jueves, 30 de agosto de 2012

27. MIEDO.


Corro hacia delante. Sin un punto fijo. No hay horizonte. Todo es de un color rojo oscuro. Como la sangre. Tengo la sensación de que debo huir. Huir hacia ninguna parte. Y es que aquí no hay nada. Estoy pisando un suelo invisible. Puedo estar cayendo y no enterarme. Pero aún así corro. Oigo cómo alguien susurra algo. Es como una especie de siseo. Cuanto más corro más nítido lo oigo. Quizás me esté adentrando hacia el mal en vez de evitarlo. Pero ahora mis piernas no pueden dejar de moverse. No obedecen a mis ordenes. Ahora oigo lo que dice esa voz desconocida: "Sam". Pronuncia mi nombre en un susurro. Al mirar hacia delante aparece un pequeño estanque. Rodeado de pequeños árboles. Sería muy normal si no fuer porque el estanque no está lleno de agua, no de un líquido rojo. Del mismo color que las paredes. Sangre. Me acero lentamente hacia el estanque y oigo de nuevo cómo esa voz desconocida pronuncia mi nombre. Ahora tiene una forma más humana, lo de antes me recordaba a una serpiente. Me acerco, atraida por el sonido de esa voz, al estanque. La voz no me resulta ya tan desconocida, creo que es de alguien conocido. Me acerco más al estanque, es sorprendente que no apeste a oxidado, huele a agua, pero tiene la densidad de la sangre.
Voz- Es la hora del juego.
Y de pronto caigo de cabeza al estanque lleno de sangre. Se me mete por la nariz, hasta llegar a los pulmones y ahogarme. Ahora sé de quién es esa voz. Liam. Entonces me despierto. Estoy completamente sudada. La sábana está a los pies de la cama y no hay nadie a mi lado. ¿Y Liam? Se habrá despertado antes que yo para desayunar. Miro la hora en el pequeño despertador de Batman que tiene. 09:34. Una hora normal. Me agarro la cabeza porque noto como si todo se moviese. Me duele. Me incorporo para desperezarme pero el simple ademán de intentarlo me obliga a tumbarme de nuevo. Me siento mareada. Será la impresión del sueño. Estoy impactada. Notaba de verdad cómo se me llenaba la boca y la nariz de sangre. He sentido cómo me ahogaba. Ha sido un sueño muy desagradable. Cierro los ojos para que se me pase el mareo y al abrirlos todo está donde debe estar. Nada se mueve y ni siquiera se me nubla la vista. Habrá sido una bajada de tensión. Me incorporo de nuevo, esta vez con buenos resultados, y ando descalza hasta el baño. Lo último que recuerdo antes de dormirme era cómo Liam de daba un beso en la cabeza y me decía: "Buenas noches, princesa". Eso fue precioso. Me sale una sonrisa nada más pensarlo.
Me lavo la cara y me la seco con una toalla. Rebusco entre los cajones hasta encontrar un cepillo y me peino el pelo como puedo. Está lleno de enredos. Al final me rindo y lo dejo más o menos cepillado. Voy aceptable. Pero tirando a mal. No me quito la camiseta de béisbol. Es realmente cómoda y fresquita. Bajo los escalones con pequeños saltitos, y en uno de esos pequeños saltitos caigo de culo por las escaleras.
Liam- ¿Sam? ¿Qué pasa?
La situación me parece tan cómica que no puedo evitar reirme. Estoy tumbada en vertical sobre las escaleras riéndome como una loca. Así evito el dolor que siento en mi trasero. Liam viene corriendo de la cocina. Lo sé porque lleva ese delantal tan bonito. Me ayuda a incorporarme y me obliga a sentarme en un escalón como una persona normal. Él se sienta en un escalón más abajo mirándome a la cara. Yo sigo riendo como si no hubiera pasado nada.
Samantha- Me duele el culo.
Liam- Eres una torpe, ¿qué hacías?
Samantha- Bajar las escaleras, ellas y yo parecemos no llevarnos muy bien.
Sigo riéndome. ¿Qué me pasa? No puedo parar. Es como si me hubiera quedado enganchada. ¿Y si me quedo así para siempre? Qué cosa más incómoda. El imaginarme la situación me parece todavía más cómico y río con más fuerza. Liam me mira con una sonrisa. Soy tan estúpida que sirvo de espectáculo. Que me metan a un circo. Al final me quedo callada mirando a Liam. Ahora no puedo dejar de sonreír. Y el me sonríe a mi. Es tan guapo. Me dan ganas de despeinarle el pelo. Y sin pensarmelo dos veces lo hago. Empieza a reirse y me coge en brazos.
Samantha- ¡Bájame, bájame!
Liam- Esto te pasa por despeinarme.
Me baja por los escasos escalones que quedan y me lleva hasta la puerta trasera de la casa. ¿Qué pretende? ¿Adónde me lleva? Empiezo a pegarle patadas al aire sin resultado alguno. Quiero bajarme, no me fío de él. Abre la puerta mientras me sujeta con la otra mano y al mirar al jardín trasero veo una pequeña piscina de estas hinchables de jugete para niños, hasta arriba de agua. No puede ser.
Samantha- Ni se te ocurra. ¡No, Liam, para!
Se está acercando más a la piscina, ahora estoy segura de que lo va a hacer. Está mirando la piscina con gesto malvado. Oigo cómo cuenta hasta tres y entonces me lanza a la pequeña piscina. Me zambullo en el agua e intento sentarme pero de pronto veo cómo Liam se lanza detrás de mi. ¿Cómo se le ocurre? Ni siquiera llevamos bañador. Esto es dar los buenos días, sí señor. Vuelvo a reirme como una loca y le pego puñetazos suaves en el hombro. Él se llena las manos de agua y me la echa en la cara. Yo le salpico como puedo pero al final vaciamos la piscina.
Liam- Buenos días.
Samantha- Eres idiota.
Me coge por la cintura y me obliga a sentarme sobre su regazo. Los dientes me empiezan a castañear, el agua está helada. Me froto los muslos con las manos para intentar entrar en calor, pero mis manos también están heladas. Con lo que yo soy seguro que me pongo enferma. Toso un poco para despejar la garganta y se me pasa. Me giro para mirar a Liam y le paso los brazos por el cuello. Le obligo a mirarme a los ojos, aunque no hace falta porque no ha dejado de hacerlo en todo el tiempo.
Samantha- Bueno, ¿qué me tienes preparado para hoy?
Liam- Seguiré contandote cosas de nuestra infancia, pero ya cuando teníamos 8, 9 años.
