzo a escribir.
"Mi mente, como de costumbre, es un total mar de dudas. La gente me anima y me apoya, pero es muy fácil contemplar la situación desde fuera. Todos somos buenos filósofos con los problemas de la gente, pero nunca con los nuestros. Otra demostración más de que hablar es muy fácil. Tengo miedo. Es la manera más fácil de simplificarlo. Siento pavor a realizar esa confesión. Es algo diferente, algo que nunca he sentido, y quiero sentirlo con él. Pero el miedo me sucumbe y me obliga a echarme a atrás. En esta clase de momentos demuestro mi debilidad. Mi faceta de nueva Sam ha desaparecido por completo. Ha huido, como una cobarde. Y es cierto que estoy cansada de huir de mis miedos y esconderme tras un matorral para aislarme de ellos, pero ya es hora de cambiarlo. Repito: Hablar es muy fácil. Me lo aplico a mí misma, porque estoy diciendo cosas que lo más probable es que nunca cumpla. Mi pensamientos, mi sentimientos, todos ellos son complicados. Lo único simple y completamente real que hay en mí, es que quiero a Liam Payne."
                                                                                                                        Samantha Holoway.

domingo, 14 de octubre de 2012

64. CAPACIDAD.


Creo que no le comprendo. ¿A qué se refiere sino? Miro el mensaje de Liam: <<He llamado a tu casa para decirles a tus padres que estabas con Jo.>> Como excusa de leer el mensaje, dubito sobre lo que haya querido decir. ¿A qué estoy esperando sobre qué? El misterio que se trae Johanna entre manos no me gusta un pelo. Noto su mirada perforándome la nuca. Veamos, ¿de qué puede tratarse? Miro a mi alrededor en busca de alguna clase de ayudo o indicio de problemas. Lo primero que creo que se refiere es a que estoy encima de una de sus bolsas, por lo que me aparto un poco. Le miro para descifrar su penetrante mirada, pero continúa intacta. Expectante a mi respuesta, pero es que yo no tengo solución a sus indirectas.
Samantha- Yo no sé a lo que estás esperando tú para decirme lo que quieres transmitirme.
Johanna- Vaya, Sam, eres bien cortita cuando quieres, ¿eh? Me refiero a que cuando le vas a decir que te gusta. ¡Me tienes a dos velas respecto al tema! Quiero que lo vuestro evolucione, y tú, también.
¿Cómo no me había dado cuenta hasta ahora? Siempre es lo mismo. Que si soy muy lenta, que si no cedo, que si siempre me lo tienen que traer hecho. No es fácil. Al menos a mí no me lo parece. Me resulta complicado mostrarle mis sentimientos a alguien, y no unos sentimientos cualquiera, estoy hablando de amor. Amor de verdad. No esas estupideces de adolescentes de: 'Hola, nos acabamos de conocer, ¿nos enrollamos?', no, yo no quiero eso, quiero que él sienta lo mismo, que me diga que me quiere, que le diga que lo quiero. Últimamente la palabra 'amor' tiene menos sentimiento que un trozo de papel. Cada vez se usa más pronto, una pareja que ya lleva un día, ya se está diciendo mutuamente que se quieren y que son su vida. A mi no me parece nada bien eso, ¿a qué viene quitarle el valor a la palabra que encierra los sentimientos y sensaciones más poderosos del universo? Todo son modas.
Samantha- No le voy a decir nada hasta que no esté al cien por cien segura de ello.
Johanna- ¿Pero qué más necesitas? ¿Un cartel con luces de neón citando: 'SAM Y LIAM SE QUIEREN'?
Samantha- ¿Puedes bajar la voz?
Miro a nuestro alrededor y descubro caras que nos vigilan y miran atónitos. El chillido que acaba de pegar debe de haberse escuchado a kilómetros a la redonda. Instintivamente le he puesto una mano en la boca para hacerle callar. La gente que se ha parado a mirar, continúa con su camino.
Samantha- Es más complejo que todo eso, no lo entiendes.
Johanna- Pues explícamelo, Sam, ¡explícamelo!
