Buenas tardes y feliz día de Reyes. No sé si echáis de menos Susurros, pero yo sí. Dude en continuar por si la fastidiaba, pero con esta segunda parte, intento transmitir algo que le hace falta a mucha gente. Conciencia. Susurros [2ª temporada], continúa con la dura vida de una universitaria de Cambridge en la carrera de medicina. La ahora conocida como la novia de Liam Payne, integrante de la famosa boyband inglesa-irlandesa que arrasa entre las adolescentes. La dura separación a supuesto un problema tanto para Liam, como para Sam. Las cosas han cambiado, ahora es reconocida, pero no todo es tan bello como aparenta ser. http://noesmaloser1diferente.blogspot.com.es/
Continuaré la historia en este nuevo blog, donde también he colgado la primera temporada. De momento solamente he publicado el prólogo, y no subiré capítulo hasta que termine toda la novela. Si no es mucho pedir, me gustaría que todas mis seguidoras me siguieran a este nuevo blog.
Muchísimas gracias, espero que os guste.
Susurros.
¿Conoces ese momento en el que todo cambia? Las personas que te rodean, las cosas que te rodean... Tú mismo cambias. Comienzas a tomar decisiones, a errar respecto a ellas. A sufrir. A caer y levantarte. A caer y desplomarte. No es tan bonito como lo pintan en las canciones. Nada es fácil. Deberían de avisarnos de ello. ¿Pero por qué lo iban a hacer? Nadie les ayudó, somos su venganza. Debemos continuar con todo aquello, debemos proseguir. Debemos vivir.
sábado, 5 de enero de 2013
domingo, 28 de octubre de 2012
NUEVA NOVELA.
Vengo para haceros un poco de SPAM. Como 'Susurros' tocó su fin hace poco, he decidido empezar con un nuevo proyecto, llamado '100'. No es un a historia Directioner, es una historia narrada desde el punto de vista de un chico, Óliver Cos, que cuando entró al primer curso de instituto, su hermano y los amigos de su hermano, le propusieron un reto para ser popular. Ahora, Óliver, con sus 17 años, está a punto de conseguirlo, ¿que le deparará la número 100? Pronto lo sabremos.
No os obligo a leer, por supuesto que no, pero si os interesa, os dejo el link de mi nuevo blog -> http://escomovivimos.blogspot.com/ Si queréis, solamente pasaos por allí, echarle un vistazo, y si os gusta, seréis bienvenidos.
Un beso.
No os obligo a leer, por supuesto que no, pero si os interesa, os dejo el link de mi nuevo blog -> http://escomovivimos.blogspot.com/ Si queréis, solamente pasaos por allí, echarle un vistazo, y si os gusta, seréis bienvenidos.
Un beso.
sábado, 20 de octubre de 2012
AGRADECIMIENTOS.
No sé por dónde empezar. No sé cómo deciros que estos han sido los mejores meses de mi vida. Nunca me había planteado aquello de crear una historia hasta el día que vi cómo mis amigas empezaron. Ayudé a una de ellas con el primer capítulo, ella continuó, pero luego la dejó. Me atrajo la idea de las novelas, pensando en si a mí se me daría bien aquel nuevo mundo. Fui bien recibida por parte de todo el mundo. Vosotras, mis lectoras, me pedíais siguiente, y cada 'siguiente', significaba un punto de apoyo, y me obligaba a sonreír. Con esta historia he conseguido conocer a gente increíble y maravillosa. Gente que se ha convertido en mi amiga. Me he unido todavía más al mundo de las Directioners. Esa gran familia que me recibió hace un par de meses con los brazos abiertos. A medida que pasaba el tiempo, más y más gente comenzó a leer mi novela, hasta llegar a las 5.000 visitas a mi blog. Las visitas continuaron subiendo, hasta llegar al día en el que hoy, tengo 15.000 visitas. 15.000 visitas que pienso que no me merezco. O quizás todavía no sea consciente de la cantidad de personas que han leído mi pequeña historia. Gente que lee desde el principio, y gente que se está uniendo a última hora. Para mí son todas igual de increíbles. Todas mis lectoras son las mejores del mundo, porque me han apoyado y me han ayudado a seguir adelante, y no podría pedir algo mejor que aquello. A lo largo de la historia, me he identificado más y más en Sam, la protagonista. La forma en la que esquiva el mundo que le rodea, a momentos me recuerda a mí. Porque quizás no nos parezcamos físicamente, pero personalmente, un poco. Somos torpes, inteligentes, un pelín inmaduras e inexpertas. Cada día veía un pedazo de mí en ella, pequeños detalles los sacaba de mí, hasta formar a un personaje que me ha conmocionado. Luego está Liam. Para mí, recrear a Liam ha sido bastante sencillo. Siempre me lo he imaginado como un chico tímido a simple vista, pero apasionado en cuanto lo conoces. Es romántico, y si le gusta alguien, intentará hacer lo posible por enamorarla. He añadido matices de humor en su personalidad, puesto que he descubierto que es un chico realmente divertido. Ahora me gustaría hablar sobre las enseñanzas y moralejas que intento transmitir. Principalmente es la