Asiento con la cabeza y me pongo en pie dentro de la piscina. Al poner un pie en la hierba el agua que chorrea de mi pelo cae al suelo. Me muero de frío. ¿No hay una toalla por aquí? Busco con la mirada el tendedero, pero está vacío. Empiezo a dar saltitos para que no se me congelen los pies. ¿Pero con qué ha llenado la piscina? ¿Con cubitos? No aguanto más, me meto dentro de la casa mojando el suelo de madera. Corro hasta el baño y cojo una toalla. Lo mejor será que me dé una ducha caliente. Me deshago de la camiseta de béisbol que está empapada y la dejo sobre el lavabo. Liam me ha dejado una camiseta, pero no ropa interior, y creo que de eso no me puede dejar. Me meto en la ducha cuando veo que empieza a salir el agua caliente. Qué sensación de felicidad, lo necesitaba. El agua caliente recorriendo mi cuerpo hasta llenarlo de su calor. Es realmente placentero. Al abrir las cortinas de la ducha veo que alguien abre la puerta del baño. Me escondo rápidamente de nuevo para que no me vea.
Samantha- ¡Liam, que estoy desnuda!
Liam- ¡Perdón, perdón! No había oído caer el agua. No sabía dónde te habías metido.
Samantha- Podrías haber llamado a la puerta, ¿no?
Asomo el brazo para alcanzar la toalla y noto que Liam me la entrega. Le doy las gracias y me envuelvo en ella. Cuando lo hago abro las cortinas de nuevo, esta vez para salir. Liam no me mira. Veo que se ha puesto rojo. ¿Esta situación le resulta más incómoda a el que a mi? No me lo puedo creer, soy yo la que está desnuda. De pronto caigo en llo que estaba pensando mientras me duchaba. Ahora me da corte.
Samantha- Liam, no tengo ropa interior.
Por fín Liam se gira y veo que se ha puesto todavía más rojo. Vaya, no sabía que podía llegar a ser tan vergonzoso. ¿No tiene dos hermanas? ¿Nunca las ha visto con una toalla? Bueno, yo no soy su hermana. La situación me parece tan graciosa que suelto sin querer una pequeña carcajada, Liam me mira atónito, ya tiene un color más humano. Desaparece detrás de la puerta sin decir nada y cuando vuelve veo que trae mi ropa de ayer.
Liam- Puedes usar la ropa interior de mis hermanas, a lo mejor te viene. Busca en su armario.
Lo dice tan bajito que me cuesta entenderle, pero al final capto el mensaje. Desaparece de nuevo detrás de la puerta. La verdad es que me hacía todavía más gracia la situación porque él aún iba mojado y con el delantal. Al recordarlo empiezo a reír de nuevo. Estoy loca. Me empiezo a secar con rapidez y me vuelvo a anudar la toalla alrededor del cuerpo y salgo del baño para entrar a la habitación de sus hermanas. Tienen un gran armario empotrado que ocupa una pared entera. Menuda exageración. Voy a tardar una vida en encontrar la ropa interior. Abro la primera puerta y veo abrigos colgados, abajo hay tres cajones pequeños. Los abro todos y solo encuentro bufandas, gorros y guantes de todos los colores. Descarto esta puerta y abro la de al lado. Veo un traje. Al sacarlo veo que es un traje de princesa. Es una monada, lo guardo en su sitio con una sonrisa. En esta puerta hay cuatro cajones. Abro los cuatro y aquí está la ropa interior. Cojo las primeras bragas que pillo y un sujetador negro y me los pongo. Perfecto. El sujetador me queda un poco grande, como era de esperar, pero no se nota mucho. Vuelvo al baño para ponerme mi ropa y me dejo el pelo secar al aire. No tengo ganas de secarlo.
Bajo las escaleras con cuidado para no caerme de nuevo y al llegar al bajo huelo algo caliente y dulce. ¿Qué está preparando? Me asomo a la cocina y veo a Liam a espaldas de mi con una sartén en la mano. Tortitas. Cojo aire para llenarme los pulmones de ese delicioso aroma. Me acerco por detrás sin hacer ruido y le pego un susto. Ni se ha inmutado. Veo que empieza a reirse por lo bajo. O me ha visto o me ha escuchado.
Samantha- Jó, quería darte un susto.
Liam- Plan fallido.
Pongo cara de enfurruñada y al verme Liam me da un beso en la nariz. Me veo obligada a quitar la cara de perro, porque con este chico es imposible no sonreír. Veo que se le ha quitado la vergüenza. Me da la sensación de que lo ha pasado realmente mal antes. Veo que apaga el fuego y cambia las tortitas de la sartén al plato. Yo cojo el bote de sirope de chocolate que hay para llevarlo a la mesa del salón. Al girarme veo que Liam no tiene intención de desayunar en la mesa y vuelvo a coger el bote. Voy detrás de él y salimos fuera. Veo que está de nuevo la manta de picnic de ayer y corro para sentarme. Liam deja el plato en medio de la mantita y vuelve a la casa para aparecer de nuevo con dos vasos y un cartón de leche.
Liam- Hoy te contaré la historia de cómo fue nuestra primera acampada. Sí, ¿tú y yo en el campo? Puro peligro. Teníamos 8 años. Mis padres tenían unos amigos con una casa enorme en el campo, y yo les convencí de que te vinieras conmigo para que no me aburriese. Al final accedieron. Los dueños de la casa pasaban más tiempo fuera que dentro de ella. Siempre salían a pasear por el bosque. La noche que llegamos nos dijeron que íbamos a dormir al aire libre. No nos habíamos traído las tiendas de campaña, por lo que nos dejaron unas y tú y yo tuvimos que dormir juntos. Antes de dormir el hombre, que creo que se llamaba Henri, empezó a contar una historia de miedo mientras se tostaban las nubes en el fuego. Era una historia sobre un monstruo que habitaba por estos bosques, no muy lejos de aquí. El monstruo salía todas las noches a las 12 de la madrugada para secuestrar a los niños que se quedaban a dormir hasta tarde. Ambos pasamos tanto miedo con la historia que llegamos a temblar. Cuando nos mandaron a dormir a mi se me pasó un poco, pero tú tenías el mismo miedo o incluso más. Recuerdo que cuando nos metimos en la tienda te cogí de la mano para tranquilizarte. También recuerdo lo que te dije:
<<Liam- Jamás permitiré que alguien te haga daño.>>