Realiza un gesto dramatizante que resalta su última frase. De pronto siento la necesidad de contárselo. De contarle todos mis nuevos temores, todos aquello miedos que me hacen dar pasos adelante. Cual cangrejo me obligan a retroceder. El miedo, la incertidumbre y el futuro son superiores. Comienzo a contárselo. Le cuento que Liam iba a permanecer quizás uno, o dos meses. No es exacto. Puede desaparecer en cualquier momento. Puede ocurrir que yo tenga que volver a pasar por todo aquello que viví hace dos años. Tener que extrañarle, en ese momento más si estuviéramos juntos. Yo tendría que ir a la universidad, y el de gira. No encontraríamos ningún momento para vernos. Nuestra relación sería a distancia. Y yo, que no puedo estar un día sin Liam, no me quiero ni imaginar un año. Es muy duro para mí, y dar un paso adelante, podría resultar ser un paso en falso.
Johanna- De acuerdo, en parte tienes razón. Pero Sam, atrévete a soñar. Nunca has experimentado el amor, no sabes lo que es estar unida a una persona. Aunque sean unos escasos meses. Además, vosotros dos no sois como una pareja de adolescentes hormonados. Lo vuestro es real, os queréis de verdad, no es puro físico. Él te quiere, y tú le quieres. Por mucha distancia que haya entre vosotros, por mucho tiempo que tengáis que estar separados, estoy segura de que siempre permaneceréis juntos.
Las palabras de Johanna me llegan muy adentro, y tocan mi pequeño corazón. Escuchar estas palabras por parte de una persona como ella, que no tiene fe alguna en el amor, es especial. Me resulta conmovedor que le parezcamos una excepción, y eso sin haber nada. Me obliga a pensar sobre ello. Tiene razón, sé que le quiero, pero nunca he experimentado quererle. Nunca he sabido lo que es estar vinculada a una persona que sabes que siempre estará ahí, que siempre te querrá. Una persona que haga lo que haga, te obligue a esbozar una sonrisa. Alguien en quien no puedas dejar de pensar en cinco minutos. Añorar un abrazo. Un beso. Ni siquiera he experimentado uno.
Samantha- ¿Te han aceptado en Oxford?
Johanna- Se supone que me envían mañana la carta, en cuanto la reciba, te llamo.
Samantha- Estoy segura de que entrarás, eres la mejor psicóloga del mundo.
Abre los brazos y yo me encierro en ellos. Es lo que realmente pienso, es la persona que más me hace pensar, la que me sonsaca todos aquellos pensamientos recónditos dentro de mi persona. De mayor me veo acudiendo a su consulta, tengo la sensación de que me volveré loca con todas las contradicciones que rondan por mi cabeza. Primero pienso algo, y luego cambian todo aquello por algo totalmente diferente. Me estoy dando cuenta de que soy una persona muy influenciable. Después de un minuto en esa posición, nos dejamos espacio para respirar.
Abandonamos el centro de la ciudad para volver a nuestros respectivos hogares. La casa de Johanna queda más cerca de aquí que la mía, por lo que vamos juntas hacia allí. El camino transcurre en un completo y asombroso silencio. Nunca la he visto tan callada, normalmente no puede estar ni un segundo sin contar algo. ¿Se le habrán acabado los temas de conversación? Lo dudo, simplemente estará pensando, y quiere concentrarse. A lo mejor tiene miedo. Miedo de que no le acepten en Oxford, de que tenga que pasarse otro año esperando para volver a solicitar una plaza. Me ha parecido mala idea aquello de no prevenir, porque no ha enviado ninguna solicitud a otra universidad, solamente a Oxford.
Johanna- Bueno, ya estamos. Ya nos veremos. Te quiero.
Me coge por los hombros y me da un sonoro beso en la mejilla. Se despide sonriente con la mano y después de abrir la puerta, desaparece tras ella. Me pregunto qué haré sin las locuras de Johanna y el mal genio de Ruth. Las tres formamos un grupo extraño. No tenemos muchas cosas en común, y eso nos hace especiales. Descubrimos cosas las unas de las otras, aprendemos. Nos diversificamos. Eso es mejor que otra cosa. Con ellas he aprendido a ser ligeramente más inmadura, antes de conocerlas me lo tomaba todo bastante en serio, y todavía sigo igual, pero hay un leve matiz que confirma lo contrario. He de pulirlo más.