de las ganas de vivir. Que la vida puede desaparecer de entre tus manos con un simple movimiento. El futuro es incierto, por lo que hay que vivir cada día como si fuera el último. No tenemos que esperar a que la vida nos de un escarmiento para conocer su valor. Otra moraleja, es la de que hay que decir todo aquello que piensas, sin mentiras, sin miedos. Porque, juntando la anterior enseñanza, si mañana desaparece esa persona a la que quieres, ¿no te sentirías vacío? Siempre te faltaría ese momento, jamás podrías rellenar ese hueco. No debemos callarnos las cosas, puesto que no perdemos nada, es mejor sincerarnos. También demuestro que todo el mundo es precioso. Que todo el mundo tiene su belleza, interior o exterior, o ambas. Siempre será más importante la interior, puesto que la belleza atrae, pero la personalidad enamora. Liam y Sam no se han enamorado por una cara bonita, sino por muchos años de experiencia entre ellos. Ese es otro punto que quiero recalcar. El amor. Puede que solamente tenga catorce años, pero sé como es el amor. Lo veo cada día, en mi casa y fuera de ella. El amor no consiste en conocer una persona el primer día, y al siguiente pedirle salir. Eso está mal, al menos desde mi punto de vista. Me considero una persona que cree en el amor, y que él permanece en una parte de nosotros, a la espera de encontrar a la persona adecuada. A parte, es muy complejo, no basta ni un año para formarlo, por algo existe la amistad. Lo que se hace hoy en día ni me gusta ni mes disgusta, puesto que cada persona hace lo que quiere con su vida, pero hoy aquí, estoy dando mi opinión. La juventud de hoy en día utiliza la frase: 'Te quiero', como si de un saludo se estuviera tratando. Yo nunca le he dicho a nadie que le quiero. A mis amigas, a mi familia. Pero nunca a un chico, y si lo he dicho, no lo he dicho de verdad, por lo que me incluyo en el grupo. Un 'Te quiero', de verdad, es algo que tienes que sentir de verdad, por lo que me he prometido no decirlo, hasta que llegue el momento. Si salgo con un chico que al siguiente día me está diciendo que me quiere, pienso dejarle las cosas claras. Creo en el amor a primera vista, pero prefiero consolidar ese amor. El poco respeto al amor lo veo cada día en cualquier novela Directioner. A los dos días, o quizás al primero, o ya se han acostado y ya está embarazada, o ya están saliendo. No os estoy diciendo cómo llevar vuestras novelas, por supuesto que no, pero me hace gracia cómo utilizan las palabras del tipo: ''Siento que te conozco desde siempre, y creo que te quiero''. No, por favor. Cuando llego a ese momento, dejo de leer, siendo quizás el primero. Para ir acabando ya, que creo que lo he dejado bien claro, daros de nuevo las gracias. Gracias por haberos adentrado en este pequeño mundo. Dar las gracias a mis amigas, pero sobre todo a mis lectoras, que se merecen todos mis agradecimientos, porque sin ellas, no soy nada. En serio, os lo debo todo. Absolutamente todo. Gracias por estar ahí, y siento no poder continuar haciendo una segunda parte, pero he decidido que lo mejor es dejarlo en un bonito recuerdo. Pero continuaré escribiendo, el problema es que no será una historia Directioner. Lo siento, tengo varias ideas, una de ella es la de la vida de Amanda Todd. Sé que ya lo he dicho muchas veces, pero gracias de verdad. A vosotras si que os puedo decir que os quiero.
viernes, 19 de octubre de 2012
EPÍLOGO.
Miro mi bonito reloj marrón de muñeca. En él marcan las 07:50. Quedan dos minutos para que el tren salga de la estación y me lleve lejos de aquí, para llevarme a Cambridge. Comenzar una nueva etapa en mi vida. Cumplir mi sueño de salvar vidas, claro está, alejándome de las personas que quiero. Mis familia, mis amigas, y sobre todo de aquel chico que me coge de la mano y que meses después, me resulta extraño el que seamos una pareja. Desde aquel día en el que nuestro sentimientos salieron a la luz, mi mundo dio un giro de 180 º. La experiencia de tener a alguien a tu lado, que te demuestre todo su apoyo y amor, es algo que realmente, no tiene precio. Como era de esperar, nuestra relación se hizo pública, ahora soy conocida como la novia de Liam Payne. Muchas chicas lo aceptan, pero algunas incluso llegan a desearme la muerte, pero ninguna hará que deje de sentir aquello que me invade cuando estoy con él. Soy más fuerte que todo eso, por primera vez en mi vida. En cierto modo estábamos predestinados, en el fondo siempre pensé que algún día nos encontraríamos en esta situación, aunque no en esta exactamente, porque en unos cinco minutos, mi tren saldrá de la estación, y yo tendré que separarme de él. Será muy duro, puesto que él comenzará con la promoción de Take me home muy pronto, y quizás no nos podamos ver en mucho tiempo. No sé cómo sobrellevaré la situación.
Liam- Es la hora.