miércoles, 29 de agosto de 2012

26. EXPECTACIÓN.


Plato. Cuchillo. Plato. Vaso. Cuchillo. Plato. Plato. Estoy fregando con parsimonia los platos y cubiertos ahora que Ruth y Johanna se han ido. Mientras tanto recuerdo la conversación en el salón. El comentario de Ruth me dejó completamente en blanco. ¿Bonita pareja? Pero lo que me sorprendió de verdad fue el comentario de Liam: "Yo también lo pienso". Menuda forma de insinuarse. Me quedé calladísima después de eso. No sabía qué decir, no me salían las palabras. ¿En serio pensaba eso? En cuanto lo dijo me puse roja como un tomate, pero me escondí detrás del cojín para ocultarlo. Después de eso Johanna no dejaba de decir cosas del tipo de: "Bueno, Sammy, ¿y a qué esperas?". Liam se reía con ellos, pero yo me atragantaba. A lo mejor es simplemente una broma. Algo divertido. No lo pensará de verdad, simplemente sería para hacer la gracia. Aunque Ruth y Johanna parecen pensar que hacemos buena pareja de verdad. Y ahora que lo pienso. Yo también lo creo. Nos llevamos de maravilla, pero hay algo entre nosotros que indica que no somos simples amigos, sino algo más. Y yo lo noto.
Liam- Pásame el trapo, por favor.
No me había dado cuenta de que estaba a mi lado. Estaba demasiado inmersa en mis pensamientos como para pensar en otra cosa. He llegado a fregar los platos y cubiertos sin mirar, y sorprendentemente están bien limpios. Un aplauso para Sam. Tengo las manos heladas del agua del grifo fría. Cojo el paño que tengo a mi izquierda y se lo paso. Al entrar en contacto con su mano mi piel se alivia. Tiene la mano caliente. La mía parece un trozo de hielo a su lado. Permanezco así un par de segundos, observando nuestras manos. Pero retiro la mía al darme cuenta de que él también las mira. Me dice gracias por lo bajo y yo me seco las manos con el otro trapo. Son las cuatro de la tarde y no tengo sueño. Normalmente me echo la siesta, pero hoy no tengo ganas. Así que me siento en el sofá y enciendo la tele. Comienzo a hacer zapping hasta llegar a algo interesante. Están dando una película. No tengo ni idea de cuál es, pero he tenido la suerte de que acaba de empezar.
Liam- ¿Qué película es?
Me giro al oír su voz. No le he oído entrar al salón. Se sienta a mi lado apoyando el codo en el brazo del sofá. Observo la pantalla para ver de qué va. Aparece el título en la pantalla: "50 primeras citas". Seguro que va de un tío que se lía con todas las chicas que se encuentra por el camino. Segurísimo.
Liam- Ésta película te va a gustar.
¿La habrá visto? Supongo que sí, sino no lo diría. Y es que mi primera impresión es de un ligón. A lo mejor es una película muy bonita. Quién sabe. No he de juzgar sin conocer, la veré. Liam se levanta y desaparece tras la puerta de la cocina. Oigo como se abren varías puertas y a continuación un zumbido. ¿El microondas? Entonces lo huelo. Está haciendo palomitas. Perfecto, huele a cine. Al cabo de un minuto Liam vuelve con un gran cuenco azul lleno a rebosar de palomitas. Me lo deja sobre el regazo y empiezo a picotear mientras observo la pantalla. Después de un rato viendo la película confirmo que me gusta. De momento solo se han conocido, pero es todo muy bonito. Se conocen en una cafetería, ella es una profesora de arte y él un biólogo marino. A él ella le llama la atención y busca la forma de acercarse a ella. Cuando ella se va está decidido a volver al día siguiente para verla de nuevo. Pero se lleva la sorpresa de que ella parece no reconocerle. Al informarse descubre que Lucy, la chica, padece una amnesia anterógrada, a consecuencia de un accidente. El resultado es que no tiene ningún recuerdo de nada que haya pasado entre el día del accidente y el presente, porque Lucy es incapaz de convertir la memoria de corto plazo a largo plazo. Por eso Liam me ha dicho que me gustaría. Me reflejo en ella, y me parece realmente triste. Aún así escucho atenta los acontecimientos. Henry, el chico, no se echa atrás al conocer su historia, en cambio se propone enamorarla de una forma distinta cada día.
Sin querer me apoyo en Liam y mantengo mi cabeza en su pecho. Necesito contacto, ésta película me resulta realmente triste. Él me susurra al oído que todo irá bien. Pero a mi me rompe el corazón ver que ella nunca le recordará. No quiero seguir viendo ésta película. ¿Por qué me ha hecho esto? Sólo me hace pensar que jamás le recordaré. Empiezo a gimotear lo más en silencio que puedo, no quiero que me oiga. Pero resulta ser un intento fallido, porque se da cuenta y me coge la mano, apretándola suavemente para calmarme. Más o menos funciona. Me he acabado las palomitas yo sola de los nervios. La película ha terminado. Y el final es tan feliz que rompo a llorar. Antes me daba pena, ahora me da envidia. Escondo la cara en el pecho de Liam. Parece no importarle que le llene de lágrimas, porque simplemente me acaricia el pelo y me susurra que no sucede nada. Claro que sucede algo. No le recuerdo y me duele en el alma, y ésta película me ha hecho darme cuenta, no es justo. Empiezo a hacer ruidos extraños porque lloro con más fuerza, así que Liam me obliga a mirarle a los ojos. Me mira con compasión. Sabe lo que sufro, parece que ésta es su forma de decirme que si no llego a recordarle no dejará de quererme. Esto me hace llorar todavía más.
Liam- Te voy a contar otra anécdota. Teníamos 5 años. Estábamos en la playa con nuestros padres. Tú aún nadabas con manguitos y yo te decía que algún día tendrías que despedirte de ellos. Tú te negabas pero al final te convencí de que ese sería el día. Así que nos deshicimos de los manguitos. Te agarraste a mis pequeños hombros con todas tus fuerzas y me dijiste que tenías miedo. Yo te agarré de las manos y te dije que movieras las piernas. Te pusiste tan nerviosa que saliste del agua con la excusa de que tenías hambre. Yo me quedé dentro y se me ocurrió una idea. Como nuestros padres estaban entretenidos hablando entre ellos y tú comías sentada en la arena, fingí que me ahogaba. Tú me oíste al primer grito y te lanzaste al agua sin pensártelo dos veces. Empezaste a nadar, a nadar y a nadar y cuando llegaste hasta mí empezaste a sacudirme. Yo empecé a reír diciendo que ya sabías nada y me pegaste una bofetada. Mereció la pena.
Al escuchar la historia he dejado de llorar. Es bastante gracioso. Lo que puede hacer la gente cuando le das un susto. Los escarmientos sirven para movilizar a las personas. Si no sucede algo no reaccionamos ante ello. Me cuenta pequeñas historias hasta que se hace la hora de la cena. Escucho cada una de ellas expectante. Río en los momentos cómicos y pongo cara de pena en los tristes. Pero cada una de esas historias Liam las cuenta con toda la ilusión del mundo, con añoranza. Como no tenemos mucha hambre no preparamos cada uno un sandwich y él continúa contándome historia sobre los dos. Hemos vivido muchas cosas. Se nos hacen las 22:30 cuando me entra el sueño. Empiezo a cerrar los ojos cuando estoy tumbada en el sofá.
Samantha- Liam, tengo sueño.
Liam- Pues vamos arriba.
Me coge de la mano para que no me caiga y subimos al piso de arriba. ¿Dónde voy a dormir? En el cuarto de dos camas, supongo. Pero Liam me suelta y entra para coger uno de los colchones. Puede con él sin problemas. Me hago a un lado para que pueda pasar y anda hasta su habitación para colocarlo al lado de su cama. Las sábanas están intactas. Yo cojo la almohada que ha caído por el camino y la dejo encima. De pronto caigo en algo, un detalle importante, al menos para mi.
Samantha- No tengo pijama.
Liam- No hay problema.
Se pone enfrente de su armario y abre las puertas de par en par. Rebusca entre los cajones hasta sacar una camisa demasiado enorme para mi. Es de béisbol. ¿Pretende que duerma con una camiseta suya? No voy a dormir desnuda, así que la acepto y me meto en el baño para cambiarme. Me quito los pantalones, la camisa y el sujetador y los dejo encima del lavabo. Me pongo la camiseta. Parece que llevo un vestido. Me llega por encima de las rodillas. Salgo del baño con mi ropa en la mano y la dejo en la silla del escritorio. Veo que Liam está tumbado en la cama de la otra habitación con su pijama ya puesto. Pensaba que iba a dormir yo ahí.
Liam- Qué guapa, te sienta mejor que a mi.
Le sonrío y me tumbo en la cama de Liam. Es realmente cómoda. Al reposar la cabeza en la almohada me doy cuenta de lo cansadísima que estoy. Necesito dormir. Pero me siento mal al ver a Liam durmiendo en el suelo. Ésta es su cama y yo la he invadido. Me asomo por su lado y veo que observa el techo. ¿En qué estará pensando? Daría lo que sea por saberlo. De pronto digo algo sin pensarlo.
Samantha- Duerme conmigo.
Liam- ¿Cómo?
Samantha- No quiero dormir sola.
Liam se pone en pie y yo le hago un sitio para que se tumbe. Al hacerlo me pasa el brazo derecho por la espalda y yo me apoyo en su pecho. Es un poco extraño, pero no me arrepiento de habérselo pedido. Noto cómo me da un beso en el pelo. Inconscientemente esbozo una sonrisa. Soy feliz.
Liam- Buenas noches, princesa.