En menos tiempo de lo que esperaba, llego a mi calle. Desde lo lejos, contemplo la casa del árbol. Ha quedado realmente preciosa. Un gran trabajo por nuestra parte, me siento orgullosa. Camino sonriente hasta la altura de nuestro solar y antes de girarme para dirigirme a mi casa, percibo algo sospechoso en la casa. Algo desacorde. Algo que antes no estaba ahí. Me acerco sinuosamente hasta conseguir descifrar las letras que hay escritas sobre el hueco que es la puerta.
"Sam and Liam's house".

63. COMPRAS.


Samantha- ¿Cómo que si merece la pena?
No comprendo lo que sus palabras intentan transmitirme. Todo aquello por lo que ambos hemos estado pasando. Todo aquello que he aprendido gracias a él. ¿Quiere dejarlo atrás? Me parece injusto. Me hallo anonadada ante su pregunta. Espero que sea una broma, pero su rostro se contempla oscuro y sumiso. Realmente esa idea pasa por su cabeza. Cavila sobre ello como si se tratase de un problema. Sé que yo misma dije que prefería empezar de nuevo, pero aún así me ofende la idea de dejarlo acabar. No puede desaparecer así, tan de repente. Le miro insistentemente para que de una vez por todas, sea sincero. Sincero respecto a todo aquello que encierra por dentro. Es evidente a la vista que él también sufre por esta situación. Es como enseñarle a un pez a andar, jamás lo conseguirá. Dicen que la esperanza es lo último que se pierde. ¿Qué sucede cuando ya no te queda ni eso?
Liam- Yo, contándote cosas que vivimos hace tiempo. Y realmente estamos perdiendo el tiempo que nos queda.
Hasta ahora no lo había contemplado desde ese punto de vista. Cierto es aquello de que hoy mismo he descubierto que regresó hace pocos días. Pero la idea se me debería de haber pasado por mi cabeza casi al instante. El tiempo que le queda aquí, a mi lado, es realmente escaso. Uno o dos meses. Eso es muy poco para todo lo que quiero vivir con él. Me pregunto si habrá pensado en la idea de dejar el grupo. Me negaría completamente. No quiero ser la razón de que abandone su sueño, porque diga lo que diga, sé que es realmente feliz respecto a todo aquello que está experimentando y viviendo. Ha saltado hasta lo más alto. Jamás le permitiría volver atrás. Ambos somos estrellas, yo he caído, mientras él brilla resplandeciente.
Samantha- No, debemos continuar. Si dejamos esto a medias, jamás nos tomaremos nada en serio. Quiero acabar con esto, Liam. Cada vez me parece más errónea la idea de empezar de nuevo. No es bueno tirar por la borda todo aquello que vivimos. Ni bueno, ni justo, ni necesario.
Después de este pequeño razonamiento por mi parte, consigo que alce esa mirada que tantas veces me ha enamorado, y observo cómo una sonrisa comienza a dibujar su cara. Me coge de una mano y, a la vez que la contempla sin deshacerse de esa sonrisa, me acaricia suavemente. No aparto la mirada de sus ojos. Me hipnotizan. Todo aquello que encierran es un misterio para el mundo, pero no para mí. Yo he podido ver al Liam que sufrió, al Liam que luchó, y al Liam que triunfó.
De repente suena una campanita que indica que alguien acaba de entrar al recinto. Instintivamente, giro la cabeza para ver de quién se trata. Me extraña verla en este espacio físico, por lo que tardo un par de segundos en saludarla. Capto su atención en cuanto alzo la mano, y camina dando saltitos hasta donde nos encontramos.
Johanna- ¡Vaya, chicos! ¿Qué hacéis aquí?
Samantha- Desayunar, que me moría de hambre.