Samantha- Es la hora.
El vigilante del tren indica que el vehículo se pondrá en marcha en escasos minutos, por lo que me encierro entre los brazos de Liam y escondo la cabeza en su cuello. Antes de separarnos nos fundimos en un profundo beso, lleno de dolor. Me van a quitar a lo que más quiero, y no me parece justo. No quiero que los brazos que en este mismo instante me envuelven, desaparezcan. Mis sueños se rompen en añicos en cuanto se cuela un espacio entre nosotros.
Samantha- No quiero irme.
Liam- Eh, Sam, mírame. No estés triste, te echaré muchísimo de menos, pero recuerda que esto ya no es un juego. Te quiero.
Me besa de nuevo, y entonces nos separamos de verdad. En cuanto pongo un pie en el escalón del vagón, siento como si dejara toda mi vida con aquel chico que me enseñó a amar por primera vez.
Me llamo Samantha Anne Holoway. Tengo 18 años y mi sueño está a punto de cumplirse, pero mi vida dio un vuelco al experimentar aquello a lo que denominan amor. Sufro, vivo, y siento, y jamás cambiaría esa sensación. No es fácil, nada es fácil, pero nadie dijo que lo fuera.
jueves, 18 de octubre de 2012
68. INCOMPLETO.
Extiendo con pereza y pesadez las piernas que acaban de despertar de un dulce sueño. Apoyo los pies sobre el frío suelo de madera y tanteo con los pies en busca de mis mullidas zapatillas. En escasos segundos siento el tacto de la tela en la punta de mis dedos. Se han escondido bajo la cama. Me doblo sobre mí misma para poder alcanzar desde la cama mis zapatillas. Cuando consigo sacarlas de aquel mar oscuro, dejo escapar un suspiro de esfuerzo. Eso de hacer gimnasia de buena mañana, es ajeno a mí.
Subo a duras penas, con mi escasa fuerza mañanera, la dura persiana que me impide apreciar la luz del día. En cuanto alcanza una altura aceptable para iluminar mi campo de visión, me giro para encerrarme en el baño donde comienzo con mi habitual alisamiento. De pronto rememoro la conversación de ayer con Liam. Nos sinceramos de una manera absoluta. En cuanto confirmé aquello que mis labios pronunciaron cuando yacía en la cama del hospital, no dejamos de hablar de otra cosa. Comenzó a decirme que la fama le impedía hacer determinadas cosas, pero no se arrepiente de estar donde está. Su experiencia es para algunos algo inimaginable. Yo le he confesado que no podría ser famosa. La presión de la fama sería superior a mí. No podría aguantar las criticas. Tanto buenas, como malas. Siempre que me hacen cumplidos, lo asocio con las mentiras. Prefiero que no me digan nada. Y críticas malas, ya me hacen caer como una pluma. No soy esa clase de personas a las que no le importa la opinión de los demás. Instintivamente, lo que hago yo es intentar agradar a la gente, y así no he conseguido agradar a nadie. La primera persona que debe estar a gusto soy yo.
Regreso a mi habitación con mi pelo recién peinado y rebusco entre mi armario para dar con algo que me pueda poner. Hoy hace mucho calor, el día es soleado, algo extraño aquí, en el Reino Unido, por lo que hay que aprovecharlo. Saco del cajón unos pantalones vaqueros oscuros y una camiseta blanca con un estampado de diversos colores. Algo alegre, acorde con un buen día. Bajo las escaleras y en la mesa del salón me encuentro con uno de los típicos post-it's de mis padres. "Hemos ido a desayunar con unos amigos, volveremos antes de comer, te queremos". Paso de largo por el estrecho y corto pasillo que lleva hasta la cocina y me preparo un vaso de leche con galletas. En cuanto me termino el desayuno y salgo de la cocina, escucho un sonido. ¿Música, quizás? Agudizo el oído, y, efectivamente, es música proveniente del piso de arriba. Mi móvil. Subo las escaleras con toda la rapidez que mis piernas me lo permiten. Cuando pienso que llego tarde, consigo alcanzar mi móvil y descolgarlo.
Samantha- ¿Sí?
Johanna- ¡Sal por la puerta, ahora!
Finaliza con la llamada sin darme ni un segundo para preguntarle sus motivos. ¿Salir de casa, ahora? Sé que Johanna es más madrugadora que yo, pero no solemos emplear ese tiempo para vernos. Normalmente es por la tarde, o a mediodía. Me guardo el móvil y las llaves en el bolsillo del pantalón vaquero y me pongo las converse. Me gusta ir descalza por casa, sobre todo cuando no hay nadie. Es una especie de liberación.
Bajo las escaleras y cuando llego abajo, agarro el pomo con miedo de lo que me pueda esperar tras esa puerta. La insistencia de sus palabras me hace temer lo que suceda a continuación. Para no hacerlo más duro, abro la puerta de golpe y me encuentro con Ruth y Johanna, sentadas en el bonito coche de Johanna. Me acerco hasta ellas, que me indican que me siente detrás y yo obedezco a sus órdenes. Abro la puerta, me siento detrás del copiloto, que en este caso es Ruth, y me abrocho el cinturón.