martes, 28 de agosto de 2012

25. ACOSO.


Noto sus labios tan cerca. Noto cómo sonríe. Noto cómo sonrío. Es lo que quiero. Pero el mundo no parece quererlo. Porque entonces suena el timbre. ¿De verdad? Esto solo pasa en las películas. Pero nos ha cortado. Me separo de Liam que se levanta para abrir la puerta. Ruth y Johanna. En este momento no me alegro tanto de verlas. Si hubieran tocado un segundo después. ¡Un segundo después! Yo podría haber sido la chica más feliz del mundo si hubieran tocado un segundo después. Ahora estoy de piernas y brazos cruzados y con gesto enfurruñado.
Ruth- ¡Hola, mindangona! ¿Te has quedado otra vez fuera de casa?
Salamantha- Sí.
Johanna- Ruth, no la piques que muerde.
Las dos se ríen a carcajada limpia. A mi no me hace gracia. Liam se ha metido en la cocina para comprobar la pizza. Intento alegrar el rostro, pero me ha sentado muy mal que no haya sucedido lo que tenía que suceder. El mundo está contra mi. Espero que sea solo hoy. Me levanto del sofá y les doy un abrazo a cada una. Consigo sacar una sonrisa. Aunque no dura mucho.
Johanna- Si es que en el fondo nos quiere.
Tienen razón. ¿En el fondo? No, las quiero por todas partes. Y en cualquier momento. Aunque lo de ahora me ha molestado, ellas no tenían ni idea. Tampoco tenían por qué saberlo. Ha sido una rabieta tonta. No se merecen que las trate así. Además, no sé fingir. Les vuelvo a dar otro abrazo, ésta vez con verdaderas ganas. No quiero ser una estúpida. Al menos no con ellas. Porque hay un aquí presente que me obliga a serlo.
Ruth- Pero qué mona que se nos ha vuelto.
Samantha- ¡Calla!
Me río con ellas hasta que aparece Liam con una bandeja en las manos cubiertas por unas manoplas rojas. Viene rápido, se ve que quema. Nos hacemos a un lado para que pueda dejarla en medio de la mesa. Se quita las manoplas y se sopla los dedos. Nos indica que nos sentemos. Es una mesa redonda. Yo me siento donde la ventana. Ruth a mi derecha y Johanna a mi izquierda. Al ver que no hay cubiertos me levanto para ayudar a Liam.
Samantha- ¿Necesitas ayuda, Sr. de los Delantales?
Liam- Que sepas que es muy masculino. Anda, coge los vasos.
Eso sé dónde está. Abro el armario como me ordena y cojo cuatro vasos de cristal. Al coger el cuarto vaso cae algo a la encimera. Miro qué es. Parece una carta. Es una carta. Tiene algo escrito en boli azul. Me la acerco a los ojos para leer lo que pone. "Queridos papá y mamá". Es una letra de niño. Qué tierno, es una carta para sus padres. Giro la cabeza para ver si me mira. Pero está en el salón. No me creo que vaya a hacer lo que voy a hacer, pero cojo la carta y me la guardo doblada en el bolsillo. Luego la dejaré en su sitio. Lo prometo. Lo peor va a ser ocultarlo, así que mejor leerla cuanto antes.
Salgo de la cocina con la mano en el bolsillo y me encamino hacia las escaleras. Espero que no me vean. Que estén lo suficientemente entretenidos como para no percatarse de mi presencia. Venga, un par de pasos más. Están a espaldas de mi. A lo mejor no le dan importancia a mi desaparición, o a lo mejor están observando mis movimientos en silencio. Pero de lo que estoy segura es de que no me pienso girar para comprobarlo.
Liam- ¿Adónde vas?
Samantha- Em... Al baño.
Bien, se lo ha creído. Odio mentir, las mentiras me comen por dentro. Por pequeñas que sean me cuesta continuar una mentira. Son superiores a mi. Me duele mentir. Y todavía más mentirle a Liam. He encontrado algo que a lo mejor no quiere que lea, pero aún así estoy subiendo las escaleras para ir al baño. ¿Soy mala persona? Solamente es curiosidad. Pero la curiosidad mató al gato. ¿Debería dejarla donde estaba? Ya es tarde, me he encerrado en el baño y estoy sentada encima de la tapa del váter. No tiene importancia, es una simple carta que le escribe un buen hijo a sus padres. ¿Qué puede haber de malo entre esos renglones para que yo no lo pueda ver? Abro la carta con cuidado de no romperla y la saco para desdoblarla a continuación. Es corta y con bastantes faltas de ortografía.
"Queridos mamá y papá, quiero deciros que estoy harto de todo, harto de que se metan conmigo, harto de que me peguen. ¿Por qué me odian? Si yo no les he hecho nada. Solamente me tratan así porque soy diferente. ¿Tengo yo la culpa de haber nacido muerto y con un único riñón? Creo que no me merezco que me traten de esta manera. Estoy cansado del acoso y quiero irme de aquí. Quiero irme ya, y como sé que no váis a sacarme de aquí me iré yo por mi cuenta.
Os quiero, Liam."
Sin querer derramo un par de lágrimas sobre la carta y las intento secar con la camiseta. Esto es muy triste. Me esperaba una carta que dijera que les quería mucho y que gracias por todo. ¿Pero esto? Ahora sí que me arrepiento de haberme entrometido. Esto me pasa por cotilla. ¿Sólo tiene un riñón? Eso significa que ha pasado por muchos tratamientos durante toda su vida. Estoy llorando como un bebé. Por eso a él le acosaban también. Por eso se metían con él. Tengo ganas de cruzarle la cara a cada uno de ellos. Decirles a todos que es imposible odiar a un chico tan dulce que después de todo lo que le han hecho sigue llevando una sonrisa dibujada en la cara. Él nació sin un riñón, pero parece ser que hay gente que nació sin corazón.
Salgo del baño a la vez que me seco las lágrimas. Bajo las escaleras con lentitud y oigo cómo ríen los tres. Yo me he venido abajo con la carta. Ahora me he dado cuenta de lo poco que sé de él. Que detrás de todas esas sonrisas habrá lágrimas. Lágrimas de dolor y sufrimiento. Me he compadecido de mí misma por haber tenido una infancia cruel, por padecer esta amnesia. Pero me siento una egoísta al no haberme parado a pensar que él también sufrió. Incluso más que yo. Él también estuvo en el accidente. Sufrió de forma diferente al pensar que yo podría haber muerto. Pero sufrió de todas formas. Me siento una estúpida. Ésta carta me ha abierto los ojos. Liam necesita más apoyo moral que yo. Se lo merece, y me tendrá ahí para siempre. Siempre que me necesite. Yo estaré allí. Y quiero que lo sepa.
Voy a la cocina para dejar la carta en su sitio y salgo con una sonrisa para sentarme. No han empezado a comer, me han esperado a que saliese del baño. Qué monos. Me siento en mi sitio y cojo una porción de pizza. Olía desde la planta de arriba. Su aroma me ha atraido con facilidad. Ahora me la llevo a la boca y le hinco el diente. Deliciosa. No me había dado cuenta del hambre que tenía. Al ver mi gesto de placer, Liam y Johanna empiezan a reirse de mi. Ruth está demasiado ocupada deborando su parte. Yo les sonrío con la boca llena y eso les hace reír todavía más.
Ruth- Bueno, ¿qué tal va el tema de "no recuerdo a mi mejor amigo"?
Johanna- ¡Ruth! No seas tan brusca...
No me ha ofendido para nada. Las cosas como son. La verdad es que es el primer día del juego, y simplemente me ha recordado pequeñas historias nuestras. Sinceramente no me han ayudado, pero las he escuchado como si fuera algo lejano, y lo he querido guardar dentro de mi baúl de recuerdos, de forma que parezca que nunca lo he olvidado. Quiero poder contar cómo nos conocimos sin que parezca que no me acuerdo. Y es que aunque no esté recordando, estoy aprendiendo. Y es mejor que nada. ¿No? De momento voy bien.
Samantha- No pasa nada.
Nos comemos la pizza entera en menos de lo que canta un gallo. Empezamos a hablar de cosas sin importancia, como de por qué los zumos de piña tienen que llevar uva. Y yo me quejo de que están demasiado dulces. Luego empezamos a hacer bromas y cambiamos la mesa por el sofá. Liam y yo nos sentamos en el sofá y Ruth y Johanna en los sillones. Sigo un poco trastocada por la carta, y la culpabilidad me está matando. No podré seguir mucho tiempo con la mentira. Sé que en cualquier momento lo voy a soltar. No sirvo para estas cosas.
De repente veo cómo Johanna se esconde entre el pelo de Ruth y le cuchichea algo al oído. Odio eso. Es de muy mala educación. O todos o ninguno. Secretos en su casa por favor. Johanna se separa y veo cómo Ruth ríe y asiente con la cabeza. ¿Qué traman? No me gusta como nos miran a Liam y a mi sucesivamente.
Liam- ¿Qué os traéis entre manos?
Johanna- ¿Nosotras? Nada...
Ese tono significa que van a hacer algo, porque empiezan a reírse. Liam se levanta con los brazos abiertos. Ruth y Johanna se cubren el cuerpo con los brazos, pero Liam encuentra la manera de poder hacerles cosquillas. Yo observo la escena desde mi sitio. Yo también quiero que me haga cosquillas. Al final Ruth le grita que pare que lo dirán. Entonces Liam vuelve a sentarse pero esta vez pasa su brazo por mi hombro.
Ruth- Pensamos que hacéis una bonita pareja.