Liam, caballerosamente, se levanta para darle dos besos, pero Johanna no se corta un pelo y le da un fuerte abrazo. Entre risas, Liam lo acepta y le pasa los brazos por la espalda. Johanna le obliga a que le deje un hueco y se sitúa a su lado en los asientos contiguos. Jake se acerca para preguntarle si quiere tomar algo. Sonriente, le pide un café con leche y canela.
Johanna- Bueno, Payne, que aún no hemos hablado desde que eres famosillo. ¿Cómo es la experiencia?
Comienza a soltarle un eterno rollo. Después de dos minutos, Jake vuelve con el pedido de Johanna en una bandeja y lo sitúa frente a ella. Ni tan siquiera se ha percatado de ellos, está sumida entre las palabras de Liam. Escucha atenta su experiencia. El cómo ha tenido que cambiar su carácter. Cómo es convivir con sus cuatro mejores amigos y aquello de que millones de chicas te quieran. Todo eso que yo ya me sé de memoria.
Liam- Resumiendo: Una de las mejores experiencias de mi vida.
Noto cómo la satisfacción aflora en su interior. Le gusta decir que es alguien conocido. ¿A quién no? Ya me gustaría a mí que todo el mundo me conociera. Pero ahora que lo pienso, sus fans me conocen. Me conocen como la chica que estuvo a punto de morir. No es una bonita forma de ser recordado, pero es más de lo que muchos pueden conseguir. Me pregunto si habrá gente que me odie. Que me odie por ser la mejor amiga de Liam. ¿Me considerarán importante? Lo dudo mucho.
Johanna- Es increíble. Bueno, Sam, yo iba a llamarte en un rato para raptarte, pero ahora que estamos en persona, te secuestro. ¿Vale?
Le da el último sorbo a su café, se seca con una servilleta el resto de la espuma que le ha quedado encima del labio y se pone en pie para obligarme a que me levante. Liam mira sus movimientos alerta. No sabe qué hacer, por lo que comienza a reírse. Me indica que ya nos veremos y sale por la puerta no sin antes despedirse de Jake. Johanna me coge del brazo y me indica que salgamos del bar de zumos.
Comienza a hablar muy rápidamente sobre temas que no consigo entender. Primero sobre un problema en su casa de que su madre no se había levantado, que era un indicio de que estaba mala y que no se podrían ir de viaje a Estados Unidos, como tenían planeado. Continúa contándome cosas irrelevantes, a las cuales no les presto demasiada atención. Asiento de vez en cuando y río en los momentos adecuados. No tengo especialmente muchas ganas de escuchar los cuentos de Johanna, a veces se vuelve un tanto pesada.
En unos diez o quince minutos, llegamos al centro de la ciudad. Entre una de sus historias, me ha avisado de que nos íbamos de compras, que necesitaba renovar su vestuario. Ir de compras es algo que ni me va ni me viene. La moda no es mi punto fuerte, siempre suelo ir muy básica. unos pantalones, una camiseta lisa de cualquier color, y si pueden ser, mis converse. Nos metemos en la primera tienda que encontramos. Johanna comienza a mover ropa. Sacarla de su sitio para examinarla y colgarse lo que le plazca en el brazo. Su manera de comprar, es llevarse al probador todo aquello que le parezca bonito, e ir descartando. Normalmente se lleva más de la mitad.
Johanna- ¡Mira qué jersey más bonito! Mira, te pega con el pantalón.
Obvio que pega con mi pantalón. Mi pantalón es blanco, todo pega con el blanco. Que hasta eso llego. Cojo con desgana el jersey que me ofrece y lo examino detenidamente. Es rojo, pero con las mangas azules. Y en la zona que bordea el cuello, de color blanco. Es bonito, pero no me puedo permitir ir comprando ropa por gusto. La dejo en su sitio. Johanna me lanza una mirada de indignación y continúa con su labor.
Pasan horas, hasta que llega la hora de comer y el centro se ha llenado de gente. Muchas personas salen y entran de las tiendas, contemplan los escaparates y charlan tranquilos en las cafeterías. Sin preocupaciones, porque el verano es para eso, para desconectar. Ese término me resulta desconocido. No acercamos a un banco donde nos sentamos con las miles de bolsas de Johanna y un helado cada una. Necesitaba un premio por haber soportado el paseo por cada uno de los puestos. De pronto me suena el móvil, es un mensaje. De Liam.