Samantha- Estaría bien si me lo explicarais.
Ruth- ¡Es una sorpresa! Y no hagas preguntas, porque no te vamos a contestar.
Cruzo los brazos en señal de resignación y me tomo al pie de la letra las palabras de Ruth y no pronuncio palabra durante todo el recorrido. Ellas ríen, conversan, y cantan las canciones que suenan en la radio. A mi no me hace gracia. Me raptan y no me dicen adónde me van a llevar. Deberían de saber a estas alturas que odio este tipo de cosas, quizás simplemente lo hayan hecho para chinchar. Después de unos diez largos minutos de viaje, contemplo cómo nos acercamos a la costa. ¿Me están llevando a la playa? Ni si quiera llevo bikini, deberían haberme avisado. Después de tres minutos, Johanna aparca el coche y todas bajamos. Me miran expectantes a la espera de que diga algo, pero no tengo ni idea de qué hablar en este contexto de situación.
Johanna- Lo siento, Sam, pero te tenemos que tapar los ojos.
Samantha- ¿Qué? ¿Taparme los ojos por qué?
Ruth me manda a callar mientras Johanna cubre los ojos con las manos. Nublan mi campo de visión al completo y me siento aturdida ante la pérdida de la vista. Intento alcanzar con las manos el brazo de Ruth, el cual tras un par de intentos fallidos, consigo agarrar. Me coge de la mano para guiarme, y en silencio escucho sus órdenes para no tropezar y caer. Después de dar varias zancadas con algún que otro tropiezo, llegamos a la arena. Me hundo en ella y comienzo a andar rápido. De pronto siento cómo ambas paran y Johanna me quita las manos de la cara. Giro la cabeza para ver dónde se sitúan, pero solo las veo corriendo, alejándose de mí. ¿Pero qué sucede aquí? Lo comprendo todo en cuanto contemplo lo que mis ojos tienen delante.
Samantha- Dios mío...
Liam- Feliz no-cumpleaños.
Es una encerrona. Mis amigas me han traído hasta Liam, en la playa. El cual me recibe con una manta de picnic, igual a la que usamos días anteriores, pero en ella hay muchas cosas. Hay chuches, muchas chuches para mí. Refrescos, algo para picar y en medio de todo el barullo, una gran tarta de chocolate, fresas y nata. Liam estaba hace unos segundos de rodillas junto a la tarta. Pero ahora se encuentra de pie, enfrente de mí con los brazos abiertos. No entiendo nada de nada. ¿Qué quiere decir esto? ¿Es parte del juego? ¿Una tarta? ¿Es una guitarra eso que veo tras las millones de bolsas de chuches? Creo que sí. Acepto su abrazo, todavía confusa ante la situación, puesto que se torna muy extraña para mí. No entiendo nada, aun así, acepto la bolsas de ositos de gominola que me ofrece. Ambos nos sentamos en un pequeño hueco de la manta de picnic y comienza a hablar.
Samantha- ¿Qué quieres decir?
Liam- Una de las cosas de las que más me arrepiento es de no haber pasado tu 18 cumpleaños contigo. Ni siquiera te felicité por una llamada, ni por un mensaje. Todo por culpa de mi estúpido plan. Desde los 13 años estamos diciendo que en el día en que cumplieras 18 años, vendríamos a la playa y nos comeríamos entre los dos una tarta de chocolate, fresas y nata. Sam, siento haber llegado tarde. De verdad que lo siento. Felicidades.
No puedo hacer otra cosa que llorar y abrazarle. Me ha demostrado ser la persona más importante de mi vida con esta clase de cosas. Todo su arrepentimiento me hace ver cómo le duele todo aquello que hizo. Las malas decisiones le hicieron perder cosas, pero yo hice bien en aceptar sus disculpas, porque si no, ahora mismo esto no estaría sucediendo. Nuestras decisiones percuten especialmente sobre nuestro destino. Siempre hay momentos buenos y momentos malos, y la forma en que reaccionemos ante ellos, nos llevará a un lugar o a otro.
Por fin me separo de él y me seco las lágrimas que cae por mis mejillas con el dorso de la mano. Liam me regala una media sonrisa que me anima a parar con mi llanto. Saca un plato de entre el gran cúmulo de comida y utensilios y nos corta un trozo de tarta a cada uno. Me entrega el plato junto a un tenedor y comienzo a degustar entre lengua y paladar el dulce sabor de la mezcla del chocolate, la nata y las fresas. Está realmente buena. Nos terminamos cada uno su porción y sin razón, comienzo a hacer un castillo de arena. Liam se une y con un vaso de plástico trae agua. Al cabo de un rato, toda la arena y agua acumulada, acaba entre nuestra ropa. Saca unas servilletas y con ellas intentamos deshacernos del barro que ha formado nuestro mezclijo.
Samantha- Por cierto, ¿y esa guitarra?
Liam- ¿Qué guitarra? ¡Ah! Durante el Tour, Niall me enseñó a tocar un poco la guitarra. No se me da nada bien, pero me gustaría cantarte algo.