lunes, 27 de agosto de 2012

24. SILENCIO.


Ese último comentario me ha dejado sin respiración. ¿Sabes esa sensación de que cuando tu madre te pilla haciendo algo que no deberías hacer, te sorprendes tanto que dejas de respirar por un par de segundos? Pues algo así. No me lo esperaba para nada. Me estaba hablando de sangre en mi boca. Eso no es algo bonito ni atractivo. Pero para gustos los colores. Oh, ¿qué digo? Es muy tierno. Le parezco adorable incluso llena de sangre. Poca gente es así. Mi madre tuvo razón al decirme que no lo perdiese. Definitivamente es de lo más valioso que tengo. Me alegro de haberle tirado el vaso de leche al crío ese hace 14 años. Si no fuera por él a lo mejor ni nos conoceríamos. Gracias, Jason Middle.
Caminamos en silencio hasta llegar a su casa. Dirijo la vista hacia atrás para observa mi casa. Suspiro con añoranza. Mi casita. ¿Seguro que estarán allí las llaves de la casa? Como las haya perdido fuera muero. No, no muero, no merecería morir. Me matarán. Mi padre con la seguridad es muy estricto. Una vez le dejamos unas llaves a mi tía y casi se muere de la inseguridad. No quería que nadie más tuviera las llaves de la casa. Le costó una vida darme las mías. Y si las pierdo explotará y me matará. Qué forma más triste de morir.
Cuando abre la puerta le quito la bolsa de las manos y la llevo hasta la cocina para dejarla sobre la encimera. Empiezo a sacar el contenido hasta vaciarla. Liam aparece apoyando un brazo en el marco. Coge la masa y la saca del plástico. Lo desdobla hasta que aparece una forma perfectamente redonda. Saco la harina de la despensa y hecho un poco sobre la encimera. Para que no se pegue. La esparzo bien y pongo la mesa encima. Cojo el tomate lo echo y con una cuchara lo extiendo. Ahora no sé qué hacer. Me giro para preguntarle a Liam pero al hacerlo empiezo a reirme.
Liam- ¡Eh, no te rías! No me quiero manchar.
Lleva un delantal verde con flores. Le queda precioso. Es impactante. Porque como le queda pequeño parece una cosa mala. No puedo dejar de reír. Con cara de enfado coge un puñado de harina y me la echa a la cara. Como me estoy riendo me entra en la boca y empiezo a toser. Pero aún así sigo riendo. Me miro en el pequeño espejo para ver cómo me ha dejado. Estoy más blanca que de costumbre. Me giro para devolvérserla, pero al girarme veo que me tiene cogida por la cintura. Este hombre siente pasión por mi cintura o algo por el estilo.
Liam- Si llevaras un delantal tan sexy como el mío, jamás te habría pasado esto.
A continuación me da un beso en la frente y me suelta para coger el orégano. ¿Véis? A esto me refería. Muy amable, muy tierno y todo eso. ¡Pero es muy picarón! Y me hace gracia, porque no le pega mucho con lo que aparenta ser y cuando lo conoces te llevas una sorpresa. Una grata sorpresa. Por lo que a mi respecta.
Empieza a echar orégano poco a poco y luego abre una lata de atún para echarla por encima. Al ver que falta le doy otra lata con un: "Si es que me necesitas" y me recompensa con una de sus sonrisas. Cojo el paquete de queso y se lo lanzo. Él lo coge sin problemas, y eso que mi puntería es baja tirando a mala. Podría haberlo lanzado por la ventana perfectamente. Hoy tengo un buen día. Empiezo a cantar una cancioncita que se me acaba de venir a la cabeza.
Samantha- "Give you this, give you that, blow a kiss, take it back, if I look inside your brain..."
Liam- ¡Eh! Si es "I want".
Samantha- ¿Y de quién es?
Mi pregunta parece dolerle. Odio cuando pone cara de tristeza, porque no sé si está triste de verdad o lo hace para confundirme. Y definitivamente me confunde. Vuelve la cabeza hacia la pizza y le oigo susurrar: "Es de One Direction". ¡Ah! Es verdad, no me acordaba. Lo que no consigo comprender es por qué ha reaccionado así ante mi pregunta. A lo mejor es que es un grupo que le gusta mucho a él. No tengo ni idea. La verdad es que lo dudo, la mayoría de Directioners son chicas. Y Liam no parece un fanático de éstas cosas. Aunque todavía no sé por qué les conoce. ¿Serán amigos? Sea lo que sea no me lo ha explicado, y espero que forme parte del juego.
Liam- Bueno, ¡al horno!
Ya vuelve a estar como antes. No sé si se ha olvidado del tema o si le ha dolido de verdad y lo ha dejado a un lado. No tengo la menor idea. Coge la pizza y la pone en una bandeja. Veo que le ha añadido tápenas. Genial. Mete la bandeja en el horno y pone una temperatura que desconozco. 175 grados, creo. Veo que se quita el delantal y vuelvo a reirme. Eso me recuerda que no me he quitado la harina de la cara, así que me acero al fregadero y me limpio como puedo. Vuelvo a mirarme en el espejo. Más o menos. Me seco la cara con un paño y voy al salón donde se encuentra Liam. Está sentado en el sofá escribiendo algo con el móvil.
Samantha- ¿Qué haces?
Liam- ¿Eh? ¡Ah! Le estoy diciendo a Ruth que pueden venir.
Me siento a su lado en el sofá. No está encendida la tele. Tampoco tengo necesidad de encenderla. El silencio me relaja. La gente odia el silencio incómodo. Pero a mi no me resulta nada incómodo. Es como una pausa. Un descanso. Liam deja el móvil en la pequeña mesa que hay entra la tele y el sofá, al lado de un par de revistas sobre ordenadores. Miro hacia el infinito. Estoy divagando. Pensando en lo que está sucediendo. Y solo puedo pensar en que es todo bueno. Hay que aprovecharlo. Tengo la sensación de que voy a perder a Liam en cualquier momento. Tengo la sensación de que se va a ir de mi lado. Para no volver. Odio ésta sensación, quiero que se quede conmigo para siempre. Dejo de lado mi empane mental para observarle en silencio. Quiero abrazarle y que me abrace. Quiero tenerlo para mí sola.
Liam- Eh, ven aquí.
Ahora estoy al cien por cien segura de que me lee la mente. ¿Cómo lo hace? No rechazo el abrazo que me ofrece. Me envuelve entre sus fuertes brazos. Apoyo la cabeza en su pecho y noto cómo respira. Sube y baja. Me relaja. Me hace cerrar los ojos pero mi cerebro les ordena que se mantengan abiertos. Deben presneciar este momento para recordarlo.
Empieza a jugar con mi pelo, haciendo rizos que se deshacen en cuanto los suelta. Yo cojo su mano derecha y la junto con la mía. Su gran mano puede con mi pequeña manita. Ahora noto cómo me da pequeños besos en la cabeza. Es demasiado dulce. ¿Demasiado? No, es perfecto. Es un momento perfecto con un chico perfecto. Estoy decidida a que no quiero que sea mi amigo, quiero que sea algo más. Pasase lo que pasase en el pasado. Sé lo que quiero ahora. La timidez o el miedo podrán conmigo, estoy segura. Pero haré lo que sea para intentarlo.
Ahora me da besos en la oreja. Pequeños besos, como caricias. Llega a mi mejilla y entonces le miro. Miro a esos ojos castaños que desprenden calor. Confianza. Todo lo que necesito. Lo tiene todo. No pido más. Solo a él. Le quiero a él. Veo cómo entrecierra los ojos y empieza a acercarse. Antes de que pase un segundo realizo el mismo gesto. Siento su respiración. Tan cerca, pero a la vez tan lejos. 