Johanna- No sé a qué estás esperando.
Samantha- Paciencia, primero tengo que leer lo que dice.
Johanna- No me refiero a eso.

sábado, 13 de octubre de 2012

62. PESADEZ.


No sé ni cómo ni cuándo, pero no he podido evitar lanzarme al cuello de Liam. Cada día me dice una cosa maravillosa, cada una más bonita que la anterior, y yo simplemente me quedo callada y roja como un tomate. Era el momento de darle las gracias a mi manera. Que alguien se moleste en hacer todo esto por simple aprecio, es maravilloso. Mi abrazo del oso, parece resultarle inesperado y tierno, porque me pasa los brazos por la espalda y me acaricia suavemente. No puedo pedir algo mejor que Liam, es algo inimaginable e imposible.
Samantha- ¿Por qué eres tan dulce?
Liam- Porque quiero pedirte perdón por cada llamada que no contesté.
Arrepentimiento. Es lo que encierra a Liam. Se arrepiente de todas sus decisiones. Se atormenta a sí mismo cada día, porque se siente culpable. Como él mismo dijo ayer, debemos dejar el pasado atrás. Como me ha dicho, le perdoné por todo lo que hizo, y sin todavía conocer sus motivos. Supongo que me bastaba con tenerlo a mi lado. Sufrí, y mucho, ¿pero acaso merece la pena recordarme a cada minuto que no me hizo caso cuando ahora está entre mis brazos pidiéndome perdón? Ya hay que tener una mente y corazón muy fríos para rechazar esa clase de disculpa. Se dedica en cuerpo y alma para hacer cosas conmigo y hacerme pasarlo bien. cada día a su lado es un regalo. Un maravilloso regalo envuelto en felicidad. No me imagino que haría sin Liam. No recuerdo exactamente cómo fue aquel sentimiento de sufrimiento, pero se me viene una idea a la cabeza, y no es algo bonito para recordar. Algo bueno tenía que tener la amnesia.
Liam- No sé cuánto tiempo voy a estar aquí, pronto sacaremos el nuevo álbum, y yo... Tendré que irme, Sam. No quiero perderte otra vez.
Me aparto de él rápidamente. Las lágrimas surcan mis mejillas. La idea de su pérdida me ha dado bien dentro. Me he imaginado la situación. Todo gris. Nada de color. No sería feliz, la felicidad sería un término totalmente desconocido para mí. No me gustaría me lo arrebatasen de esa forma. Separarlo de mi lado, y que solo volviese en Navidad y Pascua. No me parece justo. ¿Cómo hablaríamos? ¿Por teléfono? ¿Skype? No es lo mismo. No me podría dar un abrazo cuando esté triste, ni hacerme cosquillas para conseguir sonsacarme una sonrisa. Sería difícil. No entiendo cómo alguien puede sobrellevar el amor a distancia. Una pareja separada por los kilómetros, sin poder verse, sin poder tocarse. Me parece un castigo. Un horrible castigo. Yo nada más de hacerme a la idea he roto a llorar. Y ni siquiera es mi novio.
Liam- Eh, Sam. No llores, aún no me voy.
Samantha- No quiero que te vayas nunca.
Volvemos a abrazarnos. Esta vez yo me encierro entre sus brazos. Apoyando la cabeza en el hueco de su cuello, donde encajo a la perfección. Como si nuestros cuerpos estuvieran hechos a medida. Parece no preocuparle que llene su camisa de cuadros de lágrimas. Mi reacción es un tanto exagerada, pero la idea me ha calado muy a fondo.
Liam- Ven, vamos.
Se pone en pie y flexiona las rodillas a la vez que extiende las manos hacia atrás. Parece que va a echar a volar en cualquier momento, pero entonces se gira para decirme que me suba. Cojo carrerilla y me agarro de sus hombros con los brazos y de su cadera con las piernas. Parezco un koala. Caminamos calle abajo, hacia ningún lugar en concreto. Al menos yo desconozco dicho lugar. Liam no abre la boca durante todo el trayecto sin paradero. Acabamos en un bar de zumos en el que entramos. No hay mucha gente, solo un grupo de adolescentes de unos quince años y una pareja de abuelos enamorados. Me encanta ver parejas de personas mayores notablemente enamoradas. Da fe en la humanidad. Te hace pensar que el amor verdadero existe.