Me siento de nuevo sobre la manta, dejando un pequeño rastro de arena, y contemplo cómo agarra la guitarra por el mástil y se la cuelga por detrás. Observo cómo sus manos tiemblan, le da vergüenza. Pero en cambio puede cantar delante de millones de chicas. Es irónico y contradictorio. Al final retoma la compostura y comienza a tocar acordes. Sumida ante el sonido realizado por el instrumento y sus manos, comienza a entonar una canción. Hasta el momento no había conseguido escuchar tan cercanamente su voz, es profunda, sentimental y preciosa. Me late el corazón a mil, y está a punto de explotar. De repente siento algo extraño, la canción que canta me resulta familiar. Creo que la conozco. ¿La conozco? Escucho varias frases más y abro los ojos de par en par, el corazón se me para y dejo de respirar por unos segundos.
Moments.
Liam. Liam James Payne escribió esa canción para mí. Hace mucho tiempo, en El Claro del Tocón. Me emocioné tanto que comencé a llorar, y recientemente soñé con ese momento. He pasado dos años horrible, sintiéndome abandonada y traicionada. Me dejó de lado, o eso pensé, pero después de dos años me confesó que fue por una estúpida idea. Conozco a Liam desde los 4 años. Ambos nos defendimos, fue por supervivencia por lo que ahora estamos juntos. Hemos asistido a todos los bailes del colegio juntos. Me salvó la vida cuando estábamos jugando en el parque al fútbol y un niño me lanzó una pelota contra el pecho y me dejó inconsciente. Liam fue aquel chico al que yo apoyé a cumplir su sueño, y más tarde, en cierto modo, me arrepentí. Pero ahora le tengo aquí, a él y a todos nuestros recuerdos, juntos. La noche del accidente. Íbamos en el coche, me extrañó que parase en medio de la carretera para contarme algo, recuerdo por donde iba su confesión. Liam James Payne Smith. Aquel chico del que llevo enamorada desde que le escuché cantar por primera vez.
Al ver mi cara de sorpresa y agitación, deja de cantar y tocar. Se acerca a mí con gesto preocupado. No tengo ni idea de cómo contarle que le recuerdo. De decirle que ya no tenemos que continuar con el juego, que los '10 días', han funcionado. Me ha ayudado a recordar, y las palabras no me salen. Estoy perpleja y llena de emoción y alegría. ¿Cómo reaccionará?
Samantha- Liam, tengo que decirte algo...
Liam- Estoy cansado de hablar.
Y acto seguido, ante la corta frase que me ha descolocado por completo, siento cómo sus labios presionan los míos de la forma más dulce que jamás me podría haber imaginado. No sé qué hacer ni cómo hacerlo, pero todas mis preocupaciones desaparecen cuando todo surge instintivamente. Le acaricio el pelo y me agarro a su cuello. Este momento me resulta por una parte, ajeno, pero por otra parte, como algo que llevo esperando desde hace mucho, y por fin, ha sucedido. Y no es nuestro primero beso, pero si nuestro primer beso de verdad. Mis dudas de si me quería o no, han sido mitigadas por la verdad. Por fin obtengo una respuesta convincente. Sin dudas. La completa verdad. Se separa de mí unos escasos centímetros para poder mirarme, darme un pequeño beso en la mejilla, y sonreír. Yo también sonrío. Es el mejor día de mi vida.
Liam- Te quiero.
67. RESOLUCIÓN.
Remuevo con desgana las mollas de la lubina que estaba degustando hace un minuto. Lo primero que ha hecho mi madre al llegar a casa, ha sido encerrarse en la cocina para preparar su plato estrella: La lubina al horno con salsa. Tiene un secreto, una receta secreta que convierte a cualquier insulso pescado en una obra maestra. Una vez se me ocurrió la idea de preguntarle qué ingredientes contenía dicha salsa. Su respuesta fue un misterioso: "Secretos de madre". Dudo mucho que preparar una salsa sea uno de los gajes de ser madre, la cosa está en que no quiere contarme nada. Dejo el tenedor tumbado sobre plato y me retiro de la mesa en silencio. Mis padres no han pronunciado palabra en toda la comida. Normalmente tenemos unas conversaciones alegres, en las cuales hablamos sobre el día de cada uno. Casi siempre sacamos un tema de conversación que nos hace reír, ya sea por los gases repentinos de mi padre o los distintos tonos de voz de mi madre. Siempre sacamos los defectos a la luz durante la comida, convirtiéndolo en algo de orgullo. Quizás no tanto como eso, pero lo miramos de buena gana.
Dejo el plato, vaso y cubiertos sobre el interior del fregadero, no sin antes enjuagarlos en agua para que los restos de comida no se adhieran a la vajilla. Subo pensativa las escaleras hasta llegar a mi habitación, donde me cierro la puerta detrás de mí. Permanezco en pie, contemplando nada en concreto, mi mente está sumida en pensamientos inexactos. No concuerdan con la situación, y es que no hay situación alguna, eso es lo extraño. Consigo salir de mi ensimismamiento y pienso en lo que puedo hacer a continuación.