domingo, 26 de agosto de 2012

23. TORPEZA.


Samantha- ¿Qué? Pero si son las 11:30.
Miro mi reloj para volver a comprobarlo. Y estoy en lo cierto. Efectivamente son las 11:30. ¿Se ha vuelto loco? Su personalidad me abruma. Es un chico sensato, pero a la vez está tan loco. Es bastante desconcertante. A lo mejor quería decir 'desayuno'. O lo he oído mal. Pero es que se está riendo. Me siento tonta.
Liam- Bueno, pero seremos cuatro personas, habrá que ir empezando, ¿no?
¿Qué cuatro personas? Si mis padres se han ido. Este chico se ha propuesto ponerme de los nervios. Y lo está consiguiendo. ¿Siempre habrá sido así? Aparenta ser un chico tranquilo. Pero se ve que cuando coge confianza no hay quien lo pare. La primera impresión cuando le ví en el hospital fue que era muy protector. Y lo es. Pero es muchas cosas más. No se puede definir a Liam Payne con un único adjetivo. Prácticamente imposible. Es gracioso. Es cariñoso. Es amable. Es pícaro... Es perfecto. Espera un momento. ¿Me estoy enamorando? No dejo de pensar que es fantástico. A lo mejor ya antes estaba enamorada de él. ¿Y si es una de las cosas que estoy recordando? A lo mejor recuerdo que le quiero. Quizás es eso. ¿Y yo a él le gusto? No pienso preguntarle. Es algo muy atrevido. Que suceda lo que tenga que suceder.
Samantha- Me harías un favor si empezaras por el principio.
Liam- Hoy Ruth y Johanna van a comer con nosotros. Y tenemos que preparar algo decente. ¿Qué tal una pizza? Tendremos que ir a comprar.
¿Y por qué no ha empezado por ahí? ¿Pero es que cuánto se tarda en hacer una pizza? No tengo ni idea de cocinar. ¿O sí? Parezco idiota. ¿Por qué me siento tan tonta? A lo mejor lo soy. Pensaba que era una persona sensata y con las ideas claras. Pero es que con este chico no soy normal. Él es el culpable de mi inmadurez y mis sonrisas tontas. Definitivamente creo que me estoy enamorando. Cuando se levanta para recoger las cosas y se muerde el labio inferior me rompo. ¿Cómo puede ser tan así? Aún no me creo que este chico recibiera acoso escolar. Es imposible. ¡Pero si es un encanto!
Samantha- Me vas a volver loca. Vamos.
Me levanto y cojo la cesta de chuches. Al momento la vuelvo a dejar en el césped para ayudar a Liam a doblar la manta de picnic. Me indica cómo debo mover las manos y qué esquinas debo doblar. Lo hago con bastante torpeza, pero él me sigue ayudando. Cuando ya queda doblarlo una vez más nos quedamos cara a cara. Él y yo. A escasos centímetros. Con él me siento más bajita de lo normal. Me siento pequeña. Como un cachorro. Como si él pudiera protegerme de cualquier cosa. De todo. Increíble lo que puedo experimentar con una mirada suya.
Cojo de nuevo la cesta y él lleva la mantita y la bolsa. Yo le digo si quiere que lleve la manta, pero él dice que ya llevo demasiado peso. Qué caballero. Llevo la mano izquierda al bolsillos de mi pantalón para coger las llaves. No están. Busco en el derecho. Mismo resultado. ¿Dónde están? Creo recordar habérmelas guardado en los bolsillos del pantalón. Miro en los bolsillos traseros. Nada. ¿Qué he hecho con ellas? Dejo la cesta en el suelo y busco con la vista en el césped. Quizás se me calleron cuando me senté en la mantita. ¡La mantita!
Samantha- Sacude la manta. He perdido las llaves.
Liam- Tan despistada como siempre.
Después de su comentario desdobla la manta y la sacude. Nada. Vuelvo a buscar con la mirada. Esta vez de cuclillas. Empiezo a ponerme nerviosa. No puede ser. Mis padres no vienen hasta el lunes de la semana que viene. ¿Dónde voy a dormir? ¿Dónde voy a vivir? Oh, Dios. ¿Qué voy a hacer? Al menos tengo el móvil. Algo es algo.
Samantha- Oh, ¿qué hago? Mis padres no vuelven hasta el lunes.
Liam- No pasa nada. Quédate en mi casa hasta que vuelvan.
¿Quedarme en su casa hasta el lunes? Es un poco extraño para mi. Me incomoda la situación. Pero por otro lado. Llevamos siendo amigos desde los 4 años. A saber cuántas veces hemos dormido uno en casa del otro. Y aunque para mi tenga otro significado, he de ser como antes. Es algo normal que me invite a dormir a su casa. Además. ¿Adónde iría si no? La casa de mi abuela está muy lejos. E ir a casa de Johanna o Ruth sería lo mismo. ¿Qué más da? Es mi amigo. Me quedaré en su casa. Aunque con sus padres resultará un poco extraño.
Samantha- De acuerdo. Pero, ¿no tendrás que preguntarle antes a tus padres?
Liam- Mis padres se han ido de viaje a Escocia. No hay nadie en mi casa.
Esto me resulta más incómodo todavía. ¿Él y yo solos en su casa? ¿Y luego qué? Me voy a poner de los nervios. Mentira. ¡Estoy de los nervios! Me va a matar. O le mataré yo. O me muero. Tantas decisiones van a poder conmigo. Me estoy volviendo loca. ¡Si ya había acordado conmigo misma que no me iba a poner histérica! Se ve que es algo natural y no lo puedo evitar. He de tranquilizarme. Respira Sam, respira. Inspira... Espira... Inspira... Espira... Mucho mejor.
Samantha- De acuerdo... ¿Vamos a dejar esto?
Liam asiente con la cabeza y se dirige hacia su casa. Yo voy detrás de él con la cesta en los brazos. Está tan a reventar de chuches que pesa más que yo. Se ha pasado con la gracia. Aunque se agradece que se haya molestado tanto. A saber cuánto tiempo lleva esperándome fuera. Porque hoy me he levantado tarde y sé que él sabe que yo soy muy madrugadora. Quizás lleve dos horas en mi jardín. Pero no parece quejarse. Se saca las llaves del bolsillo y abre la puerta. Se hace a un lado para que entre yo primero y cierra la puerta a mis espaldas. Me acero a la pared para darle al interruptor y darle luz a la sala. Mejor. Dejo la cesta en la mesa del comedor y entro en la cocina.
Liam- ¿Qué haces en la cocina?
Samantha- Tengo sed.