Liam- ¡Hola, Jake!
Jake- ¿Liam? ¡Liam!
Un chico moreno de pelo negro y corto sale de detrás del mostrador para darle un fuerte abrazo a Liam. Parecen buenos amigos. ¿Pero no se suponía que Liam solo me tenía a mí? De pronto recuerdo su rostro. Lleva trabajando dos años en el bar de zumos. Es un chico muy majo que siempre me invita a donuts, pero no recuerdo ninguna clase de relación entre él y Liam. Es normal, ya puestos a que no recuerdo a Liam, es difícil que le recuerde junto a sus amistades.
Jake- Oí lo de vuestro accidente, y leí en Twitter lo de tu amnesia, Sam, ¿cómo te encuentras?
Su gesto de absoluta preocupación me rompe el corazón. Jake es un tipo increíble, conoce muy bien al novio de Ruth, antes iban al mismo colegio. Es un chico que quiere a sus amigos. Recuerdo lo amable que era conmigo, lo atento que fue siempre. Para mí siempre fue un amigo más. Otro amigo más de los tres que tengo.
Samantha- Estoy bien, pero todavía ando un poco perdida.
Jake- Me alegro, espero que te mejores. ¡Bueno, chicos! ¿Qué os pongo? ¿O solamente habéis venido a darle conversación a este pobre pluriempleado?
Liam y yo reímos ante la pregunta retórica de Jake y a continuación cada uno pedimos lo que nos apetece. Hoy tengo antojo de un zumo de manzana y un donut de chocolate. Liam pide un capuccino. Nos indica que nos sentemos donde queramos y optamos por una mesa al lado de la ventana que da a la calle. El silencio que nos invade se rompe con una de mis preguntas.
Samantha- Liam, ¿qué hemos estado haciendo los días anteriores al accidente?
Liam- Cuando volví y me ofreciste tu perdón, decidí que aprovecharía cada segundo estando a tu lado. Y poder recuperar el tiempo perdido. Fueron dos años muy largos, por lo que era difícil volverlos a tener entre nuestras manos. Nos dedicamos a hacer el tonto. La verdad es que fueron dos días escasos, pero dos días increíbles.
Dos días increíbles que no consigo recordar. Cada día odio más mi amnesia. El obstáculo que me supone no me resulta ni atractivo ni deseable. Lo quiero esquivar y pasar de largo, pero continúa ahí, intacto. Queda poco tiempo de juego, y mi memoria no avanza. La laguna que es Liam en mi mente es como una palomita que se queda encajada entre los dientes. Es molesto. Quiero expulsarlo de mí, quiero dejar la vista libre. Mirarle y decir: Sí, yo he vivido largos años de mi vida junto a él. Pero decirlo con seguridad y sinceridad, no como algo que me han comunicado. Y es que todavía no sé por qué es la única persona a la que no recuerdo. Alguien me ha castigado. Por algo que he hecho. ¿El qué? No lo comprendo, quiero acabar con esto, y no puedo.
Jake aparece con nuestro pedido en una bandeja. Nos desea un buen desayuno y desaparece de nuevo detrás del mostrador. Mastico en silencio mi donut, dándole sorbos a mi zumo de vez en cuando.
Samantha- ¿Por qué me has traído aquí?
Liam- Porque este ha sido el lugar de todas nuestras discusiones y conversaciones. Es como un templo del debate.
Le miro extrañada, sin comprender. ¿A qué se refiere? ¿Se trata esto de una discusión? Por el momento no contemplo indicios de ello. Hasta ahora todo ha sido silencio y más silencio. Sin conversaciones mediante miradas de por medio. No me gusta su mirada pedante hacia su capuccino. Decido pedir una explicación cuanto antes.
Samantha- ¿Y sobre qué nos debatimos?
Liam- ¿Merece esto la pena?