Enciendo mi ordenador portátil y me siento en la cama posándolo sobre mi regazo. No tarda en cargar, y al instante aparece el menú de usuarios. Únicamente existe el mío, por lo que me resulta innecesario dicho menú de selección. Inicio sesión tras teclear la contraseña y abro una ventana de Internet.
El vernos llega a su fin, y yo ya tengo mi plaza en la universidad y mi residencia. En cuanto recibí la carta de admisión a Cambridge, no dudamos en ir en busca del que sería mi futuro hogar durante todo el curso. Mi padre y yo estuvimos visitando las incontables estancias en residencias, puesto que alquilar un piso estaba fuera de nuestro presupuesto. En cada una de las residencias nos recibieron con los brazos abiertos. Mis únicas prioridades eran las de que tuvieran aseo propio en las habitaciones y servicio de comedor, porque entre que soy una negada para la cocina y que no quiero perder el tiempo aprendiendo a cómo evitar la situación. Después de un buen tiempo en su búsqueda, al final encontramos la residencia perfecta. Se encuentra justo al lado de la facultad de medicina, por lo que no tengo que andar prácticamente nada, eso es un punto a favor. También buscaba una copistería cercana, donde poder realizar fotocopias, y una se sitúa en la siguiente manzana. Servicio de comedor, baño propio, ¿pero cuál es la pega? Que se trata de habitaciones compartidas.
El vernos llega a su fin, y yo ya tengo mi plaza en la universidad y mi residencia. En cuanto recibí la carta de admisión a Cambridge, no dudamos en ir en busca del que sería mi futuro hogar durante todo el curso. Mi padre y yo estuvimos visitando las incontables estancias en residencias, puesto que alquilar un piso estaba fuera de nuestro presupuesto. En cada una de las residencias nos recibieron con los brazos abiertos. Mis únicas prioridades eran las de que tuvieran aseo propio en las habitaciones y servicio de comedor, porque entre que soy una negada para la cocina y que no quiero perder el tiempo aprendiendo a cómo evitar la situación. Después de un buen tiempo en su búsqueda, al final encontramos la residencia perfecta. Se encuentra justo al lado de la facultad de medicina, por lo que no tengo que andar prácticamente nada, eso es un punto a favor. También buscaba una copistería cercana, donde poder realizar fotocopias, y una se sitúa en la siguiente manzana. Servicio de comedor, baño propio, ¿pero cuál es la pega? Que se trata de habitaciones compartidas.
La comunicación no es lo que se dice mi punto fuerte. Soy una persona muy maniática y estoy completamente obsesionada con el orden y la limpieza. En cuanto encontré el momento, le supliqué como pude al decano que me asignara a alguien decente y con buena educación. Su expresión no transmitía ningún gesto de cesión, pero su mirada reía ante mis inútiles súplicas. Es un tema realmente delicado para mí y no me gusta que la gente lo infravalore.
Tecleo con soltura la página web de la residencia y vuelvo a ver, pro milésima vez, la estancia que me espera en Cambridge. El cuarto es realmente amplio, normal, puesto que está construido para dos personas. Siempre me pregunto cómo será mi futura compañera. Una chica tímida como yo, sería lo mejor. Ambas nos defenderíamos en el campus. Porque las nuevas amistades son un punto de vista que nunca antes había contemplado. Quizás allí encuentre a otra Ruth, o a otra Johanna. Puede ser que cuando comience, me convierta en una persona sociable y extrovertida que haga muchos amigos. Son pequeñas ideas que me obligan a esbozar pequeñas sonrisas. Me dolerá lo inimaginable tener que separarme de mis amigas, pero es ahora cuando comienzan nuestras vidas. Y quizás encuentre a una Ruth y a una Johanna, pero, ¿y un Liam? De él también me separo. Él continúa su vida de estrella del pop y yo la mía como nueva doctora en prácticas. Vidas diferentes, totalmente separados. Por muchos consejos que me sean aportados, en un lugar no muy profundo de mí, que más bien escarba la superficie de mi ser, continúa una Sam temerosa a aquella idea.
Continúo la tarde realizando justamente lo mismo que ayer. Mientras dibujo en un cabalo, como el de mi anterior sueño, cabalgando por un precioso prado diferente al que recordaba, pienso en la charla que ésta mañana. Hoy es el día nueve, y sigo como si nada hubiera ocurrido ni percutido. He recordado simplemente dos cosas que no tienen ningún valor para mí. Seguramente era por esa razón por la que Liam se planteó seriamente el significado y las metas de todo aquello. Por un lado lo entiendo y le comprendo, pero por otro, permanece esa chispa de fe que me ayuda a seguir adelante. Mi fe disminuye a medida que transcurre el tiempo.