Abro la nevera y saco una botella de agua. Me giro para observar los armario pensando dónde pueden estar los vasos. No lo recuerdo. Camino para acercarme y abro el primer armario. Bingo. Cojo el primer vaso que pillo y lo dejo sobre la encimera. Me lleno el vaso hasta arriba y me lo bebo todo de un trago. Ese zumo me ha dado más sed de la que tenía. Guardo la botella en su sitio y dejo el vaso en el fregadero. Cuando salgo al salón no veo a Liam. ¿Dónde se ha metido?
Samantha- ¿Liam?
Liam- ¡Estoy arriba!
Me dirijo hacia las escaleras guiada por su voz. Subo rápidamente los peldaños hasta llegar al primer piso. Es un largo pasillo con cuatro puertas. Miro a la derecha. Un baño. A la izquierda. Una habitación con dos camas. Dudo que sea el cuarto de Liam. Camino hacia delante observando los cuadros que cuelgan de las paredes hasta llegar a la siguiente puerta. Me encuentro a Liam escarbando entre los cajones de lo que parece ser su habitación. ¿Qué busca? De pronto le veo con un puñado de billetes y monedas.
Liam- Necesitaremos dinero para comprar, ¿no crees?
Salimos de su cuarto y bajamos las escaleras. Ahora él va detrás de mi. Le hago sitio para que abra la puerta y me indica con la cabeza que salga. Al salir observo que en el árbol hay un intento de columpio. Se ve que es un buen manitas. Sin querer suelto una carcajada. Espero que no me haya oído. Giro para comprobarlo y tengo suerte. Está cerrando la puerta con llave.
Samantha- Estoy segura de que ir a comprar me va a ayudar a recordarte. Segurísima.
Liam- ¡Oye! No dudes de mis dotes. Te curaré.
Empiezo a reír. Él corre tras de mi hasta alcanzarme y me coge por la cintura. Caminamos así hasta la siguiente manzana, donde se encuentra el supermercado. No, no es la manera más cómoda de llegar hasta allí. Pero es posiblemente de las más divertidas. No he parado de reír en todo el camino. Antes de que me suelte le doy un beso en la mejilla. Mi gesto le hace sonreír. Y automáticamente sonrío yo. Parece ser que mi felicidad se basa en él. Y es desconcertante, porque no sé prácticamente nada sobre él. Y me frustra. Odio la amnesia, quiero que todo sea como antes. Aunque no recuerde cómo era antes estoy segura de que era perfecto.
Entramos al supermercado no sin antes coger un carro. Liam lo conduce por los pasillos. Paramos donde los comestibles. Tendremos que coger la masa de pizza, y luego los ingredientes... No sé de qué quiere hacer la pizza.
Liam- Dato curioso: Odias el queso, salvo en la pizza.
Samantha- ¿Y cuál es mi pizza favorita?
Liam- La de atún. Y la vamos a hacer de atún.
Coge un paquete de masa para pizza pero antes de meterlo en el carro mira la fecha. Hace un gesto de afirmación con la cabeza y lo introduce. Al levantar la vista veo que se le ilumina la mirada. Está mirando detrás de mi. Me giro para ver qué mira. Pero solo veo a una abuelita cogiendo un paquete de galletas. Al girarme para preguntarle veo que se ha alejado con el carro. ¿Qué pretende? Veo que me sonríe. Al percatarme de lo que quiere hacer me aparto a un lado. Y entonces coge carrerilla. Corre, corre y se sube al carrito. Se desliza hasta la punta de refrigeradores parando en seco. Se baja y vuelve hasta donde me encuentro.
Liam- Lo siento, me hacía ilusión.
Samantha- No pasa nada, pero avisa cuando pienses hacer una tontería.
Liam- ¡No! Bueno, lo he utilizado de excusa para contarte una anécdota: Cuando teníamos unos 6 años, más o menos, nuestros padres hicieron una cena, y nos llevaron con ellos aquí para comprar las cosas. Ellos cogieron un carro y nosotros otro, porque nos hacía ilusión. Empezamos a meter todo lo que veíamos hasta llenarlo. Y a tí se te ocurrió la gran idea de deslizarte por el pasillo con el carro. Nos montamos uno a cada lado y empujamos hasta coger velocidad y nos dejamos llevar. ¿El problema? Cómo no, volcamos. El carro calló de lado con todo lo que tenía y nosotros acabamos en el suelo llorando y riendo. Yo con sangre en el codo y tú con un tobillo torcido. Fue un momento que jamás olvidaré.
Samantha- Fui una niña masoca.
Buscamos un paquete de atún donde las conservas y lo echamos junto a la mesa. Cogemos el queso y un bote de tomate y nos ponemos en la cola. Yo observo de lejos una pequeña heladería. Quiero helados. Miro a Liam y sabe al instante en lo que estoy pensando. Me saca la lengua y me sonríe. Eso es que vamos a comprar helados. Llega nuestro turno y la chica, que es una antipática nos contesta con monosílabos. Ni un simple gracias por la compra. Le digo 'simpática' por lo bajo para que no me oiga. Odio a la gente que es tán apática. Dejamos el carro y Liam coge la bolsa. Salgo por la puerta maldiciendo a la cajera y siento que Liam no va a mi lado. Me giro y veo que se ha parado. Me mira con añoranza. Tuerzo la cabeza en señal de que nos vayamos.
Liam- Espera, me acaba de venir una cosa a la memoria: Teníamos 5 años. Estábamos jugando en el parque. Mis padres me habían comprado un patinete por mi cumpleaños y lo llevé para enseñártelo. Tú no parabas de decirme que te dejase montar, pero yo te decía que no para chincharte. Llegó un momento en el que pareció que te enfadaste de verdad. Así que te lo dejé. Te fuiste lejos, yo te veía patinar. Se te daba bien, hasta que de pronto a lo lejos ví cómo te caías. Fuí corriendo hasta donde te encontrabas para ver si te había pasado algo. Cuando te giraste llevabas la boca sangrando y llevabas un diente en la mano.
<<Samantha- ¡Mira, Liam! Por fín se me ha caído el diente.>>
Samantha- Oh, Dios mío. ¿Puedo ser más torpe?
Liam- Entonces empezaste a reírte como una loca. No llorabas. Sólo sonreías, con la boca llena de sangre. Y ahí fue cuando me enamoré de tu sonrisa.