Son las 20:34 cuando comienzo a esuchar ruidos extraños e indescifrables de un lugar que no consigo percibir. Es como un timbre. Vuelve a sonar, y esta vez sé de dónde proviene. Me pongo en pie y me asomo por la ventana de mi jardín trasero para dar lugar a que mis ojos vean a un Liam silbante que me mira de forma y gesto divertidos. Con un gesto de la mano me indica que baje para reunirme con él, y sin dudarlo por un segundo, me adentro de nuevo en mi cuarto y bajo corriendo las escaleras para salir por la puerta trasera. Liam me espera sentado en el césped y con una ancha sonrisa. Me siento a su lado contemplando el oscuro manto que es a estas horas el cielo.
Sam- ¿Qué te trae por aquí a estas horas?
Liam- Quería comentarte algo.
Contemplamos ahora los dos el cielo ausente de estrellas. Si no hubiera tanta contaminación lumínica, eso no sucedería, y ahora el lienzo oscuro que es el firmamento estaría regado de estrellas. La brisa es suave y persistente y me acaricia el pelo removiéndolo en distintas direcciones. El aire fresco me relaja. Debería de salir al jardín mas noches para tomar un poco de aire fresco.
Liam- El último día que estuve hablando contigo en el hospital, me dijiste que te habían abierto los ojos de la manera menos deseada del mundo. Que habías comenzado a valorar realmente la vida y cada uno de sus días, y que querías exprimir todo su jugo. Que querías vivir experiencias conmigo, ¿me equivoco?
No me mira directamente a los ojos formulando aquella pregunta. Pero no es por vergüenza o miedo, es porque está encandilado observando el completo color negro del cielo que acecha sobre nosotros. Es raro que anochezca a estas horas en pleno verano. Con que una duda no ha podido tranquilizarle, a saber desde cuando le pasa por la mente. Ha necesitado solucionar una cuestión que merodeaba dentro de él, más que una cuestión parece una afirmación, por el tono de voz que ha utilizado al realizar la pregunta. Simplemente ha venido hasta mí para que confirme aquello que duda. ¿Por qué no tengo yo el valor de hacer lo mismo?
Samantha- No quería, quiero.
martes, 16 de octubre de 2012
66. IRREAL.
Me encuentro en un verde prado, lleno de flores. Es un bonito día soleado y camino por la hierba recién cortada. Una suave brisa recubre todo el espacio físico natural en el que me encuentro. Contemplo con los ojos entrecerrados el manto azul que forma el horizonte. No se divisa más allá de un bosque que rodea el extenso prado. Respiro hondo, intentando encerrar toda esta fragancia que me envuelve. Comienzo a escuchar un ruido proveniente de mi izquierda. Especulo sobre lo que se puede tratar, pero no necesito esperar mucho para ver cómo un esbelto caballo de crines blancas cabalga hacia mí. Es especialmente grande. Cuando llega trotando hasta donde me encuentro, siento la necesidad de montarlo, por lo que me agarro a su lomo con todas mis fuerzas, y con una fuerza inexistente en mí, consigo posarme encima del corcel. En mi vida he cabalgado, pero es como si lo llevara en las venas. Sé dónde tengo que colocar los pies, cómo mantener el tronco, y cómo hacerlo andar. En menos de veinte segundos, corre alegre por el campo, el caballo reímos. Él más bien, relincha. Siento una absoluta apacibilidad, tranquilidad y parsimonia. De pronto, no sé ni cómo ni por qué, caigo de mi bonito caballo blanco.
Samantha- ¡Ah!
Ya conozco el por qué. Estando dormida, he caído al suelo, de culo. Me duele el coxis, el cual froto intentando calmar el pinchazo. Intento, a duras penas, ponerme en pie y después de unos cuantos intentos fallidos, lo consigo. Me continúo frotando con la mano, pero es inútil. Me giro, con rostro dolorido para ver la hora. Son las once de la mañana. Vaya. ¿Cómo un sueño tan corto puede durar tantas horas? Siempre me lo he preguntado. Los sueños parecen más cortos de lo que realmente son. Es desconcertante.
Camino arrastrando los pies hasta el baño. Me lavo la cara, todavía con los ojos cerrados y me peino. Hoy no tengo el pelo tan enredado como el resto de los días. No me quedaré calva intentando dejarlo como siempre. Vuelvo a mi habitación ya más despierta y consciente del mundo que me rodea y abro las puertas de mi pequeño armario de par en par. De él saco un pantalón negro corto y una camiseta de manga corta marrón con la cara de Jerry. Cada vez que veo esa camiseta no puedo evitar recordar aquellos bonitos tiempos en los que veía aquellos dibujos animados. El ratón siempre fue el mejor para mí, por lo que no dudé en comprarme la camiseta en cuanto la vi. Me pongo unza zapatilla bajas marrones y salgo por la puerta para bajar a desayunar. En cuanto bajo las escaleras, me adentro en la cocina, donde me encuentro a mi padre sorbiendo su café.
Paul- Buenos días, cariño. Hoy te has despertado tarde.
Samantha- Creo que podría haber dormido más si no me hubiera caído de la cama.