viernes, 24 de agosto de 2012

22. VALENTÍA.


Llevo unos diez minutos despierta. Y en estos diez minutos no he apartado la vista del techo de mi cuarto. Dubitando. Dubitando sobre cosas que se me olvidan al instante de la poca importancia que tienen. Mis padres se fueron ayer por la noche a pasar el fin de semana en casa de mi tía Jenny. Me dijeron que si me quería ir con ellos, pero les dije que no tenía muchas ganas. La verdadera razón es que no quiero perderme el juego que había ideado Liam. Estoy ansiosa por saber qué cosas voy a descubrir y de qué manera. No sé si comenzaba hoy o mañana, pero la ilusión no me la quita nadie.
Decido que es hora de levantarse. Hoy he dormido más de la cuenta. Algo extraño en mí. Vuelvo a mirar el reloj, son las 10:12. Me desperezo y me pongo mis zapatillas. Camino hasta la ventana que da al jardín delantero para subir la persiana. Arrastro los pies hasta la puerta mientras me rasco la barriga. Al abrirla y dar un paso hacia delante piso algo que no es el acostumbrado suelo de madera. Agacho la mirada y me pongo en cuclillas para recoger lo que parece un post-it. Tiene dibujada una flecha. Miro a ambos lados del pasillo y veo que a la derecha hay una fila de post-it's que me llevan hasta la escalera. ¿Es parte del juego?
Sonrío para dentro y corro rápidamente al baño para arreglarme. Me peino el pelo con rapidez y me hago una cola alta. Me encanta hacerme coletas. Me dirijo de nuevo a mi habitación y me quito el pijama para cambiarlo por unos pantalones vaqueros cortos y una camiseta verde de tirantes lisa. Me pogo unas sandalias blancas y verdes y salgo al pasillo.
Las notas permanecen como estaban. Sigo divertida la pequeña fila que me conduce hasta la escalera, en la que en cada peldaño se encuentra otro post-it. Cada uno de un color diferente. Pero todos con la misma flecha dibujada. Desde lo alto de las escaleras observo el bajo. Cuando las notas llegan al suelo dan una vuelta en torno al sofá y acaban en la puerta. ¿A quién se le ocurre? Bajo las escaleras con rapidez y precisión y cuando llego a la puerta principal paro y abro suavemente. Asomo la cabeza para ver si me espera algo y efectivamente. Me encuentro a Liam sentado con las piernas entrecruzadas en una pequeña mantita de picnic. Lleva una camiseta de manga corta con las mangas azules y unos pantalones negros con unas converse blancas. En las manos lleva una taza y una tetera.
Liam- ¡Buenos días! ¿Un té?
Me siento enfrente de él y acepto el vaso que me ofrece. Le doy un pequeño sorbo. Está justo en el punto de azúcar. Delicioso. Mi cara de felicidad hace reír a Liam. Se sirve un vaso a él y abre la cesta que nos separa. En ella hay miles de chucherías. De todos los colores y formas. Cojo asombrada una pequeña bolsa de gominolas con forma de osito de distintos sabores. Tienen buena pinta. Miro de nuevo en la cesta en busca de otros alimentos. Pero solo hay chuches. ¿Es este mi desayuno? Contemplo de nuevo la bolsita que sujeto. La abro lentamente hasta que consigue un pequeño hueco en el que pueden adentrase mis dedos.
Liam- Esas son tus chuches favoritas. Ositos de Haribo. Come una.
Cojo la primera que alcanzo. Rojo. Me lo llevo a la boca y degusto su dulzura. Están de muerte. Entonces lo recuerdo. Miles de tardes comiendo bolsas enteras como la que sujeto. Dirijo la mirada hacia la cesta y observo esas regalices rojas y negras que tanto me gustan. Todas esas piruletas de sabores. Incluso encuentro un par de barritas de chocolate. Es como una pequeña cesta repleta de felicidad. Cuando alzo la mirada veo que Liam me mira con una sonrisa. Le ofrezco un osito de mi bolsa y él alarga la mano para cogerlo. Cuando nuestras manos se unen siento un pequeño escalofrío. Tiene la mano caliente, mientras que la mía está congelada. Me gustaría dejarla así hasta que entrase en calor. Pero Liam retira la mano para llevarse la chuche a la boca.
Samantha- Me gustan tus juegos. Deberíamos jugar más a menudo.
Mi comentario le hace reír. En cuanto suelta una carcajada mi corazón empieza a latir con rapidez. ¿Pero no éramos amigos? ¿Por qué me siento como si fuera algo más? Serán cosas mías. Intento calmarme comiéndome otro osito de gominola. Somos amigos. Nada más. Únicamente estamos haciendo cosas que hacen todos los amigos. Desayunar en medio del jardín chucherías. Es normal, ¿no? ¿A quién pretendo engañar? Mejor olvidarlo.
Liam- Y eso que esto es solo el principio.
Samantha- Por cierto, ¿éste va a ser nuestro desayuno? Porque no parece muy saludable.
Liam- ¡Oh! No, era mi manera de recordarte lo obsesionada que estás con las chucherías.
Liam se gira y saca una bolsa que no había visto antes. ¿Ha estado ahí todo el rato? Las gominolas me han cegado por completo. Liam abre la cremallera y saca una caja de galletas con pepitas de chocolate. No son caseras, pero tienen muy buena pinta. A continuación saca un par de zumos. Ambos de melocotón. Cojo uno y abro el tapón para darle un sorbo. Está demasiado dulce, muy industrial para mi gusto, pero lo acepto a regañadientes. Liam parace darse cuenta, porque se disculpa al ver mi expresión de resignación. Abre el paquete de galletas y me ofrece una. La cojo y la deboro con rapidez. Estoy hambrienta. No me había dado cuenta hasta ahora. Estaba demasiado perpleja ante los acontecimientos. Sabía que íbamos a jugar, pero nunca pensé que así.
Samantha- Bueno, ¿qué me vas a contar en este Día 1?
Liam- Empezaré desde el principio. Te voy a contar la historia de cómo nos conocimos.
Me parece un buen comienzo. Está bien eso de comenzar desde el principio. Miro a la calle y hasta el momento no he pensado que pudiesen pasar más personas por aquí. He centrado mi mundo en nosotros dos. Pero es que hay gente mirándonos, y no me extraña. ¿Qué hacemos montando un picnic en medio del jardín? Tampoco es de su incumbencia, así que no le doy importancia. Me centro de nuevo en Liam.
Samantha- Adelante.
Liam- Teníamos 4 años. Yo siempre te veía en los patios. Aunque no sabía tu nombre. Ibas a la otra clase. Eras igual que yo, no tenías amigos. Nadie te hablaba y si lo hacía era para meterse contigo. Estuve pensando en hablar contigo algún día, pero la timidez me comía. Un día. En el patio, a la hora del almuerzo, el matón de mi curso: Jason Middle, me lanzó un batido de chocolate a la cabeza. Y acertó de lleno. Yo no iba a decirle nada, porque sabía por experiencia que no merecía la pena. Iba a ir al baño a lavarme, pero de repente oí a alguien gritar el nombre de Jason. Eras tú. Tú fuiste al medio del comedor a gritarle a Jason que me dejara en paz. Yo me acerqué de nuevo porque estaba anonadado ante tu valentía. Jason dijo: "¿Es que ahora tiene que venir tu novia a defenderte?" Y en cuanto terminó de formular la pregunta le tiraste a la cabeza el contenido de tu vaso de leche. Antes de que pudiera reaccionar me cogiste de la mano y me llevaste corriendo detrás de un árbol. Donde nadie nos encontraba. Aún recuerdo la conversación:
<<Liam- ¿Sabes lo que acabas de hacer?>>
<<Samantha- Claro que sí, no podía permitir que ese niñato te volviera a machacar.>>
<<Liam- Gracias.>>
<<Samantha- De nada. Por cierto, ¿cómo te llamas?>>
<<Liam- Me llamo Liam, ¿y tú?>>
<<Samantha- Yo me llamo Samantha, pero llámame Sam>>.
Samantha- Vaya...
Liam- Se podría decir que ese fue el comienzo de una gran amistad.
He escuchado cada palabra que salía de su boca con espectación. Creo que no he cerrado la mía durante toda la historia, porque la noto seca al volver en mi. ¿En serio yo fuí así de valiente? ¿En verdad yo soy valiente? La historia no me ha recordado nada. Pero por fín puedo decir que sé cómo comenzó todo. Este juego no me ayuda a recordar,pero me está enseñando cosas para seguir adelante. Es mejor que nada. Aunque es algo raro tener que oír tu historia de forma totalmente desconocida.
Samantha- Más, cuéntame más.
Estoy ansiosa por saber más cosas, cómo supimos que vivíamos uno en frente del otro. Cómo empezamos a juntarnos. Quiero saberlo absolutamente todo.
Liam- Lo sabrás todo. Todo cuando me prepares la comida.