Mi padre se ríe ante mi comentario, no sé si se lo ha tomado como una broma, o porque simplemente le hace gracia que su única hija se caiga de la cama. Sale de la cocina con su café en mano y escucho cómo enciende la televisión. Decido prepararme un bol de cereales con leche, el cual me tomo en la mesa del comedor. Miro sin ver nada la televisión del comedor. Es decir, estoy mirando la pantalla, pero no le presto atención. En menos de cinco minutos me termino mi posal de cereales y subo para lavarme los dientes.
Qué raro, no he recibido señales de Liam. Ni ayer, ni hoy. Le daré una sorpresa e iré yo a su casa para mostrar entusiasmo y que no se le vuelva a pasar por la cabeza esa estúpida idea de dejar el juego. Me despido de mi padre con un beso en la mejilla, avisándole de que volveré sobre la hora de comer, y salgo por la puerta de la entrada para encaminarme hacia la puerta de Liam. ¿Todavía no han vuelto sus padres? Menudas vacaciones. Toco el timbre y en menos de diez segundos me recibe con una de sus resplandecientes sonrisas.
Liam- Iba a ir en seguida, no me ha sonado el despertador y me he quedado dormido.
Con que se pone el despertador para poder quedar conmigo y ayudarme. Nunca lo había pensado. Creí que le salía espontáneamente, como a mí. Pero es que lo mío no es normal. Toda la gente de mi edad y de menos se despierta a las doce del mediodía, como poco.
Desaparece tras la puerta y yo me asomo para ver el interior de la casa y le busco con la mirada. Está agachado enfrente de la mesa del café revolviendo entre objetos los cuales no consigo identificar. Alza la mano con unas llaves en ella y se pone en pie para salir de la casa. Le dejo espacio para que pueda cerrar tranquilamente y se pone enfrente de mí. ¿Qué son esas llaves? No parecen las de su casa.
Liam- Ayer por la tarde me trajeron el coche del taller. Ya está arreglado. Adivina de qué vamos a hablar hoy.
Samantha- El accidente.
La forma fría en la que lo he pronunciado me asusta hasta a mí. Liam asiente y me conduce hasta el garaje del cual se abren las puertas para dar paso a dos coches. El que Liam ha estado usando hasta ahora, y su coche negro. Le quita el seguro y me indica que me siente. Sinceramente, me da miedo volver a subirme a este coche. Todavía tengo la fuerte luz grabada en mi memoria, toda aquella mala experiencia jamás será olvidada por mí. La naturalidad con la que se pone de copiloto me resulta alarmante. ¿No se da cuenta de que me resulta duro? Con cuidado abro la puerta del copiloto y me siento en el sillón. Me toco los muslos con nerviosismo. Siento claustrofobia, me pongo el cinturón al instante.
Liam- Sam, mírame. No va a pasar nada, ¿de acuerdo? Confía en mí.
Asiento con la cabeza, pero sin atreverme a mirarle. No sé si puedo cumplir lo que me pide. No puedo mirar a esos ojos lo cuales su intención es calmarme, pero lo que me van a hacer es llorar. Debo ser fuerte y conocer la historia entera, porque solo recuerdo el momento en el que acabó todo. Reúno toda la fuerza de voluntad que reside en mí y le miro. Me coge de la mano para acariciarme y mi respiración comienza a regularse.
Arranca el coche. Nos ponemos en movimiento y conseguimos salir del garaje. Intento mantener la menor conversación posible, aunque después de quince minutos de paseo, ya no me tengo que agarrar al cinturón. Relajo las manos y por fin me siento más segura. Quizás su intención era quitarme el miedo, y lo está consiguiendo. Cinco minutos después, para el coche enfrente de un parque lleno de niños que corretean y juegan en los columpios y toboganes. Qué buena edad. Aquella en la que puedas hacer de todo, sin que te digan nada. Lo que daría por volver a ella. Apaga el coche y ambos bajamos de él. Nos acercamos a un banco en el cual nos sentamos.
Liam- ¿Mejor? Quería ayudarte a superar el miedo cuanto antes. Veamos, todo sucedió en el mismo día que los buenos días con las piedrecitas en tu jardín trasero. Esa noche decidimos salir a pasarlo bien, y fuimos en coche hasta el centro de la ciudad. Cuando bajamos de él, un grupo de chicas me identificó como Liam Payne, y tuvimos que correr. Nos escondimos en un callejón donde conseguimos esquivarlas. Después fuimos a una pizzería y compramos unas pizzas para llevar, ya que vimos que no fue buena idea lo de ir a un sitio tan público. Cogimos el coche y nos comimos las pizzas en este mismo banco. Seguimos hablando hasta que se hizo tarde y volvimos a casa. Tú decidiste no ponerte el cinturón por una broma que había hecho antes de salir. Paré en medio de la carretera para decirte algo. Fue mala idea. Todo fue por mi culpa.
Con que aquella es la historia. Paró en medio de la carretera y yo iba sin cinturón por una mísera broma. No fue culpa suya, yo participé, si me hubiera puesto el cinturón no estaría padeciendo ahora mismo esta odiosa amnesia.
Samantha- ¡No te eches las culpas! Por cierto, ¿qué me quisiste decir?
Liam- Que te pusieras el cinturón
Suscribirse a:
Entradas (Atom)